Análisis Fílmico: Leningrado

Leningrado El eslogan a lo videojuego poco ayuda de primeras

Leningrado bebe de las mejores películas bélicas. Está claro Pero esto no significa que la obra hay realizado una buena síntesis de estas, sino que en este caso, la película se convierte en un pastiche que acaba cayendo por la senda de la vergüenza ajena Se trata de una oda al heroísmo ruso, como lo son las producciones norteamericanas que nos vienen del otro lado del charco. De todas maneras, el plagio y las intenciones son tan evidentes que el tema melodramático pasa a convertirse en una caricatura.  Digamos que se fuerza en exceso y de ahí vienen todos los males.

La historia de Leningrado tiene una historia cruda a la par que apasionante, una Numancia moderna, tres millones de víctimas civiles de la ciudad hoy día conocida como San Petersburgo, que dieron su vida en la guerra más salvaje hasta la fecha. Y ni aún con esas el director ha conseguido que sintamos empatía por los ciudadanos. El director se dedica a mostrar planos aéreos de gente cayendo de inanición pero ni aún así sentimos tristeza o compasión por ellos, nos sentimos más congelados que la estepa rusa en la que se ambienta la acción.  El defecto que más salta a la vista es la estructuración del guión y los problemas en el montaje. Las historias que se han pretendido entremezclar,que no son pocas, no se han conseguido pegar y quedan deshiladas en un ridículo extremo. Los diferentes personajes deambulan por el film sin que sus historias interesen al espectador, por ejemplo, el personaje alemán que tiene un propósito tan claro y se huele tan a la legua que uno se lo toma hasta con ingenuidad, el bagaje cinéfilo del espectador no se tiene en cuenta y es un craso error.

Más en el montaje propiamente hablando, la conexión de las imágenes es totalmente arbitraria, no ya sólo que se pase de la historia de un personaje a otro sin aparente sentido, sino que dentro del propio fragmento la planificación de los encuadres no sigue un orden aparente, picados, contrapicados, escenas a cámara lenta sin razón aparente…se ha querido mostrar tantas cosas y todas a la vez que ya lo dice el refrán, o eres un genio o el que mucho abarca poco aprieta. Todo esto fomenta que la tensión dramática se vaya al garete y que estemos más pendientes del reloj que de la película. Si a eso le añadimos que los Fx de alguna que otra escena, como la del ataque aéreo nazi, den más pena que otra cosa, hace un cóctel explosivo.

La película no tiene un mal comienzo, acercándose al sitio de Leningrado y mostrándonos una pequeña escaramuza. Pero ya ahí aparece el personaje protagonista, que decir que es sonrojante es quedarse corto. No es sólo que su fanatismo por la URSS se confunda con el de un guiri borracho paseando por la ciudad condal en vísperas de un partido, es que es quizá, uno de los personajes más insustanciales que se hayan paseado por una película. Sus diálogos con la reportera inglesa demuestran una vacuidad que asusta, pese a que se meten sus buenos chupitos de vodka para relajar ambiente. No hay ningún otro personaje que aporte algo a la película. El arrepentido alemán ya citado no da el pego. La reportera inglesa es para que baje alguien y lo vea. Por no hablar de las tramas que suceden fuera del sitio (con el cameo de Hitler incluido).

2/10

Kyrios

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