Naturaleza muerta

still life 7

El cine chino está de moda en los festivales europeos. Sólo hace falta ver el premio que recibí “Black Coal, Thin Ice” en la Berlinale o el impacto que tuvo Jia Zhang-Ke en el festival de Cannes, recibiendo el galardón a Mejor Guión en Cannes el año pasado. Sin embargo, hay que decir que, de la nueva generación, Zhang-Ke es quien merece una distinción particular.

De la nueva hornada, Zhang-Ke es quien más está sabiendo destacar. Sin embargo, la obra que directamente le sirvió de catapulta al reconocimiento crítico fue “Naturaleza muerta”, la cual recibió un León de Oro en Venecia el año 2006. Una lección en la cara de los Boyero, Jordi Costa y demás, que olvidaron siquiera hacer una crítica en pleno festival.

La verdad es que la cinta es a veces un retrato muy duro y otras uno más blando. Sin embargo, la nostalgia y la sordidez abundan en una película donde la búsqueda estará a la orden del día. Por un lado está la historia de una enfermera; por el otro, la de un minero que quiere ver a su hija. Todo ello bañado por el sueño de la Presa de las Tres Gargantas, un proyecto megalítico del gobierno chino que trataba, literalmente, de ahogar a la gente de Fengjie en la más profunda de sus miserias.

Lo que más se le agradece a la cinta es su tono. El director saca un drama afincado en su provincia y cuenta la crudeza que hay detrás de él, pero ese es marco (y a la vez espejo de la sociedad china de la época) para las relaciones entre dos parejas separadas por años de tiempo. Sin embargo, el guión rezuma realismo y no trata de buscar sentimentalismos. De hecho, apenas hay banda sonora, y la poca que hay tiene parte extradiegética, Eso ya habla mucho de una cinta que se preocupa de los dos hechos importantes: la atmosfera y la historia de cada uno de sus protagonistas.

Otra cosa que habla muy a favor del director es la utilidad de sus planos, muy largos en su mayoría pero también muy efectivos. Hay algún que otro travelling, más de un fuera de plano y abundan las escenas con muchas personas en escena, ilustrando esa China donde el gobierno abandona a sus ciudadanos con tal de hacer creer a todo el mundo que ha evolucionado. Y qué mejor que ver el nuevo puente que el marido de Shen Hong inaugura (casi por capricho) en una ciudad que está tan condenada como las vidas de sus habitantes.

Con “Still Life”, Jia Zhang-Ke hace un retrato crudo de la China de los últimos años, aquellos anteriores a que empezara a emerger en el mundo. Y el director de Fenyang saca una imagen sórdida, deprimente y condenada de una sociedad que ve a sus ciudadanos como sacrificios para el crecimiento del gigante asiático. Y sus personajes, mientras tanto, intentan asomar la cabeza por un mundo que les ha oprimido en algún lugar de su corazón.

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