Análisis Fílmico: Lola

lola

Brillante Mendoza es una de las figuras internacionales más interesantes del panorama cinematográfico actual. Pese a tratarse de un autor nacido en un país con poca tradición cinematográfica, ha sabido abrirse paso en el cine a grandes pasos.

La secuencia de apertura de la película ya es una perfecta síntesis de la película y sirve para hacernos una idea de lo que el espectador tiene entre manos. Se puede destacar sin duda el hiperrealismo de la fotografía, con la que se inicia la película. De hecho puede darnos la sensación de que lo que tenemos delante es un documental  sobre tierras asiáticas. Sensación que se desvanece rápidamente, pues Brillante Mendoza es un director de cabo a rabo.

Lo que no quita ciertamente, para que podamos relacionar la película  con el cine más realista. La primera imagen que me vino a la cabeza después de ver la película fue la del movimiento Neorrealista italiano, aunque es cierto que obviamente hay un trecho considerable, entre las dos maneras de entender el cine. Mendoza claramente busca una tendencia realista para la película. De hecho la veracidad de la película es una máxima que la película trata de captar. Aparte de una fotografía que trata en pocos momentos de ocultar la realidad (así pues, podemos decir que la cámara actúa como un ojo que se introduce en la vida de nuestros protagonistas de manera muy personal, de hecho rozando el voyeurismo), tenemos también otros elementos que ayudan a crear un  realismo.

images (7) Nuestra protagonista  principal

La historia por ejemplo. No esperen después de leer la sinopsis algo de intriga o una confrontación porque no la van a encontrar. Se aleja del planteamiento que Mendoza busca para la película. De hecho uno leyendo el argumento previo puede pensar que se va a realizar una confrontación entre las dos abuelas, cuando en realidad los conceptos de bien y del mal quedan totalmente difuminados. Por otra parte el director deja la mayoría de personajes en silencio, reduciendo gran parte de los diálogos. Que no quiere decir ni mucho menos que deje la película en silencio, porque el ruido es otro elemento que también está presente. Para captar la sensación de abandono en la que se encuentra nuestra protagonista, el director en gran parte recurre a la utilización de sonidos (tanto naturales como artificiales) que producen una asociación con lo mecánico y repetitivo, de tal manera que crea una densa atmósfera que singulariza la película. No sólo Mendoza se sirve de la lluvia, sino que también el ajetreo de la gran ciudad es protagonista. Pocas veces el director se sirve de la música, más que escenas contadas en las que realmente intenta trascender el mundo realista, para llegar a una auténtica poética. Y a fe que lo consigue. De hecho la escena de las barcas en la que el director acompaña la marcha de las embarcaciones por la ciudad se trata de una escena que goza de una gran belleza.

Para acercarse plásticamente al realismo, Mendoza recurre en casi toda parte del metraje a la cámara en mano. Se acerca directamente a nuestros protagonistas y apenas los deja sólo. Además la cámara no se queda quieta en ningún momento, ni siquiera cuando el plano está cerrado, porque se balance de manera vacilante como si estuviera sujetada por el mismo Mendoza. Que esto no quiere decir que el director siga siempre la misma manera, sino que en diversos momentos observamos alguna que otra composición mucho más compleja

LOLA-dirBrillanteMendoza El director Brillante Mendoza, seguramente uno de los directores del futuro.

Lo que si nos muestra la película de una manera magistral, es el abandonamiento que el mundo ha realizado sobre las abuelas protagonistas. Como en la película de Kiarostami, “¿Dónde está la casa de mi amigo?”  o en “El proceso” de Orson Welles, la solitud de los personajes es total y absoluta. Nos encontramos en un mundo cruel que se gira constantemente ante nuestros protagonistas. No es sólo como algunos han comentado una crítica al lento funcionariado, sino que la película va mucho más allá de trabas administrativas. Para más Inri fijémonos en la escena en que la anciana en barca pasa casa por casa para pedir algo de dinero. Nadie en mundo tan moderno y lleno de ruido y velocidad pierde un minuto de tiempo para hacer caso a nuestras ancianas. Y eso que en los interiores vemos una lentitud burocrática más que exasperante. Además son, pese a su edad, estas mujeres ancianas las que tienen que llevar adelante su familia, cosa que resulta aún totalmente más degradante, pues pese a la vejez no se deja ni un momento de paz para ellas.

7/10

Kyrios

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