Ciclo Eisenstein: La Huelga

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Eisentein es conocido en la historia del cine por estar considerado como el padre del montaje moderno. La obra que mejor refleja los avances teóricos del director soviético es seguramente “El Acorazado Potemkin” hecha en celebración de los diez años de la revolución rusa. Sin embargo en una película como la Huelga, realizada tres años antes de el acorazado, Eisenstein ya realiza unos avances muy interesantes en esta faceta, sobre todo en los momentos dramáticos de máxima tensión, y en ese final tan interesante en el que se avanza a conceptos que aún no estaban del todo madurados.

La película, como indica el propio título, nos cuenta el desarrollo de una huelga en la época presoviética. No es extraño que se use esta etapa ya que en plena construcción del imperio soviético se recurrían a historias justo antes del estallido de la revolución, para levantar el ánimo del proletariado (pese a que la mayoría de las películas del director nunca gozaron de un éxito apabullante, en contraposición a comedias o películas mucho más simples). Esta tónica la podemos ver observando la propia carrera de Eisenstein. Incluso años más tarde, en plena segunda guerra mundial, realizará un interesante paralelismo entre la figura de Stalin y la de Iván de Rusia, el mítico Zar, en la película del mismo nombre.

6320961674_9598d075b8Fotograma de los obreros, en brazos cruzados y con actitud de continuar la huelga. Se ver perfectamente la yuxtaposición de fotogramas que realiza el director.

Temáticamente la película sigue más o menos las constantes que posteriormente se desarrollarán en la filmografía del director. Estructurada en seis partes y de manera cronológica, el director nos muestra la evolución de una huelga, desde el estallido inicial hasta la represión brutal de las fuerzas zaristas. El argumento o la trama lineal no es lo más característico en el cine de Eisenstein, y tampoco lo es en esta película. La evolución de la huelga sigue los esquemas más convencionales y no resulta novedosa, sin embargo, en la creación de personajes y desarrollo de algunas situaciones, demuestran que el director se maneja como pez en el agua.

Como viene siendo habitual, el pueblo sale retratado en conjunto, sin que apenas los personajes se puedan identificar individualmente. No hace falta decir que esto era intrínseco del gobierno soviético. Así podemos ver como durante el inicio de la huelga los trabajadores se unen para tirar al barro a su patrón, sin que apenas destaque ninguno. Solamente Eisentein hace relucir a un  líder, (Como en “Octubre” hacía con Lenin) pero también tiene una justificación argumental, pues posteriormente será sobornado (o lo intentarán). En cambio, los personajes más opulentos, a los que la película se elige como un certero dardo, si son personificados. Tenemos aparte del patrón de la fábrica, que sale definido como un mero bufón, a los máximos empresarios de la fábrica, que mediante la puesta en escena (que bebe mucho de la influencia teatral por otra parte) el director se encarga de definir. Puro y champán y demás. Una secuencia para el recuerdo es aquella en que un máximo mandatario se ensucia con su copa y se limpia el zapato con las exigencias de los obreros, un gesto que no necesita ninguna palabra para emocionarnos.

images (5) Imagen del animal tendido, antes de su desenlace fatal.

Además la película tiene cierto carácter de universalidad. Es cierto que podemos ubicar la película en tierras soviéticas, pero Eisenstein difumina muy bien la localización así como la trama, para que la película pase del concreto al abstracto. De tal manera que la historia puede entenderse perfectamente, pese al substrato social o cultural del espectador. Por eso mismo, ver la película ochenta años después sigue siendo un interesante viaje.

Por otra parte, técnicamente es una auténtica delicia y realmente es aquí donde el director consigue situar la película en un rango superior a otras coetáneas. Con el colaborador que más tarde sería uno de sus inseparables, Eduard Tissé, Se compone una maravillosa fotografía. Además la película explora en varias ocasiones el juego de translucir un fotograma con otro, por ejemplo en una secuencia maravillosa en la que tres obreros miran a cámara mientras se entrevé una maquinaria que se detiene: La huelga ha empezado.

También, nada más empezar la película, podemos observar como los con el texto de los interludios, Eisenstein realiza un interesante juego en el que hace girar las letras de los rótulos. Así como cuando nos presenta a los diversos infiltrados en la fábrica, en la que podemos observar muy bien la técnica de la trasparentación de fotogramas.

Sin embargo es en el montaje donde la película alcanza sus máximas cotas de brillantez. Eisenstein aún no era el genio que demostraría posteriormente, pero es interesante como sus ideas ya iban evolucionando hacia el futuro. Si en la mítica escena de la escalera de “El acorazado Potemkin” teníamos una intercalación brutal de planos, para que este ritmo creará en el espectador una sensación de fuerza y rapidez que le hiciera tambalearse ante tanta conmoción, en La huelga vemos una situación parecida. Por eso mismo vemos una gran intercalación de planos durante las diversas acciones dramáticas que suceden en la película, especialmente en el asalto a la huelga o en la persecución final de la policía. Sin embargo a Eisesntein aún le faltaba acabar de delinear este asunto, porque aún hay momentos en que el ritmo de Crescendo que adquieren los planos unidos entre sí es estropeado por alguno que otro, que se cuela y corta el ritmo interno de los demás.

¿Pero estaba el público, no ya soviético, sino mundial, para entender los conceptos que planteaba Einstein en sus películas? Seguramente el final nos demuestre el genio tan avanzado que resultaba el director para su época. Mientras vemos a la policía perseguir una gran cantidad de gente que huye despavorida en medio de la represión, el director intercala de manera muy inteligente las escenas de un matadero, donde se degüellan  a unas reses. Evidentemente estos planos no tienen nada que ver ni temporalmente ni en argumento con lo que está sucediendo en la trama, pero el director los utiliza para realizar a manera de correlación entre la matanza de la policía y la de las reses. Una utilización del montaje que posteriormente, en otras películas acabaría de definir y que su uso es tan corriente hoy en día, que apenas nos sorprende.

 

 

7/10

Kyrios

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