Ciclo George Cukor: Vivir Para Gozar

ImagenCary Grant y Katherine Hepburn, una de las mejores parejas interpretativas de los años 30.

El dinero arruina el alma humana. Es la máxima de la película y la lleva hasta las últimas consecuencias. Vivir para gozar se trata de uno de los mayores cantos hacia la verdadera libertad y el desapego al mundo material que ha dado el cine de Hollywood. La película ataca donde más duele, al sistema de vida norteamericano y a sus principios más sagrados. Para Cukor (uno de los genios cinematográficos más infravalorados por parte de la crítica más especializada) llegar a lo más alto de la cúspide social no significa nada. La vida no es un simple cálculo de números, si que es pasión, empuje, fuerza y hay que vivirla de manera apresurada y no dejar que las imposiciones se impongan ante nosotros.

Y pese a todo, lo hace siguiendo el esquema clásico y las reglas del Hollywood de aquella época. Pero Cukor lleva la película a lo más alto. Para darnos cuenta citaré dos escenas que me parecen muy significativas para demostrar la manera en que trabaja Cukor y su ideología.

Una de esas secuencias se sitúa en un ambiente mágico, un lugar simóblico y de vital importancia para la película. Se trata de la habitación donde los tres hijos del padre millonario pasaban su infancia. Es un espacio del que se sirve el director para mostrarnos que la maldad y el capitalismo más salvaje aún no se ha apropiado de la mansión, sino que aún queda un pequeño resquicio donde late la vida en esa casa. Porque durante la infancia los tres muchachos vivían en perfecta harmonía, pues aún mantenían los sueños. Si algo nos deja claro Cukor es que siempre, se sea pequeño, adulto o mayor uno tiene que seguir soñando hasta el final. Por eso el ambiente que se desarrolla en este lugar es mágico, porque los sueños siguen habitando en esa habitación. Tenemos los diferentes instrumentos con los que el hijo mayor se divertía y demostraba su talento. La pintura del personaje interpretado por Hepburn. No es casualidad que las artes sean dignificadas por Cukor, representan la vía expiatoria que tiene el ser humano para alejarse de ese ambiente hostil que se representa en las clases sociales más ampulosas.

Y por eso, en una de esas secuencias Cukor utiliza una pequeña música, de manera diegética, para crear un ambiente natural, que provenga de la propia fuerza generadora que tiene la naturaleza. Se trata del hermano, que dedica a tocar diversos instrumentos, creando un ambiente íntimo del que se sirve Cukor para realizar una preciosa secuencia intimista.

vivir para gozar.jpg 2 El momento del vals de Navidad, una escena perfectamente recogida.

Por otra parte, Cukor también utiliza la música de manera extradiegética. Bueno realmente no, sino que hace un experimento mucho más interesante. Durante el baile donde se reúnen las mayores clases sociales, donde vemos toda la caspa y el supuesto señorío (no en vano una de las secuencias más brillantes se ven en este momento, cuando Cukor realiza un magnífico travelling, subiendo las escaleras y acompañando lateralmente a los primos de la familia, que después de saludar falsamente  a los invitados, se dedican a criticar por la espalda) suena el magnífico vals de Strauss, el Danubio azul. El espectador nunca sabe de dónde proviene la música, sino que Cukor la utiliza como leimotiv para describir la frivolidad y la superficialidad de esta clase social. Un magnífico detalle que se implanta en el espectador, aunque sea inconscientemente.

Los personajes son maravillosos y todos aportan algo a la película. Dos de los tres hijos se rebelarán contra el dominio tiránico del padre, que mediante el dinero ha sido capaz de comprar los deseos de sus hijos. Linda (Katherine Hepburn) se trata de la oveja negra de la familia, precisamente porque nunca olvida sus sueños y sigue visitando la habitación ya citada. Sin embargo, la llegada del novio de Julie, interpretado por un brutal Cary Grant, hará revolucionar la familia. Será el remolino que agite el pensamiento de toda la familia.

vivir para gozar.jpg 3 el personaje de Cary Grant representa al perfecto soñador. No teme al ridículo ni a la vergüenza, porque tiene a la libertad como principio básico.

Por otra parte, una de las cosas más destacables de la película es la gran capacidad que tiene Cukor para llevar los diversos tonos por los que navega la película de manera perfecta, sin que se solapen unos con otros y pudiendo llegar a una combinación perfecta de comedia y drama. Normalmente las secuencias se suceden sin que los dos géneros se crucen, pero en los pocos momentos que sucede, la combinación queda de perfecta manera. Pequeño apunte. Brutal la parodia que realiza Cukor a los gobiernos fascistas (recordemos que la película se estrena en el 1938, pleno auge de los regímenes fascistas).

Normal por otra parte que la película no gozará de éxito de crítica y público. Durante un diálogo de la película se califica la actitud del personaje de Cary Grant como, antiamericana, por el simple hecho de renunciar a engordar su cuenta bancaria y tratar de vivir el momento. Una película con un mensaje tan ácido no podía hacer más que ser calificada como inmoral para muchos.

8/10

Kyrios

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