Análisis Fílmico: Cielo Amarillo

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La travesía por el desierto de sal, sin duda alguna uno de los momentos estéticos del film más logrados

William A Wellman es uno de los directores más interesantes de los años 40. Pese a que su nombre raramente lo veamos junto a grandes estrellas como John Ford, Wilder o Hitchcock, sí es cierto que realizó por lo menos grandes películas y se trataba de un artesano muy eficiente que además supo plasmar en más de una película su visión humanista.

Los cuarenta fue una época dorada para el Western y no lo fue menos para Wellman que dirigió entre otras la muy apreciable “Incidente en Ox-bow” que contaba además de con un jovencísimo Henry Fonda con una trama que ponía de relieve el tema de la ciega justicia y los prejuicios raciales.

Pero eso fue en el 1943. Pocos años más tarde, en el 1948, Wellman nos deleitaría con Cielo amarillo, uno de los westerns que mejor explota tanto el argumento (tan aparentemente sencillo), como el paisaje, como el grupo de personajes con el que cuenta la película.

La película impacta y consigue distinguirse de otros Westerns por la cantidad de escenarios y atmósferas que logra imprimir de manera tan personal en la película. No es sólo que la fotografía capte de manera artística todos los detalles, sino que el ambiente recogido de la película logra crear una singularidad única poco vista en westerns parecidos. Especialmente me refiero a dos momentos, el primero de ellos se trata del cruce por el desierto después de acometer el primer crimen, en que la banda debe huir a través del desierto. Un magnífico desierto de sal, tan atípico como inhóspito, en el que ya veremos las primeras relaciones turbias que se dirimen en el grupo y que terminarán por explotar durante el desarrollo de la película. Por otra parte, la ciudad fantasma a la que hace referencia al título (Cielo amarillo no tiene nada que ver con el cielo, sino con el nombre de una taberna en que acontecerá por cierto la escena final) también se convierte en lugar icónico. Es el último refugio de una joven y un hombre al que el destino les depara una última prueba de fuego.

Aparte de esto también es interesante destacar las relaciones que se establece entre los forájidos. Es importante porque Wellman no olvida ninguna de las personalidades y perfiles psicológicos de sus personajes y pese a que se trata de un grupo bastante elevado, no se descuida ningún perfil. Claro está que se potencian los personajes más importantes en el relato, pero ninguno queda como un simple esbozo, sino que podemos comprobar las reacciones y deseos de cada uno. Pero no sólo esto, sino que también el film acierta en retratar  la cadena de poderes y como el grupo es gestionado por las diversas personalidades principales. Primero por Gregory Peck y posteriormente por Richard Widmark. Entre los dos se turna el poder del grupo en una interesante metáfora sobre el liderazgo en la que se muestran los entresijos más innobles del ser humano, como la codicia, al violencia y los instintos más primarios.

anne baxter No sólo tenemos a unos personajes masculinos perfectamente desarrollados, sino que el personaje que interpreta Anne Baxter es uno de los personajes femeninos más interesantes del Western. No es una mujer que se deja doblegar en ningún momento (sólo hay que ver como empieza marcando distancias con el grupo de forajidos) ante cualquiera.

Desgraciadamente si hay que poner un pero a la película sería a su resolución final y a algunos momentos “Happy End” que pertenecen a un cine más ligado a la época y a ciertos convencionalismos morales que a una auténtica creatividad. Las dos figuras del grupo (Peck y Widmark) se anteponen de manera que acaban convirtiéndose en el malo-bueno malo-malo sin ninguna otra mayor profundidad y el final feliz se encarga de corroborar esta idea, una pena porque si el director hubiera cortado justo al acabar la secuencia clímax de la película (que tiene lugar en la taberna fantasma del cielo amarillo y que se trata de una de las escenas mejor filmadas de la película) la película habría ganado enteros.

Cielo amarillo Richard Widmark y Gregory Peck en una misma película. ¿Quién da más?

7/10

Kyrios

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