Análisis fílmico: Magnolia

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Paul Thomas Andersson es, como dijo Ben Affleck en su momento, “el Orson Welles del cine reciente”. La comparación chirría, y más cuando se pone a uno de los mayores innovadores del cine. No obstante, sí hay una cosa en la que el director norteamericano se parece mucho a Welles: sabe imprimir un carácter enorme y un tempo magistral a sus obras como el de un director de orquestra. En Magnolia, una adelantada a su tiempo (dieron un Oscar en 2005 y la obra de Anderson es de antes de los 2000), demuestra bien cuál será su talante fílmico en la década donde hizo Pozos de ambición.

La estructura guionizada de Magnolia es fragmentada. Son varias historias aparentemente muy separadas pero que tienen un eje en común. Esa, al menos, es la forma de conectar todas las historias corales en una sóla, en un relato de entramados urbanos. No obstante, en nada se asemeja a Crash a su misma vez. Mientras que la cinta de Hagis se basa en el entrecruzado de historias objetivas que al final confluyen, en Magnolia la conexión sobretodo a nivel argumental, donde la redención y la culpa unen a todos los personajes.

Nada más empezar la película, se nos abre una introducción pasmosa que habla de que las casualidades no son tan remotas. Incluso un trozo como este, que aparentemente no tiene sentido, acaba de introducir al espectador de lleno en la película. A partir de aquí, las historias, que a veces incluso parecen intercaladas por impulsos propios de una taquicardia, van ganándose y sumergiendo poco a poco al espectador. Esa capacidad de inmersión prueba dos cosas: una, que las historias son lo suficientemente coherentes y los personajes atrapan y seducen al espectador. La otra, que la dirección y los planos de Paul Thomas Anderson son los adecuados.

Buena aportación de ese nivel de inmersión lo hacen los actores. Una historia coral necesita buenos protagonistas. Tom Cruise tiene la mejor actuación de su carrera siendo una especie de coach macarra que enseña a los pringados a ser machos alfa, mientras que Juliane Moore funciona de factura como actriz de reparto. Esos son los nombres más conocidos de un cuerpo actoral que es sobresaliente. Ayuda también mucho ese montaje que hace de puente perfecto entre historias, sí, pero los actores hay que anotarlos también. La conjunción, de hecho, hace que la película haga llevar al espectador donde ella quiere.

Pese a ello, la primera mitad de la película tiene la sensación de no ser tan sobresaliente como la segunda. Mientras que en la segunda mitad todo va con calma, la primera hora va a veces a su ritmo y otras veces a destiempo, como queriendo ir más deprisa de lo que toca. Es normal. Magnolia es una fábula urbana de 3 horas, tiempo que puede dejar fuera a los que busquen el entretenimiento puro y duro. No obstante, el metraje es quizás hasta corto para poder ilustrarlo todo como una magnolia bien abierta.

Entre las diferentes escenas memorables hay una que los más sensibleros retendrán en su memoria. Es una secuencia que involucra a todos los personajes a modo de playback. Ese ejemplo es quizás la mejor esencia de lo que es la película. Para mí debería haber sido el final, que habría cerrado una película memorable de los 90. No obstante, el final es otro que, pese a ser bueno, no habría sido tan brillante como en el caso de haber sido emplazada esta secuencia.

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