Análisis Fílmico: Otello (1986)

Otello

Franco Zeffirelli es un director italiano bastante interesante, pese a que quizá peque de una fama poco reconocida más allá de las fronteras italianas. Otello mismo, pese al considerable éxito que tuvo en la época de su estreno, 1986, siendo nominada a la palma de oro en Cannes, ha sido olvidada con el paso del tiempo. Seguramente también juegue un papel negativo el hecho de que al ser una ópera cantada totalmente en italiano (y por tanto inexportable en otros países) haya tenido parte de culpa. De todas maneras no es la única incursión que realiza Zeffirelli en el género operístico (también ha realizado “La traviata”) ni la única que realizaría en honor a Shakesperare (recordemos “Hamlet” de 1990) sin duda a Zeffirelli le gusta moverse en este tipo de ámbitos. Evidentemente la película comprime la historia, pues las óperas pueden llegar a tener una duración mucho más amplia que una película corriente. De hecho sólo hace falta que pensemos en las monumentales obras de Wagner, que llegan hasta las seis horas o más de duración.

La película cuenta a su favor con grandes bazas. La música de Giuseppe Verdi es sin duda la más influyente (la película es una versión de la ópera estrenada en el 1886 por el italiano). Pero a la vez la historia está basada en una obra dramatúrgica del maestro inglés, William Shakespeare, la mítica Ottello. Seguramente a esto se le conozca cómo jugar sobre seguro. Pero además tenemos a Plácido Domingo, uno de los tres tenores, como actor principal de esta obra, realizando el papel del moro Otello.

JustinoDiaz_IagoZeffirelli2 Plácido Domingo y Justino Díaz, dos músicos excepcionales.

De todas maneras la película puede ser injustamente tratada de ser una simple versión grabada de la ópera (los ataques a este tipo de películas siempre vienen del mismo frente) lo que se trataría de una mentira considerable, pues la película cuenta con un valor cinematográfico que traspasa las barreras del espectáculo filmado. Por ejemplo esa maravillosa sensación de apertura, con esa espectacular tormenta (y sin embargo no engaña a nadie pues ya sabemos que se trata de un engaño teatral) y sus travellings horizontales llenos de fuerza y rabia, que nos muestran la llegada del héroe triunfante Otello. También es interesante destacar el efecto que se realiza con la iluminación, la película goza de unos tonos azulados muy interesantes, que utiliza el director ara resaltar ciertos momentos. Además se sirve para orientar el foco de luz desde aperturas exteriores, y es por estos sitios desde donde Zeffirelli nos evoca el carácter teatral de toda la obra. También es remarcable el sueño de Cassio, donde podemos observar este recurso en todo su esplendor.

Aún así, es evidente que el peso teatral es importante. Pero Zeffirelli ha sabido jugar y evitar bien el envite. El director complemente bien los diferentes decorados interiores con algún que otro momento que nos libera del ahogamiento barroco de sus imágenes. La pieza es más que densa y la atmósfera puede cortarse con un cuchillo, por eso es recomendable avisar al espectador de lo que se va a encontrar antes de que cometa la imprudencia de embarcarse en Otello. Verdi no es Wagner, pero es cierto que puede resultar una obra harto farragosa.

Los cellos de Otello, quién se cree engañado por su mujer (cuando en realidad se trata de una estratagema de Yago) son el eje central de la película. La mayoría de estos se resuelven con espectaculares momentos de soledad y arias llenas de frustración y de dolor por parte de Otello. No hace falta decir que Domingo cumple con una perfección absoluta. El carácter introspectivo de estas arias, así como la tortura psicológica que realiza el propio Otello durante la obra es plasmado con una intensidad dramática muy bien llevada, tanto por actor como por director. Durante estos momentos el decorado se complementa perfectamente con estos ataques de locura, volviéndose y cerrándose a sí mismo, como lo hace el personaje de Otello. La fría triste y dura que se podrían identificar con el mismo personaje, así como para Desdémona, se utiliza un tono totalmente diferente.

Si Domingo cumple las expectativas sobradamente, no lo hace peor Justino Díaz interpretando al malvado Yago. Además de realizar una compleja tarea musical es capaz de dotar al personaje de todos los matices que se le exigen, elaborando un pérfido y malvado villano. Una de las escenas más destacables es aquella en la que se declara un ateo mediante una maravillosa aria.

Y También la religiosidad cumple un papel importante, añadiendo a la película una calidad trascendental que de otra manera no conseguiría en la película. La obra rebosa de un misticismo y un lirismo muy interesante, que hacen que la película consiga una aureola romántica (recordemos el momento en que trabaja Verdi), que va más allá del tema y el acabamiento final.

Evidentemente el vestuario, así como los decorados son excepcionales. No en vano la película fue nominada a los Oscar como mejor vestuario.

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