Crítica teatral: F3DRA (Pleasure and Pain)

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Ben Harper cantó “He conocido el placer, he sentido el dolor y sé que nunca volveré a ser yo mismo”, pensamiento básico sobre el que se levanta la propuesta de Fedra de las Q-Ars Teatre. El amor es la fuerza destructora que intentaron plasmar los múltiples autores que han escrito sobre la historia de la princesa cretense Fedra, y es lo que indiscutiblemente la dramaturga de origen brasileño Marilia Samper conserva en su texto además de reflexionar sobre otros temas totalmente al orden del día como son el valor de la vida, el honor, el paso del tiempo, la belleza, la realidad y la justicia.

La compañía Q-Ars Teatre llevó a escena junto con dos otros jóvenes actores y bajo la dirección del tarrasense Pep Pla la obra que Samper escribió para ellas: la conocida historia de Fedra, la mujer que se enamoró, por venganza de Afrodita, de su hijastro Hipólito, lo que la llevó al suicidio. Podríamos decir que esta versión guarda en sí el significado total de la historia más que propiamente la historia en sí: Vera, Freddy y Sarah son tres mujeres diferentes que tienen tres vidas dispares y aparentemente inconexas evolucionan en el transcurso del espectáculo hasta que nos damos cuenta de que las tres son realmente Fedra, mujeres que ante la imposibilidad de conseguir lo que quieren, y influenciadas por múltiples factores, crean una rabia animal hacia sí mismas que las lleva a la autodestrucción. F3DRA (Pleasure and Pain) es una lucha constante entre el placer y el dolor que de manera inseparable forman parte de los sentimientos de este trío de personajes femeninos. Algunos elementos nos descubren posibles influencias de Samper: muestra verbalmente la violencia de las relaciones interpersonales característica de la obra de Sarah Kane (y del movimiento in-yer-face theatre) y la utilización del personaje de Vera para colocar algunos fragmentos de la Fedra de Racine y del Hipólito de Eurípides.

La dirección del espectáculo era prácticamente un éxito asegurado, Pep Pla ya había montado dos obras anteriormente con la compañía Q-Ars, Jocs de Paciència (2005) y Leoni + Lena (2007), dos de los grandes éxitos de ésta. La mise-en-scène es totalmente adecuada y permite al público entender mucho mejor lo que está sucediendo en el escenario: un montón de camas y somieres de hierro oxidados y envejecidos que conforman tres espacios independientes: un camerino, la barra de un bar y la estancia de un psiquiátrico. El aire es nocturno, húmedo y cargado. La luz es sombría y recuerda al oscuro ambiente que transmiten las pinturas negras de Goya. La música se entiende como un elemento innovador que aporta más contemporaneidad al espectáculo del que ya tiene la obra en sí.

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A menudo al ir al teatro nos fijamos en los actores que trabajan y nos hacemos una idea premeditada y realmente poco fundamentada de lo que nos parecerá el espectáculo según si nos gusta como trabajan o no los intérpretes. Tengo que reconocer que caí en esta trampa del espectador, y lo quiero hacer porque estoy encantada de poder decir que me equivocaba. Por eso, precisamente, me gustaría recalcar la excelente labor de Montse Morillo con Sarah: un trabajo de cuerpo sin la más mínima errata, un trabajo de dicción y voz impecable y un trabajo actoral de aquellos que provocan que al público le brillen los ojos: chapeau Morillo! Comentar también el trabajo de Mercè Anglès, que enseñó una vez más como de viva puede llegar a estar en escena con una Fedra (Freddy) alejada de la mujer de Teseo y más cercana a nuestros días, y Anna Güell mostró con su Vera enfermizamente nostálgica la elegancia natural que le es innata y que mezcla con una violencia primitiva para interpretar su Fedra. No me olvido del cuarto personaje del cuadrilátero actoral de F3DRA, el joven Jaume Madaula, quien pone su cuerpo y su experiencia a disposición de los tres personajes masculinos de la obra, saliéndose mejor en el caso de Billy que en los otros dos, pero convierte aparentemente en fácil el hecho de salir de un personaje para entrar en otro en un limitado espacio de tiempo.

Este cuadrilátero es dinámico y mantiene al espectador en todo momento pendiente de lo que está sucediendo en escena, la atención no se desviaba en ningún momento del lugar donde se producía la magia; disfrute que se pudo ver reflejado en el largo rato de aplausos del público al finalizar la función.

F3DRA (Pleasure and Pain) es una obra llena de momentos que hacen que el público viva la historia de una manera mucho más directa, lo que es propiciado por las dimensiones y forma en la que se erige la Sala Beckett. Los fósforos, la música, la ruptura de la cuarta pared prácticamente pocos segundos después de comenzar el espectáculo, la introducción de la danza en un par de instantes, las lapidarias frases como “Es un derecho fundamental elegir envenenarse” o “No estoy sufriendo ninguna crisis, soy yo que estoy despertando”, las máscaras que aparecen al final y que recuerdan la clásica y trágica Grecia, el latido del corazón, las botas y los cordones de Sarah, las ruinas que hay bajo uno de los cauces, la bella estatua masculina de la vieja Vera,… estos y miles de detalles más se conjuntan de una manera que convierten F3DRA en una muy buena versión actualizada de la tragedia griega y un bonito detalle en recuerdo de Sarah Kane.

Lady M

PD| http://www.youtube.com/watch?v=MWFbSmDc2sw

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