Análisis Fílmico: El fotógrafo del pánico

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Se inicia la película con un plano fijo que demuestra la capacidad de Michael Powell para elaborar una compleja puesta en escena. El plano además, es un guiño hacia la obra pictórica de Edward Hopper, uno de los mejores pintores norteamericanos del Siglo XX. La película jugará constantemente a recrear ciertas partes de la pintura de Hopper, por otra parte. De todas maneras, la secuencia de apertura es una entrada perfecta para la película, y es una síntesis perfecta de lo que el espectador va a encontrarse en la obra. Un plano subjetivo de nuestro protagonista, punto de vista que es compartido por el uso de una cámara que utiliza nuestro personaje principal y que nos sirve para delatar un atroz crimen que él comete.

No tranquilos, no os he estropeado ni el principio ni el final. A diferencia de películas, como podría ser “Psicosis” de Hitchcock (no en vano comparten el mismo año de producción) la intriga es desvelada en el primer momento. A Powell el misterio y la tensión no le interesan en  tanto como lo podemos entender de manera tradicional, es decir, Powell no crea un discurso en torno a descubrir el asesino de la película o a una investigación criminal, ni nada por el estilo. A diferencia de ello, el perfil psicológico de nuestro protagonista, así como la tensión que se va a produciendo a medida que los hechos avanzan y vemos hacía donde se va dirigiendo la película, una redención casi imposible de nuestro protagonista o el trágico desenlace que supondría el fin de todo. Es ahí donde radica el quid de la cuestión.

images El plano subjetivo es una de las máxime de la película

Pero más allá de este recurso argumental, que evidentemente tiene un valor por desmarcarse de la tendencia habitual, una de las cosas más destacables de la película es precisamente el detalle que hace la película sobre nuestro protagonista principal. Y es que nos encontramos ante un auténtico perturbado, que sin embargo, es el protagonista absoluto de la película. Nuestro hombre tiene uno de los perfiles psicológicos más interesantes de la historia del cine, seguramente porque Powell con la película está poniendo toda la carne en el asador e incluso está añadiendo parte de su propia biografía en la película.

Y es que es un canto al cine. Pero de manera totalmente desgarradora y diferente a la esperada. Nuestro personaje es un auténtico obseso por la captación y los procesos fílmicos del cine. El poder captar el rostro del miedo en una cinta (la secuencia final en que se hace hincapié en el misterio de cómo aterrorizaba a sus víctimas resulta revelador y también pone la piel de gallina) es lo que le obsesiona. El guión analiza de manera muy interesante los procesos de locura que llevan a nuestro personaje a acabar de tal manera. Es interesante también, porque si volvemos a comparar la película con “Psicosis” (sin obviamente desmerecer la obra maestra del gran Hithcock) veremos que los análisis psicológicos son bastante diferentes y mientras en “Psicosis” se utiliza la explicación científica como un apéndice final que sólo sirve para justificar los actos criminales del protagonista, ciertamente en El fotógrafo del pánico encontramos como estos procesos oscuros quedan mucho mejor definidos, en parte por la atmósfera decadente y oscura que el director es capaz de imprimir.

Como ya comentaba la implicación de Powell con la película es algo que le lleva al terreno más personal. No sólo es que el propio Powell aparezca en la película apareciendo justamente como el padre torturador de su hijo que lo filma constantemente, sino que el propio hijo de Powell hace el papel de protagonista cuando este era pequeño. Las relaciones son más que evidentes, porque Powell quiere una implicación personal absoluta. Y es que la película trata de la elaboración y de los medios cinematográficos de manera muy amplia.

De hecho la trama podríamos decir que gira en torno a la locura del cine y de los procesos fílmicos. Haciendo un paralelismo poco ortodoxo, en cierta manera se relaciona con la locura que observamos en la película “Arrebato” del director español maldito Iván Zulueta. Al igual que en aquella obra, la cámara se convierte en algo más que un simple apéndice de nuestro protagonista, sino que adquiere una relación totalmente torturadora y esclavista con él. Nuestro protagonista no puede desengancharse ni un solo momento de la cámara que siempre lleva con él, porque pretende analizar y grabarlo absolutamente todo (de hecho hay una secuencia magnífica en que el protagonista, después de un desencuentro amoroso, se graba sus propias lágrimas). Es decir, la cámara se convierte en un ente con vida propia que puede llegar a dominar al propio usuario. Por este motivo Powell le da tanta importancia a los planos subjetivos de la propia cámara.

peepingtom2 El personaje psicópata, observando sus propias obras.

Esta relación intentará llevarse a una redención, cuando el hombre conozca a una vecina, que intentará acercarse a él y tratar de ayudarlo. La mujer pues aparece como un ser redentor, que trata de ayudar por todos los medios a nuestro personaje principal.

Es una película altamente oscura y no apta para todo tipo de públicos. Pese a realizarse en los sesenta, su vigencia es más actual que nunca. Además en cierto sentido la película antecede lo que sería la explosión del subgénero de terror del slasher.

También hay que destacar un aspecto fundamental de la película, la elaborado fotografía de la película. Powell elabora una serie de gamas cromáticas que dejan al espectador totalmente boquiabierto. No sólo ya es las múltiples referencias que la fotografía realiza hacia la pintura de Edward Hopper, sino que es realmente increíble como llega a explotar todas las posibilidades formales de la película. Múltiples focos de luz que iluminan toda la pantalla, pero no de manera uniforme, sino que se compone un mosaico lleno de color que da una magia tremenda a la película. Eso en algunos momentos, porque en otros el director es capaz de focalizar la luz de una manera especial y sorprendente. Sólo hay que ver las tremendas secuencias en el laboratorio para darse cuenta de la importancia que la luz tiene en la película.

Otro aspecto muy interesante es el propio tema metacinematográfico. No sólo las ya comentadas referencias que la película realiza en el argumento, sino las propias obras que el director dentro de la película trata de realizar. Películas que entroncan con películas tan posteriores y actuales como “The Ring” o “Sinister”. El cine dentro del cine. Pero no un cine cualquiera, sino que las películas que el propio director muestra de sus asesinatos reales son en cierta parte mostradas en la pantalla (también la película sabe jugar con mostrar algunas cosas y dejar que  la imaginación complete otras). Un auténtico cuento de los horrores para una película ciertamente infravalorada.

images (1) Nuestro protagonista es un auténtico coleccionista de fotogramas del más puro terror.

9/10

Kyrios

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