Películas a Rescatar 2-Cyrus

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Quizá sea demasiado atrevido, pero me voy a tirar a la piscina: Los hermanos Duplass son un aire fresco en la nueva comedia americana. Acaban como quién dicen de empezar, pero ya han sido capaces de imprimir un sello personal en sus películas y ofrecer un pequeño soplo de aire fresco al panorama. Que no os engañe la secuencia inicial, la película no es ni mucho menos la enésima película basada en humor pueril o zafio.

Cyrus es una película que podría ser calificada de intimista, como En Jeff y los suyos, los personajes principales son pocos, en este caso es sobretodo a partir del trío principal sobre la cual se desarrolla la historia. Son personajes que se ganan nuestra confianza fácilmente, están alejados de los estereotipos y acostumbran a estar mal vistos por la sociedad en general, aunque viven en ella porque les ha tocado, acostumbran a estar en constante conflicto con ella (la secuencia inicial de la fiesta es bastante reveladora en este sentido). El personaje de Reilly ha fracasado en muchos aspectos de su vida, pero también Jonah Hill (un adulto que sigue viviendo como un niño) y Marisa Tomei (una madre que no es capaz de superar su ruptura y que se desvive por su hijo ya adulto). Será por esto, y por la pátina de amabilidad que destilan en el fondo (las lágrimas de Hill no tienen precio) por lo que consiguen ganarse un hueco en nuestro corazón a pesar de la aparente capa de Freaks que pueda parecer en un primer momento.

Y es que Cyrus trata un tema universal, el argumento es minimalista y sencillo, mil veces visto, pero con una mirada personal. Jonah Hill interpreta un hijo celoso que hará lo imposible para dinamitar la relación entre su madre y un nuevo conocido. Pero sucede de manera que sabe discurrir de los tópicos fáciles y contiene algunos diálogos que destilan un humor agradable pero nostálgico a la vez. De aquellos que le dejan a uno una sonrisa tonta.

Formalmente los hermanos Duplass también tienen una personalidad (que puede gustar más o menos, pero que está ahí). Abusan del zoom (para delante, luego para atrás) para seguir a sus personajes y no cortar la escena como sería lo fácil, sino que mantienen unos segundos más, para de repente cambiar de plano rápidamente, con un montaje pues, irregular. A veces da resultado pero en otras corta un poco la fluidez de la película. Negativamente también decir que hay transiciones musicales que no acaban de funcionar y que caen un poco en la sensiblería.

Ah, que no se me olvide Reilly, simplemente colosal, el alma de la película. Es capaz de dotar al personaje de un dimensión notable, con una veracidad muy humana.

Los hermanos Duplass también son unos grandes artesanos en la utilización de la música. La aprovechan para darle un sentido narrativo a la película, pero también para remarcar escenas más dramáticas (sin llegar nunca a la sensiblería barata). Y por supuesto, para elaborar una escena tan enorme como nostálgica, una de las secuencias iniciales, donde vemos al personaje de Reilly dándolo todo (el alcohol le ayuda, todo hay que decirlo) mientras suena de fondo la mítica canción ochentera, Don’t you want me de The Human League y conoce al personaje Interpretado por Tomei, todo una declaración de intenciones de los jóvenes directores.

Kyrios

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