Análisis fílmico: La escafandra y la mariposa

bauby

Hablar de Julian Schnabel es hacerlo de un director sin mucha suerte. Sólo tiene dos obras reconocidas medianamente por el público medio. Del resto, poco se sabe. No obstante, la mejor de sus piezas está quizás entre las mejores que puede haber, a mi gusto, del cine de la década pasada. O mejor bien dicho, la tengo como la mejor que he visto. Hablo de La escafandra y la mariposa.

Comentar filmícamente una película que vi hace tiempo no es fácil porque me cuesta distanciarme. No obstante, los detalles están tan impresos que podría hacer un análisis en cualquier momento y lugar. Pero antes de todo, se me olvida comentar de qué se trata esta película.

La pieza en sí trata de un hombre que lo tiene todo. El Señor Bauby es un hombre que lo tiene todo: una mujer que le adora, amigos fieles, un trabajo reconocido y una amante en quien depositar sus sueños y esperanzas. Vaya, la vida de todo un triunfador. Pero no obstante, hay algo que se trunca. En el caso del protagonista, sin embargo, es la peor de las calamidades: acaba de quedarse tetrapléjico. Bueno, no, peor que eso, porque sólo puede mover uno de sus párpados.

Recluso en su propia escafandra, así es como empieza la película. Viniendo de una novela completamente en primera persona, Schnabel toma el toro por los cuernos y hace un acto de genialidad: cámara en plano subjetivo y que la historia y los personajes fluyan alrededor de Bauby. La sensación de subjetividad, de estar en la piel del hombre, es completa. Todo pasa a su alrededor flotando, como un submarinista del siglo XIX. Quieto, sin hacer nada, ve su vida pasar.

Luego la película pasa a un nuevo derrotero, quizás el que más emociona a nivel argumental pero en el que quizás se pierde el rumbo artístico. Allí ya toma distancia para no sólo ilustrar de forma subjetiva a Bauby, sino también para enfocar la percepción del entorno sobre él. Eso profundiza en el camino que el personaje hace hasta bien entrado el final, haciendo que la película cobre otros matices. Sin embargo, se pierde en esa innovación y subjetividad que se llevaba en buena parte de la primera mitad. El final y las referencias líricas, no obstante, compensan esta desvinculación emotiva.

La película, a grandes rasgos, es una obra de innovación. A los que le gusten las historias más objetivas y crueles quizás les podría echar hacia atrás, pero es, como mínimo, un trabajo notable en su totalidad y un trabajo excelente en la primera mitad de la película. Para mí es una obra moderna que debería estar un poco más reconocida.

9’5/10

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