Los Procesos de Restauración de Metrópolis (2)

Metropollis

Una de las restauraciones más sonadas que ha recibido (o como según se mire, sufrido) la película fue la del 1984, realizada por un compositor musical de renombre llamado Moroder (ganador de dos oscars por su música en películas como Flashdance y el expreso de medianoche). Moroder, el cual admitió que sentía una gran pasión por las películas de la etapa del cine mudo,  y de la cual sentía una especial predilección por metrópolis de la cual decía que era su película favorita,  por este motivo decidió emprender un proyecto casi faraónico, tardando unos tres años en llevar a cabo el proyecto, que suma ideas muy interesantes con otras personales que llaman mucho la atención.

Aunque es cierto que acertó con el tono de color que escogió para la película, tono de entintado que encontró en la copia australiana y que se trataba  como una especie de tintado rosa mediante la técnica del rotoscopio, más en concordancia con el proyecto original de Lang (aquí sí es cierto que buscaba más fidelidad para con la obra de Lang) y la selección de diverso material repartido por todo el mundo (lo que le llevo tres años buscando por el mundo diversas copias y seleccionando el metraje que él convenía que era el más interesante), encontró copias en Australia, en el MOMA, en Los Angeles, cometió o se tomó algunas licencias que desvirtúan bastante el tono original de la obra y que causó un gran relevo ya en esa misma época.

Es un claro ejemplo de debate de restauración artística llevado hasta entonces en un campo como el cine que no estaba acostumbrado a que se produjeran estas variaciones. Moroder aumentó el ritmo de velocidad de reproducción de la película, esto era típico en el cine no institucionalizado, en el que había encargado que mediante el uso manual de una nivela regulaba (tanto manual como mentalmente) el tempo de la película, pero no era ni mucho menos habitual en el 1925, en el que el cine pese a su corta historia ya había evolucionado lo suficiente. Este cambio tiene unas consecuencias que saltan a primera vista, y que cada uno juzgará como crea conveniente con su actitud delante de la restauración (Moroder buscaba un ritmo más “actual para la película”, y pensaba que aumentando la rapidez de reproducción, la película se ajustaría más al gusto moderno o un público más joven que no se sentía interesado por el cine mudo). El hecho objetivo es que la película pasó de durar dos horas a menos de una hora y media. Pero Moroder no se quedó ahí, sino que añadió una banda sonora con música contemporánea de su época para seguir con su idea de modernizar la película. Así pues, mientras vemos imágenes de los años veinte (faltaban exactamente cuarenta años cuando se rodó Metrópolis  para la aparición de los Beatles) el espectador puede escuchar canciones de grupos como Queen (mejor dicho Freddie Mercury, que hizo uno de sus primeros trabajos en solitario, grabando para la banda sonora el videoclip “Love Kills”) o Bonnie Tyler. No sólo se queda ahí en respecto al sonido, también añade sonidos no musicales, como notas electrónicas que simulan ser como un sonido metálico para los pasos del robot protagonista (María) o ruido de la urbe (tráfico y sonidos de la ciudad) para algunos planos de la ciudad de Metrópolis.

Además, eliminó algo tan natural para el cine mudo como eran los intertitulos (esos diálogos versados que aparecen entre secuencia y secuencia) y los substituyó con diálogos (leídos, claro), para ganar tiempo y agilizar el montaje, en detrimento de la fidelidad con la película original. Esta idea la sacó de una copia que se encontró en Francia de 9,5 mm en la que además vio que algunas secuencias estaban grabadas de manera diferente a otras copias, con lo que se llegó a la conclusión de que  a veces una misma escena la rodaban de manera diferente. Porque en esta copia se habían quitado los intertitulos y se habían cambiado por diálogos? Se trataba de una práctica muy habitual en los inicios de los años treinta. En esos años aún compartían cartelera películas mudas con sonoras (el cambio del mudo al sonoro no se produjo de un día al otro, además había muchos cines que aún no tenían el equipamiento especial que se pedía para las nuevas películas sonoras que venían especialmente de los estados unidos). Muchos productores que querían seguir ganando beneficios con antiguas películas se sirvieron de recursos astutos para dar salida a material que tenían aparcado y reciclarlo de alguna manera. Así pues, poner diálogos era una manera para “modernizar” la película e intentar sacar provecho de antiguas latas de cine que tenían guardando polvo en algún rincón.

Evidentemente la película tuvo una acogida muy fría (se llegó a estrenar en el festival de Cannes) por la mayoría de críticos que vieron la restauración de la película como una aberración. Personalmente he de decir que como experimento es una interesante película y quizá y sólo quizá, pueda servir para introducir la película en sectores más reacios de primeras al cine clásico (como escuelas o público más joven) pero que como proyecto serio no tiene ni pies ni cabezas y que evidentemente es una nueva película más que una restauración como la conocemos. Hay un pequeño documental llamado Fadding Images producido por el propio Moroder y dirigido por el crítico Daniel Wooldruff. El propio director da su opinión acerca del trabajo y aún estando o no de acuerdo con él, da unas interesantes ideas que avivan el debate. Para él, era una restauración muy interesante, porque convertía a la película en una obra viva, que era lo importante para una película de tales características. Otra vez pues volvemos a debate sempiterno.

giorgio_moroder_presents_metropolis

Fotograma de la restauración llevada a cabo por Moroder, podemos comprobar el color más rosado que le confirió a la obra

El gran descubrimiento se produjo en Argentina, donde se encontró un par de copias que habían sobrevivido a la hecatombe de la productora. Primero la copia la tuvo entre manos un distribuidor argentino Adolfo Wilson y posteriormente pasó a manos de un coleccionista llamado Manuel Peña Rodríguez. En el 1971 el coleccionista murió y la copia sufrió un cambio, pasando de ser una película de 35mm a 16mm. Se hizo este cambio de formato para que el transporte fuera más sencillo (y también por temas económicos). Finalmente se cogió esta copia para restaurarse y En el 2001 hubo una restauración producida por la F.W Murnau (pero con colaboración de filmotecas alrededor de todo el mundo), y que mediante utilización de recursos digitales, le devolvieron un nuevo aspecto a la cara de la película, o por lo menos lo intentaron. A lo mejor, el aura de la película ha sobrepasado a esta misma y ya nunca tengamos la verdadera obra original de Lang, pero esta restauración del 2001 nos da una idea muy cercana.

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