Análisis fílmico: Celda 211

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El cine español últimamente está de enhorabuena. Pese al tremendo declive que causará la crisis económica a este sector, la industria dejó muestras de una buena generación de directores. Esta nueva sangre, encabezada por hombres como Juan Alberto Bayona, Jaume Balagueró, Luis Alberto Guerín o Gullem Morales, ha conseguido, de alguna manera, revitalizar las esperanzas en un sector en el que la gente se acostumbraba mucho a criticar más que a visualizar con encanto sus películas.

El thriller es quien más se ha beneficiado de esta nueva tendencia. Desde la irrupción de una muy buena cinta como es La caja 507 (2002, Urbizu), han aparecido largometrajes de todo tipo en este género. Uno de ellos es la cinta de Daniel Monzón, Celda 211, que pese a sus fallos consiguió aunar la crítica y el público en un alegato de euforia. Pero, ¿qué tenía esta cinta para llegar tan alto?

En un thriller carcelario como en este caso, lo importante es conseguir realismo. Parece que Monzón lo logra muy a la española, donde los personajes son creíbles desde su brutalidad. No son para nada tan sutiles como los americanos, no. Estos presos tienen muy mala leche y no se andan de rositas. Y esto lo vive el protagonista en primer plano y él mismo nos introduce en ese sitio.

Pero, cómo no, los protagonistas también son humanos. Quizás esta línea también hace que nos integremos en la historia, puesto que tras mostrarnos su crueldad también se nos muestra que tienen un lado agradable, incluso un Malamadre interpretado de lujo por Luis Tosar.

A parte de esto, tenemos en su global una película carcelaria de buena factura y con una lógica. Por desgracia, hay momentos en que la credibilidad del relato se resiente. ¿Ganó un Goya merecidamente? Sí, por supuesto, porque una relación como la de Malamadre y el protagonista funcionan bien. La pena es que hay momentos de un nivel tremendo (especialmente entre policías y reclusos), pero otros que no tienen ni la misma potencia ni la misma credibilidad. Quizás porque se acerca mucho a la imagen del cine carcelario americano en vez de al español.

Con Celda 211 hay un realismo muy bueno. Tanto en montaje, como en guión, como en personajes. Y sí, funciona de perlas. Por desgracia, no es una película que creamos desde el minuto 1 hasta el último, y es que hay partes que funcionan más y partes que funcionan menos. Pero en su experiencia global hay un buen relato, unos minutos que valen por sí mismos.

PD: Por cierto, hay que decir que hay dos elementos que ayudan a darnos el motivo por el que ganó un Goya. El primero, la historia de la famosa celda 211; el segundo, por su final y la progresión del protagonista. Lo dicho, merece un vistazo.

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