Análisis Fílmico: El Knack…y cómo conseguirlo

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El Knack y cómo conseguirlo se trata de uno de los soplos de aire frescos más ligeros de los años sesenta. La película no sólo es una brillante comedia sino que es la obra que mejor eco se hace de la liberación sexual que se abría en la sociedad británica en aquellos años. Además, a la par que el Free Cinema, la obra de Lester, el director, supuso una apertura formal para el cine de las islas.

No busquen un argumento sólido o una trama que contenga algún elemento lógico. Lester difumina totalmente la historia, haciendo que el surrealismo sea casi imperante. No sólo es que la trama de la película esta casi disuelta en una nimia historia (apenas cuatro personajes forman parte de la obra), sino que los mismos diálogos reflejan muy bien la acidez que imprime Lester en la película, así como el montaje, que mezcla imágenes sorprendentes e incluso durante diversos momentos, contradictorias, con un agresivo montaje en que frenéticas imágenes se entremezclan.

¿De que Va The Snack…Y como conseguirlo? Encontramos muchas semejanzas con el cine Beatle, que Lester realizó también en los sesenta. The Knack es una oda hacia la banalidad y el mundo más terrenal, un canto juvenil en el que la vida se ve como algo que merece ser disfrutado.  Apenas el pesimismo invade, la película, pues se trata de un absoluto himno hacia la jovialidad. De hecho el mundo juvenil de la película se confronta en diversos momentos con Lester pretende romper con todos los estamentos imperantes, así como la supuesta moral que habitaba durante tanto tiempo en UK, y que ya empezaba a resquebrajarse. Lester es al cine, lo que la falda supuso a la sociedad. Dentro de lo cómico, Lester transfigura el humor típicamente británico, hacía un mundo mucho más anárquico.

images Nuestra joven protagonista, interpretada por Rita Tushingham.

La historia es bastante simple. Nuestro protagonista principal, Colin, un auténtico inexperto ante temas amorosos, decide  ponerse al día, y para ello recurre a los consejos de su amigo, un auténtico Don Juan. Todo quedará en un trío, cuando aparezca una perdida mujer de fuera de la ciudad, que será cortejada por ambos contendientes. Y ya está. No es realmente remarcable en este aspecto la película. Evidentemente, tampoco lo pretende. La película se aleja de la prepotencia de un argumento más elaborado, para centrarse en una historia poco recargada.

En lo que sí es un auténtico genio Lester, es en saber crear una auténtica atmósfera que goza de una gran singularidad. El director utiliza muchos recursos para ayudarse a crear este ambiente surrealista. Una de las grandes bazas de la película, es como Lester ha sido capaz de rodar la urbe en toda su modernidad. Por ella desfilan todo tipo de personajes, voces en off que se entrecruzan con la del personaje principal, cambios de plano que muestran un desequilibrio constante…También la velocidad, el frenético ritmo de la ciudad se ha captado. Todo aparece como un cóctel que se mezcla y que es tapado con tal de que no rezume a borbotones. El surrealismo queda destapado en gran cantidad de imágenes, mención especial a la secuencia en que los protagonistas traen con ellos una cama, mientras juegan de absurda manera con ella, una imagen que nos puede recordar otras obras del mismo Richard Lester.

Que significa una total ruptura y que se hace eco de esta nueva moralidad que empieza a surgir en Inglaterra queda muy patente en los diálogos. Frescos, cortos y pronunciados con rapidez, la película no tiene en ningún reparo a realizar alusiones a elementos sexuales. De hecho se juega bastante con la palabra de Violación, en una secuencia jocosa, lo que muestra el atrevimiento de la propuesta. Pese a que la película pueda parecer y pecar de carácter sexista (por dar a la mujer un papel más secundario y a veces dar la sensación de ser un objeto que pasa a ser un elemento pasivo de la acción), nada más lejos de la realidad, pues la obra en que está basada en la película está escrita por una autora.

La música, compuesta por el mítico compositor del tema de James Bond, John Barry, elabora una partitura que se une perfectamente con el tono de la película, recurriendo al Jazz más intrascendente, la música se convierte en un instrumento ligero con el que el director se ayuda a construir el escenario de la película.

6/10

Kyrios

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