Análisis Fílmico: La habitación Blanca

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Antonio Mercero nos entrega un mediometraje casi perfecto con su Habitación Blanca. Una película de terror de las que no se hacen, y eso que la obra está realizada en el año 2000, pero sin duda la obra ofrece unos tintes que recuerdan a terror más añejo y por supuesto la película hace referencia también a la propia trayectoria de Mercero.

Algunos críticos han tachado injustamente la película como una simple continuación de “La cabina”, una de las películas cúspide de la obra de Mercero. Evidentemente la película comparte aparte del tono, cierto género con la obra, pero también son obras bastante diferenciadas. “La cabina” sin duda se trataba de una película que contenía una carga muy crítica y ácida a la sociedad represiva de la época, que impedía cualquier tipo de expresión y que reprimía al ciudadano (por ese motivo se forma un discurso entre la incomunicación del personaje y su situación con el mundo externo). La habitación blanca también comparte un mensaje crítico, pero se trata de una visión más cercana al género de terror y al arte más alejado del mensaje que a la carga crítica  de su anterior película.

Fernando es un burgués de clase alta que disfruta (relativamente) de su nuevo regalo, una nueva televisión de pantalla de plasma con la que podrá ver más de 500 canales. Fernando tiene una familia, tres hijos y trabaja en el sector bursátil. Está claro pues sobre quien dirige Mercero su crítica y es aquí donde encontramos el mensaje soterrado de la película, que atacará la infeliz (pese a que pueda parecer lo contrario)  vida del personaje, así como el sistema de vida del capitalismo feroz, que aliena al hombre y le deja sin posibilidad de compartir sus miedos con los demás.

Antonio m El protagonista principal probando su nueva televisión.

Después de que la familia se marche de vacaciones, Fernando se quedará sólo durante una semana. O eso cree él, porque la televisión se irá encendiendo sola en los momentos en que el personaje no está en casa. El seguimiento que hará el personaje para  conseguir saber los motivos que hay detrás de este fenómeno aparentemente paranormal, será el eje de la película.

No es cualquier programa el que proyecta la televisión. Una habitación blanca (obviamente de aquí viene el título de la película) de la cúal viene una misteriosa música que se acerca bastante a lo siniestro. Estos momentos se repetirán durante todas las veces que la televisión se enciende, un recurso muy interesante del que se sirve Mercero para crear un tema y una atmósfera muy especial. Es aquí cuando me referí a que la obra se acerca más al terror de los 60 y 70 que a los cánones más actuales. La película no recurre en ningún momento a la utilización de sangre, vísceras o demás para conseguir infundir miedo al espectador. Y sin embargo lo consigue a la perfección, con la única representación de una música y unas imágenes. Mercero crea un leimotiv terrorífico que pondrá la piel de gallina al espectador inquieto.

El burgués se cierra en si mismo y en su mundo y evita el contacto con el mundo exterior, se evade totalmente de este, pues cree confiar en los nuevos medios tecnológicos para conseguir la distracción necesaria con la que puede subsistir después de una larga jornada de trabajo. Sin embargo en la película se gira esta situación, de tal manera que la tecnología (y cabe decir que el ordenador se convierte en símbolo del mal al final de la película) es el reverso oscuro del significado principal que en teoría se le otorga.

También la locura hace acto de presencia. Nuestro protagonista principal acabará cayendo en una auténtica vorágine de terror que le sumirá en un estado de delirio perpetuo. La película refleja en el estado físico del personaje, los procesos psicológicos a los que le lleva la tortura del aparato televisisvo. Obviamente sus amigos, compañeros de profesión (Mercero también se servirá de estos personajes secundarios para atacar estos estamentos) tardarán en creerlo.

El director opta por encuadres clásicos, pocos movimientos de cámara (y los que hay no son para nada agitados, sino que más bien la cámara deambula lentamente de un lado a otro) o mejor dicho los necesarios. Mercero no es partidario del desenfreno formal, sino que opta por una contención formalística que acabará creando una tensión que irá en Crescendo, porque se confrontará con la propia tensión del personaje que esta si es revelada.

Una película muy interesante que nos demuestra que aún encontramos obras muy interesantes en el género, y que no hace falta ni irse al otro lado del charco para encontrarlas.

6/10

Kyrios

 

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