Ciclo Francis Ford Coppola: La ley de la Calle

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Francis Ford Coppola pasará a la historia del cine por una trilogía que ha llegado incluso a devorar la figura del propio director. Hablo claro está, de la saga del Padrino. Pero más allá de estas películas encontramos una carrera tan dilatada como interesante, y la ley de la calle es el gran ejemplo de que hay vida más allá de Don Vito Corleone.

La ley de la calle debe entenderse como parte de un todo  que forma junto a la película “Rebeldes” rodada en el mismo año (las dos se rodaron en 1983, apenas cuatro meses de separación entre las dos). Un díptico con el que se complemente a la perfección y con el que Coppola realiza un interesante tratado sobre la juventud. Pese a compartir parte del reparto (como Mat Dillon) y cuerpo técnico (Coppola contó con parte de los asistentes que le habían ayudado a rodar Rebeldes) e incluso estar rodada en la misma localidad, Tulsa, las dos películas se diferencian totalmente entre sí, tanto en contenido como en forma.

rumble-fish Fotograma de la película, en la que además de ver el protagonista principal, interpretado por Mat Dillon, vemos al sobrino del director, un joven Nicolas Cage.

Porque si “Rebeldes” se trataba de una aproximación a los sueños de juventud de una manera mucho más académica y estéticamente más equilibrada, respetando bastantes reglas del Hollywood de la época, La ley de la calle se trata de la cara opuesta a aquella película. La ley de la calle se trata de una obra mucho más intimista, que pese a todo trata de jugar con diferentes aspectos técnicos, llevándolos al paroxismo para de alguna manera, llamar la atención del espectador y elevar la voz del director a todos los corazones del público.

Por otra parte la historia se trata de un relato realmente interesante, basado en una novela de S.E. Hilton, con el que Coppola colaboró estrechamente. Sin duda alguna lo más interesante de la película son los dos protagonistas principales, el joven Rusty James (interpretado por Mat Dillon) y su hermano mayor (interpretado por Mickey Rourke, en un papel que lo llevaría a la fama por la vía rápida). Se trata del eje principal, la relación que se establece entre los dos.

Rusty James podría representar perfectamente al personaje de su hermano mayor, cuando aquel era más joven. De hecho el final nos indica que los tiros van por ahí. Se trata de un personaje idealista y maltratado tanto por el ambiente degradante de los suburbios en los que ha tenido que crecer (o mejor dicho, tratar de sobrevivir) como el ambiente de su familia (su madre se marchó a California y su padre es un alcohólico). Rusty sueña con convertirse algún día en su hermano mayor (y así de hecho lo expresa en una línea de guión). Pese a que vive en un mundo que se tambalea, se engaña a si mismo creyéndose el amo de la situación y el líder de su pandilla. Aún no ha asumido su papel en el mundo.

El personaje de Mickey Rourke se trata de la evolución lógica de su hermano pequeño. Ha visto mundo, ha viajado a California y ha visto a su madre, y se ha dado cuenta de los errores que cometió en juventud. No vive engañado como su hermano sino que acepta las condiciones en las que vive y trata de cambiarlas, pese a que sus esfuerzos sean totalmente menores. Coppola se sirve de un detalle iconográfico de primer nivel para demostrarnos esta cuestión, con la escena de los peces.

El personaje de Mickey Rourke entra en una tienda de animales y queda totalmente embelesado ante unos peces de colores. Aquí Coppola utiliza un recurso de primer nivel, que muchas veces se ha exaltado como singular de la película de Spielberg “La lista de Schlinder” cuando se trata de un recurso cinematográfico de mucha más tradición. Recordemos que la película está rodada en blanco y negro (simbólicamente representa la visión daltónica del personaje de Rourke, así mismo lo expresa su personaje en la película), los peces están coloreados y demuestran su gama cromática, que les da una belleza espléndida. Como nos enteramos más adelante, esos peces son tremendamente agresivos en espacios cerrados, y necesitan un espacio más abierto para poder convivir sin atacar a sus prójimos (por eso viven en espacios separados unos de otros). Sin duda Coppola utiliza una metáfora tan simple como efectiva para simbolizar y reflejarnos que estos peces se tratan de la pareja protagonista, unos chicos que por diversas circunstancias se han ido endureciendo y que necesitan respirar libertad para poder sobrevivir. Y por eso nos encontramos con ese magnífico y profético final, en el que Coppola cambia el final de la novela para homenajear a uno de las secuencias más míticas del cine, más en concreto, la secuencia final de “Los cuatrocientos golpes” de François Truffaut, en la que el chico conseguía  la ansiada libertad huyendo y llegando hacia la orilla del mar. Igualmente hará nuestro protagonista, que se conseguirá encarnar definitivamente en su propio hermano.rumble-fish-1983-mickey-rourke-matt-dillon-pic-3 Uno de los detalles más preciosos de la película, los peces coloreados con los que el hermano mayor queda fascinado

Los demás personajes no resultan tan interesantes como la dúo principal, sino que sirven para complementar el carácter  de los dos personajes principales.

Estilísticamente hay diversos aspectos que es interesante destacar. Por una parte, la utilización que hace Coppola del tiempo en la película. Para demostrarnos el apresurado mundo en que viven los jóvenes, Coppola dirige y monta la película no dejando ni un respiro entre secuencia y secuencia, entre plano y plano. No se trata de un montaje que recuerda el lenguaje videoclip, sino que los hechos suceden con mucha más rapidez de lo que sería habitual. Para que este mismo recurso funcione, Coppola destaca diversos trucos que sustentan este hecho. Diversas cámaras rápidas que graban los rascacielos de la ciudad y como las nubes se reflejan de preciosa manera en sus cristales, mostrando la rapidez de la vida, Un tópico como el “Memento Mori” traspasado al lenguaje cinematográfico. También hay algunas líneas de guión que resalten la inexorabilidad del paso del tiempo.

Por otra parte hay que destacar la maravillosa fotografía, que capta de manera especial todo el ambiente suburbano en el que se desenvuelve la película. Coppola mandó diferentes referentes para el cuerpo técnico de la fotografía, entre estos, películas del expresionismo alemán, y realmente se nota este influencia entre todas las sombras que se proyectan en la película y en los juegos cromáticos que realiza el blanco y negro (sin duda el espectador alucina ante la capacidad técnica que se puede conseguir con este recurso tan propio del cine).

Y también el dominio del sonido, con el que Coppola quiere hacer notar su presencia. Digo sonido más que música, porque en muchas secuencias el director trata de elevar el volumen de ruidos que en teoría habrían de pasar más desapercibidos, para sorprender al espectador en cada momento y para que este se fije en detalles de los que otra manera no se centraría.

laleydelacalle3_500 El mar, como símbolo de la libertad soñada

8/10

Kyrios

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