A buenas horas…

Como todos bien sabréis, hace un par de semanas cambiamos la hora. En la noche del sábado al domingo las tres pasaron a ser las dos. Esto es algo que hacemos dos veces al año; una nos sirve para marcar el fin del frío y el invierno y la llegada de la primavera y lo mismo sucede a la inversa unos meses después. El cambio horario es un acto al que todos estamos habituados, realizamos con total normalidad pese a que en varias ocasiones nos llama la atención o nos pone nerviosos (puesto que que algo de lo que tanto dependemos cambie supone una pequeña alteración). Los medios de comunicación informan del cambio de hora y todo el país automáticamente ha cambiado la hora de la noche a la mañana.

Las horas que cada país tiene en el mundo están condicionadas por las marcas de los meridianos (las líneas imaginarias que cruzan el mundo de norte a sur). El meridiano más famoso de todos es el conocido como Meridiano de Greenwich. Dicho meridiano,  es el punto de partida de las horas en todo el mundo, el lugar de referencia. Entonces, cada meridiano al oeste del punto de referencia, es una hora menos que el anterior, hasta llegar a 12 horas de diferencia. Lo mismo ocurre con el este, donde cada meridiano supone una hora más que el anterior. El punto de encuentro entre los meridianos, y que supone el cambio entre sumar y restar horas, lo marca otro meridiano, conocido domo Antimeridiano. Bien, hasta aquí todo parece normal, no os estoy contando nada que no sepáis, pero el cambio horario también tiene un espacio en la historia. Vamos a comentarlo.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, pocos fueron los casos en los que la hora importaba. Las jornadas en todo el mundo venían marcadas por el sol, es decir, el día empezaba cuando salía el sol y acababa cuando se ponía. No se planteaba, excepto en algunos casos puntuales, el uso de las horas. Todo esto empezó a cambiar con la llegada de la industrialización al mundo a lo largo del siglo XIX. La aparición de las grandes fábricas obligaba a tener unos horarios bien marcados para los trabajadores y también para los propietarios de las mismas. Con dicha situación, en el año 1884 y por petición expresa del presidente de EEUU, se celebró en Washington la Conferencia Internacional del Meridiano, en la que se pretendía acordar la elección de un meridiano de referencia que marcase el inicio del sistema horario y la consiguiente unificación horaria mundial. En este encuentro, se acordó que la referencia la marcaría el Meridiano de Greenwich. A partir de entonces, el mundo quedó uniformado horariamente. Pero años después sucedió un hecho muy importante, en un lugar muy concreto, y que aún perdura actualmente.

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En la presente imagen, se puede apreciar el paso del Meridiano de Greenwich (en azul). También vemos los cambios horarios que se suceden a partir de dicho meridiano.

Nos vamos a situar ahora en el año 1940. Europa estaba sumida en la II Guerra Mundial,  las dictaduras militares de  Francisco Franco, Adolf Hitler y Benito Mussolini estaban en pleno apogeo. El dictador alemán y el italiano querían someter a Europa bajo su poder dictatorial (no sucedía lo mismo con Franco, ya que la dura posguerra limitaba su posibilidad de una acción militar abierta a favor del totalitarismo europeo). Las dos grandes dictaduras europeas, compartían en gran parte los fundamentos. Sus estructuras sociales, económicas y gubernamentales eran casi idénticas y el curso de la guerra les estaba dando a ambas un poder y una capacidad de unificación que el mundo no había vivido jamás. En ese momento, Francisco Franco, viendo el poder creciente del totalitarismo europeo y las similitudes que dichas dictaduras tenían con la suya, decidió tomar una serie de medidas a nivel político, con el único objetivo de unir lazos con sus colegas europeos.

El día 23 de Octubre de 1940, en la localidad francesa de Hendaya, tuvo lugar una reunión personal entre Francisco Franco y Adolf Hitler, donde se tomaron una serie de decisiones al gusto del dictador alemán. Se acordó el envío de tropas españolas al conflicto mundial (División Azul), la donación de armas a los alemanes y la promesa de un apoyo militar más amplio si Alemania lo necesitase. Pero posiblemente, la medida más sorprendente y que, pese a ser de las menos conocidas, tuvo más repercusión, fue que a partir de ese entonces España cambiaría su hora de forma permanente y pasaría a tener una hora menos, para equiparar así, su huso horario al de Alemania e Italia. Así pues, en el año 1940, España cambió su hora definitivamente y dejó de tener la hora que debería, acorde con su situación geográfica. Cuando las grandes dictaduras europeas cayeron tras la guerra, España continuó con la hora que Franco había adoptado en el año 1940

Francisco Franco Adolf Hitler Hendaya

Momento de encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya, antes de la reunión.

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Francisco Franco y Adolf Hitler durante la reunión en Hendaya.

Así pues, tal y como se ha explicado, España tiene aún hoy en día una hora que no le corresponde por su huso horario. El reloj de todos los habitantes del país está una hora más avanzado de lo que realmente le tocaría. La decisión de Franco perdura todavía en nuestros días y si bien es algo que no debe importar, creo personalmente que sí es necesario que todos sepamos que realmente somos el único país del mundo que no estamos en la hora que deberíamos estar. Los países más extensos del mundo tienen diferentes horas según el lugar del país pero, por su tamaño, España se encuentra dentro de un sólo un huso horario. La hora del país es diferente a la del resto de territorio del mismo, por tanto, si tenemos en cuenta la medición mundial partiendo de Greenwich, podemos afirmar que no sigue los patrones del resto de la población mundial.

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Mapa de los diferentes husos horarios en Europa.

En el mapa adjunto, se puede apreciar perfectamente lo que se ha explicado anteriormente. Como se puede ver, el color morado corresponde a la hora de referencia, es decir, la hora desde donde se empieza a contar. Se puede ver que la mayoría del territorio español está situado a la izquierda del Meridiano de Greenwich, pero el color del país no es morado, sino rojo. El color rojo simboliza los países que tienen una hora más que el territorio de referencia. Por tanto, se puede apreciar perfectamente que España tiene un color y por tanto una hora que no le pertenece siguiendo la partida del famoso meridiano. Se puede ver también lo que anteriormente se ha dicho: la hora de España sigue unificada con la de Italia y Alemania, entre otros. La muestra definitiva de todo esto, es que Portugal, pese a estar en la Península Ibérica, no tiene la misma hora que España, ya que en 1940, Portugal respetó su hora oficial.

La hora de España tiene también su espacio en la historia. Quién sabe si algún día en un futuro se decide retomar la hora que deberíamos tener, pero lo que está claro es que la decisión de Franco de hace más de 70 años sigue perdurando actualmente y que mucha gente no lo sabe. Por eso cuando viajamos a Lisboa o Londres debemos atrasar la hora, cuando la realidad es que lo deberíamos hacer al viajar a Berlín o Roma. Franco lo decidió así.

Aleix Romea Negre, historiador

Corregido y editado por Anna Huguet

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One Response to A buenas horas…

  1. kyrios24 says:

    Interesante historia, y no tenía ni idea..

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