Análisis Fílmico: Fundido a Negro

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No cabe duda de que el cine ha dado gran cantidad de títulos que homenajean de manera más o menos directa a otras películas o a géneros. Incluso hay algunas que directamente son un homenaje directo al séptimo arte, como “Rebobine por favor” de Michael Gondry. También fundido a negro se trata de un claro homenaje al cine, pero no por los caminos más habituales por los que normalmente se sigue, sino que se hace de manera muy singular (y muy en boga con el cine más paródico y pubescente que estaba naciendo en las salas comerciales de los años ochenta), recurriendo a la figura del cinéfilo paranoico, que al igual que el ingenioso hidalgo de la Mancha, de tanto visionado de películas, acabó como un majadero.

Y es que la película explora, por parte de su parte personaje principal, la psicología del lunático, que es incapaz de discernir realidad de ficción. Pero no se equivoquen, la psicología en el film importa más bien poco (pese a que cuando la cinta construye sus propias reglas es siempre creíble), sino que se trata de un pretexto para desarrollar una entretenida cinta que mezcla adecuadamente la comedia, el terror…y el drama.

Fundido a negro2 La habitación de Eric, un auténtico museo del séptimo arte.

Los ochenta son la etapa perfecta para que films que revisionaban de manera tan ácida el cine aparecieran. No sólo eso, sino que el propio género de terror estaba cambiando a marchas forzadas (y se haría tremendamente popular entre los sectores más jóvenes). Un claro guiño a estas películas lo hace la misma película, enseñándonos el póster en diversos momentos de “La noche de Halloween” de John Carpenter, la película que revolucionó el subgénero de terror conocido como Slasher. Más adelante se romperá el Póster de igual manera que estéticamente quede una secuencia parecida a la misma que Carpenter realiza en su película.

Fundido a negro comparte muchas características del Slasher, pero sin duda alguna se distancia de la rutina habitual de las miles de películas que se realizaron y se estrenaron por doquier en las salas comerciales, sin apenas interés artístico. Aparte de las típicas escenas de asesinatos (que por ellas mismas ya sustentan la película) encontramos trazas de comedia e incluso drama muy interesantes. De todas maneras el homenaje se expande por todo el celuloide norteamericano, películas desde Psicosis, Al rojo Vivo, El príncipe y la Corista o iconos del cine como Cary Grant, Bogart, Richard Widmark y sobre todo el gran James Cagney. Así pues, no hace falta decir que la película utiliza un lenguaje propio, evidentemente no podemos llegar tan lejos como para decir críptico (el mismo director nos enseña que películas está homenajeando cuando intercala fragmentos de las películas originales) pero está claro que el cinéfilo que reconozca los momentos, situaciones e historias le dará un valor añadido a la película. Sólo hace falta ver los múltiples guiños al dolor de cabeza (que remiten a la película de “Al Rojo vivo” o a los barbitúricos de Marilyn). Y es que la película para este tipo de público se puede degustar exclusivamente como un juego de pistas donde se interactúa con el espectador para que este pueda reconstruir los diferentes guiños que se esparcen por la película. Y funciona de esta manera porque no hay más pretensión por parte de la obra que activar la mente del espectador y jugar un rato con él.

Por ello la película cuenta con un actor de lujo, como lo es el propio protagonista, interpretado por Dennis Hopper. Su papel le pedía una camaleónica interpretación y sin duda Hopper cumple con creces. Aporta un histrionismo perfecto que va en conjunción con el tono paródico que pide la película.

Por otra parte, pese a que la dirección podría haber sido mejor y en algunos momentos la película pueda pecar de rutinaria, hay momentos muy interesantes. Por ejemplo los diversos momentos de asesinato, en que el director intenta recrear el ambiente de cada película a la que homenajea. A mencionar el asesinato que rinde homenaje al Western, rodado como una auténtica secuencia (pasada por un filtro, obviamente), con un interesante movimiento de cámara horizontal y una atmósfera ruda y seca que pese a no contar con arena ni desierto nos remite al cálido y árido ambiente del Western.

Fade to black Eric transformándose en el mítico vampiro, Drácula, imitando a Bela Lugosi.

Y es que la enfermedad de Eric le llevará a cometer asesinatos imitando a sus historias del cine favorito. Ojo, porque entre broma y broma vemos una interesante reflexión de la violencia y el cine, y como estos dos conceptos van indisolublemente unidos.  Por ejemplo el personaje del Policía  Yuppie, una acertada visión satírica sobre los términos de la psicología que se aleja de los términos más duros para una visión más comprensiva del asesino. Una auténtica ironía sobre un Hippie trasnochado en los años ochenta.

6/10

Kyrios

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