Análisis Fílmico: Funeral en Berlín

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Mi nombre es Caine, Michael Caine.

Sí, las conexiones con el espía más famoso del Reino Unido son más que evidentes, no ya sólo en que los personajes guardan algunas relaciones muy significativas, sino que las tramas de las míticas peliculas de Bond tienen su particular eco en esta cinta. Evidentemente Caine pone de su parte para que la película sea algo más que una simple copia y la obra tiene una singularidad propia que la hace muy disfrutable. En realidad se trata de la continuación de la película Ipress, donde Caine también encarnaba al mismo agente. El agente Palmer.

La trama es típica de las películas de espías que florecían en aquellos años sesenta. Poca acción, tal y como la conocemos hoy en día (es decir, tiros, explosiones y desvaríos varios) y mucho enredo argumental. La frase clave sería juego de máscaras. Los personajes juegan a participar en un desfile de carnaval en el que sólo puede haber un ganador, el que mienta mejor y con más eficacia. Los personajes nunca descubren su auténtica dimensión, sino que constantemente tratan de ocultarla. Para que el juego de enredo se haga más eficaz harán aparición los claros elementos que forman parte del juego habitual del gato y el ratón, como es la Femme Fatale. Aquella mujer que tratará de seducir mediante su belleza a nuestro protagonista principal y que jugará para más de un equipo. También los amigos del alma demostrarán que a veces las apariencias engañan.

La pena es que la película seguirá unos derroteros que la convierten en un tanto previsible y anodina. La trama va dando vueltas y comportándose de manera camaleónica al igual que sus personajes, dando pocas pistas al espectador (como es habitual en las películas del estilo). Le falta punch, fuerza, un gancho definitivo que nos demuestre que no estamos ante algo ya visto.

La película pues, está cerca de ser una cinta típica de la saga Bond de los sesenta, pero en vez de Connery tenemos a un majestuoso Michael Caine que hará las delicias de sus seguidores. Otra vez consigue superarse a sí mismo y es que consigue crear un personaje icónico con apenas un par de gafas de pasta (jé) y una personalidad desquiciante y satírica que le viene como anillo al dedo. Es cierto que Palmer no es un agente Bond al uso, pues consta con una ética bastante singular (no es un mercenario al uso) y un agotamiento sobre la política que Caine es capaz de captar.

Guy Hamilton, el director, cumple acceptablemente, con alguna que otra secuencia interesante, como la persecución en el cabaret (rodada tal y como uno tiene en la cabeza antes de verla) o la secuencia inicial , que ya es una buena muestra de como introducir al espectador a la película.

5/10

Kyrios

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