Ciclo Hitchcock: La muchacha de Londres

La muchacha de Londres OK

Si hay algo que siempre se cita de esta película son dos recursos que el director supo aplicar a la película y que sirven para alabar las cualidades del rey del suspense. Y es que la Muchacha de Londres pilló al realizador inglés en una situación complicada, ya que el estudio decidió convertir la película en sonora, cuando ya se había empezado el proceso de rodaje (pese a todo también existió una versión muda, recordemos que el cambio del cine mudo al sonoro no se realizó en dos días). Esto queda patente en la propia película, porque de hecho los primeros diez minutos son totalmente mudos. Hitchcock y la productora mantuvieron material del mudo dedicándose simplemente a regrabar algunas escenas de la película.

La cuestión es que la plantilla ya había sido fichada para la película, y entre ellas destacaba la actriz de origen alemán Anny Ondra. El problema era más que evidente porque el acento de la interprete era demasiado marcado. Qué hacer? Demasiado tarde para reclutar una nueva actriz, además de que el propio Hitchcock quería que fuera Ondra y no otra la que encarnara el personaje principal de la película. Para ello recurrió al primer “playback” de la historia del cine, contrató a Joan Barry que dobló las escenas, mientras Ondra fingía hablar. Hubo algunos problemas durante el rodaje, porque la solución fue arriesgada, pero Hitchcock se salió adelante.

Otro de los ejemplos que más se destacan de la película es otro recurso en que el director vuelve a jugar con el sistema novedoso del sonoro. En esta ocasión, en la ya mítica escena, en la que la actriz principal entra en una tienda y una chismosa vecina empieza a taladrar con su particular discurso (a quién no le ha pasado tener que aguantar alguna de estas personas que no callan ni debajo del agua…). Mientras la cámara nos muestra un primer plano de la actriz principal, el discurso de la vecina se vuelve confuso y aparecen palabras que se empiezan a destacar del barullo sonoro que se oye. Palabras que tienen que ver con el asesinato central de la película, asesinato realizado mediante un cuchillo, palabra precisamente, que es la que se destaca del discurso.

La muchacha de Londres. 2 Momento del discurso en que Hitchcock utiliza sus dotes de maestro.

Aparte de estas dos anécdota tenemos una película ciertamente irregular, hemos de comprender que el maestro aún no estaba del todo curtido y que las condiciones no eran del todo propicias (por no hablar que el nuevo material sonoro se trataba casi de una carga, sólo hace falta recordar las nuevas cabinas de insonorización que se implantaron en los estudios de grabación y que cortaban libertad de movimiento a la cámara, manteniéndola aislada del exterior para que no registrara sonidos ajenos a la producción).

Quizá podemos mencionar que el recurso del falso culpable, tan patente en la obra de Hitchcock, tiene una particular inclusión en la película, aunque con alguna diferencia. La protagonista principal más o menos lo es (digo más o menos porque si es cierto que ella es la asesina, aunque cometió el crimen con tal de defenderse del violador) y de hecho las dosis de nerviosismo e intriga que aporta el personaje femenino (con la escena ya citada) son de lo mejor de la película. Por otra parte la trama es muy endeble y hay momentos que resultan cómicos. Por ejemplo la manera como el pintor (el violador) se lleva a la actriz a su casa, resuelta en apenas dos o tres diálogos, pecaría (si se hiciera de nuevo hoy en día) de ser demasiado ingenua. Por otra parte la parte del chantajista tiene algún momento interesante, pero también acaba por unos caminos que no acaban de cumplir sus expectativas. Digamos que el talento visual del director se impone esta vez al guión, que resulta bastante pobre en comparación con los recursos que Hithcock plantea para soliviantar los problemas de rodaje.

Concluyendo y como anécdota final, fijaros en la escena del tren, se trata de uno de los primeros cameos más graciosos (y largos) del director, que será distraído por un niño mientras intenta distraerse en el tren. Una costumbre, la del cameo, que se convertiría en una de las señas de identidad del director.

La muchacha de Londres Momento del cameo, Hitchock siendo molestado por el niño mientras intenta leer

6/10

Kyrios

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