Ciclo Terry Gilliam: Los Héroes del Tiempo

14461 Nuestros curiosos protagonistas.

Es curiosa la pésima traducción al español de la película, pues aparte de cambiar totalmente el significado de la película (de ladrones a héroes hay un trecho bastante considerable) nos aporta bastante sobre una de las características del cine de Terry Gilliam.

Y es que sus personajes principales, generalmente, nunca se tratan de héroes o personajes que tengan un alto sentido de la moralidad. De hecho en la película, somos meros espectadores de las peripecias de unos personajes que se mueven alrededor de la historia sin tratar de cambiarla (es decir, la misma interacción que tiene el espectador con la película) y que sólo buscan su propio enriquecimiento. En “Brazil” por ejemplo, el protagonista no era más que un funcionario inmerso en un futuro distópico claramente inspirado en la novela de George Orwell “1984”. En “El imaginario del Doctor Parnassus” también sucedía algo parecido. Y en “Tideland”, y “En el rey pescador”y etcétera.

Y es que Terry Gilliam es un tipo singular, como no podría ser de otra manera. Para ser un Monty Pithon hay que serlo, queda claro. Pero es que quizá Gilliam sea el más especial del grupo cómico (así que imaginad…). Recordemos que él fue el creador de aquellas míticas viñetas que hacían su aparición en el show televisivo (que o destetabas o amabas sin término medio) que creaban un mundo tan alucinante, surrealista y absurdo. También se trataba por ende, del miembro más plástico y pictórico. Todas estas características nos las encontramos en el noventa por ciento de su carrera, y por supuesto, en Los héroes del Tiempo. También la película contará con más elementos Pythonianos aparte de la dirección de Gilliam. Sin duda el humor que destila el film es seguramente su segunda inclusión. Ese humor tan corrosivo y caustico, que caracterizaba ya aquellas viñetas. Pero no sólo esto, sino también la participación en la película de algún que otro miembro de los Python, como el gran John Cleese (interpretando a Robin Hood). También aparece Sean Connery, en un papel más bien secundario, pero que borda con gran magnitud.

Imagen John Cleese en el papel de Robin Hood.

Como en otras películas, Terry Gilliam crea un mundo particular propio. Bueno para ser verdad no crea un único mundo, sino que elabora diversos. Y para ser más certeros debemos decir que los une todos en una mezcolanza que demuestra unas ganas de jugar y fantasear admirables. Todo es para Gilliam un pretexto para poder seguir desarrollando su imaginación y sus ganas de jugar, de hecho el pretexto de la situación familiar apenas dura dos minutos, pues el director se encarga de ventilar rápido una situación con la que no se siente nada augusto y que molesta al director. Y es que el propio niño podría ser perfectamente un álter ego de Terry Gilliam. La película no está destinada al público más pequeño (de hecho hay alguna que otra escena más bien cruda para los ojos de un niño) pero a la vez tiene un espíritu altamente infantil. Tampoco esto es nuevo, pues gran parte de las películas de Gilliam nos evocan las nostálgicas épocas de nuestra infancia. Por este motivo la película desarrolla un argumento casi calcado al de las películas que coquetean con la aventura y la fantasía. De hecho la música utilizada puede recordarnos perfectamente a otras películas del género.

Los ochenta y la imaginación, ¿casualidad? Para nada. En esta década surgieron ya muchas películas que al igual que los héroes del tiempo trataban de mostrarnos una serie de mundos imaginativos que permitían soñar al público más joven. En cierto sentido la película se acerca a este tipo de películas, como podría ser “La historia interminable”, “Dentro del laberinto” o “La princesa prometida”. También es cierto que sin llegar  a poder decir que la película es le reverso oscuro de aquellas, si es cierto que se trata de una de las más oscuras películas de la generación. No por el argumento, que no deja ser uno más calcado a las otras películas, sino por el tratamiento estético que realiza Gilliam sobre la película, elaborando ciertas partes más bien que llenan la composición de manera paroxística, como si Gilliam tuviera cierto miedo al Horror vacui, así como algunas soluciones oscuras (hay un momento de la película en que el tratamiento de la fotografía deja en suspensión el tratamiento de luz) y una interesante utilización de la niebla y la oscuridad.

Así pues Gilliam amolda a su gusto personal un mundo fantástico en que los elementos más curiosos y surrealistas harán su aparición. La historia no es más que una excusa, pues los elementos que vemos poca relación o intención de imitación tienen con su verdadero contexto histórico.

Time-Bandits-2 La fantasía y la oscuridad son dos constantes de la película.

6/10

Kyrios

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