Análisis fílmico: La clase

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Todos los usuarios habrán oído sus más o sus menos sobre las películas de dramas escolares. Muchos de ellos, desde Mentes peligrosas hasta las películas de los 80 donde se repartía más cera que clase, han intentado pecar de los mismos happy endings de siempre. El profesor, en vez de vivir un drama social y convivir con él, trata de arreglarlo con una resolución casi milagrosa. Pero no estamos hablando del mismo tipo de películas. Aquí no.

Quizás debe ser el genio francés de los 90. Quizás debe ser la crítica constante al régimen galo por su ataque a los ghettos y suburbios, o su poca implicación con la diversidad étnica. Eso, juntamente con el dilema de siempre de la educación tradicional, es el germen por el cual se construye La clase. Una obra de Laurent Cantet que, si bien no tiene el final más adecuado, sí tiene una perspectiva más realista que el resto de películas de institutos.

Primero de todo está el ansia de Cantet por hacerlo simular todo lo más natural posible. Integrar a un grupo de jóvenes actores y trabajar con ellos en un año consigue que estos se sientan lo más habituados posible a estar delante de una cámara e interpretar su papel. Además, eso se nota de cara al producto final, donde se observa un alumnado muy realista y crítico con la sociedad.

El punto interesante en el curso donde transcurre la acción es en el dilema que se plantean los profesores. ¿Hay que ser duros o más flexibles con unos estudiantes difíciles? Esa experiencia la vive el protagonista en cada una de sus clases. Discusiones que van desde el uso de un tipo de tiempo u otro o de cuestiones básicas en el aprendizaje de un adolescente son sólo la puntilla desde donde el guión va mostrando la cuestión de fondo: ¿Es útil la escuela o es tan sólo un mero trámite?

La película no responde al dilema. Crea el debate mediante varias secuencias, todas muy bien hiladas, para que nosotros podamos responder a la solución por nosotros mismos. Es una película sencilla, directa y fácil de entender, tanto como otros clásicos del cine francés como El odio, donde se hablaba de la violencia en los barrios marginales. Al fin y al cabo, no todo son Amélies en esta vida, sino que hay otra rama de la cinematografía gala muy crítica sobretodo con la educación.

Laurent Cantet no es ajeno a ello, pero nos pone las cartas en la mesa para un tema universal. Nosotros sólo hemos de decidir el resto. No es una obra maestra artística ni estéticamente, pero va directa a la mella de la cuestión. La solución al problema, no obstante, la decidimos nosotros.

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