Análisis Fílmico: The Brig (1964)

bRIG

Jonas Mekas no es un tipo corriente y obviamente su cine tampoco lo es. De hecho muchos opinan que más que exhibirse en cines o en salas de proyecciones, la obra de Mekas debe colocarse en museos. Seguramente en España su popularidad haya crecido después del proyecto que el CCB mantuvo con él. Se trataba de elaborar una serie de correspondencias fílmicas (a modo de carta filmada) entre otro director, en este caso Jose Luis Guerín (hay bastantes correlaciones entre estos dos, por cierto).

Lituano de origen, luego asentado en Estados Unidos. Jonas Mekas se acostumbra a englobar en lo que conocemos como Cine experimental, una etiqueta que obviamente no hace bien a nadie, pues resulta un concepto demasiado ambiguo y  que puede abarcar demasiados géneros y obras.

Pero si encontramos una línea persistente en la obra de Mekas se trata de su captación de la realidad. De hecho acostumbra ir acompañado siempre de su pequeña cámara, que constantemente registra lo que acontece a su alrededor. Entre esto y su peculiar aspecto (el sombrero y vestimenta que utiliza) nos podemos dar una idea de la peculiaridad del personaje. Pero, pese a eso, la película se distancia considerablemente de la obra de Mekas. Pese al verismo que encontramos en la película, se trata realmente de una construcción de los hechos, por tanto una ficción. Con la que el director ciertamente pretende hacer real al espectador, pero que se sirve de recursos cinematográficos y obviamente, de una planificación anterior.

Así pues, Nos distanciamos totalmente de obras como “As I Was Moving Ahead Ocassionallyy I saw Brief Glimpses Of Beauty” (película de una larga duración, en la que Mekas mostraba como indica el título, destellos de belleza de las diversas grabaciones que había elaborado durante toda su vida, con su cámara-ojo que todo lo capta).

The Brig,La película,  capta un día en la vida de unos marines norteamericanos encarcelados por su propio ejército. Durante los 54 minutos de duración lo único que observamos es la rutinaria y particular tortura a la que se ven sometidos los soldados por parte de sus superiores. Mekas ya mete mano en la película, con diferentes cortes que dan una idea de manipulación cinematográfica, así como otros recursos (como dividir la película en diferentes tramos temporales, indicados mediante intertitulos que nos dan la idea de la hora, pues al ver siempre la misma sala  nunca nos damos cuenta del temporal que sucede alrededor). La cámara se sitúa entre los soldados y sus superiores y se dedica a registrar la vida cotidiana del campo (excepto en los momentos dionisíacos  en los que se entromete y se mueve como un soldado frenético más).

Un recurso muy interesante es el constante sonido del que hace acopio Mekas en la película. El sonido fue captado al mismo momento que la imagen (no hay postproducción de sonido, no entraría con la concepción de Mekas) y esto produce una tremenda sensación de realidad. El espectador pocas veces toma consciencia de lo que realmente tiene delante se trata de una ficción, sino que realmente lo asimila a una obra documental que nos muestra unos hechos verídicos. También hay que indicar dos cosas, primera que es el objetivo principal de Mekas. Y segundo que para ello se sirve de una trama totalmente monótona y rutinaria .Como por otra parte, lo son los mismos castigos que reciben los soldados, obviamente.

BRIG-GAUPTWACHT El orden es algo fundamental para los superiores del ejército. Además con la simetría y las órdenes directas logran destruir la consciencia individual y anular la personalidad del marine.

Pero no sólo esto, sino que Mekas dinamita constantemente la película, utilizando el sonido como si fuera pólvora. Casi no hay momentos de silencio en la película, porque precisamente lo que interesa a Mekas es mostrarnos el constante agobio y ajetreo que acontece entre las paredes de la cárcel y sobretodo, ensalzar la férrea figura del superior. Este se trata del único personaje que puede someter a voluntad a los diferentes hombres y por ello el sonido e incluso los cánticos guturales que imprime son de vital importancia. De hecho muchas veces el film confunde el propio sonido de las voces, porque realmente no intenta elaborar una trama dialogada, sino que lo que interesa al director es mostrarnos el delirio de cantos que pueden provocar más de un dolor de cabeza. Precisamente porque hay momentos en la película que se podrían confundir perfectamente con una danza ritual. De repente la situación es calmada (entre comillas) y al momento todo se vuelve caos y ajetreo. Un vals del caos perfecto.

También la utilización de la fotografía es destacable. No hay una intención de ensalzar ni idealizar nada, sino simplemente de mostrar la decadente escena en la que se sitúan los hechos. En el 1964, evidentemente ya existía la fotografía color, pero seguramente utilizar una gama cromática para la película habría podido convertirse en una distracción para el espectador.

No es una obra para todos los públicos ni mucho menos. Se trata de una interesante película que nos muestra la crudeza de la situación.

6/10

Kyrios

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