Análisis Fílmico: Killer Joe

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No han sido pocos los que no han entendido la última película de William Friedkin, Killer Joe, estrenada en el año 2011. Algunos como Kyle Smith, reportero del New York Smith la compara con obras de Tarantino. Habría de dejarse bien claro, que Friedkin empezó en el cine mucho antes que el postmodernismo se pusiera de moda en el cine (y evidentemente, mucho antes que Tarantino), y que su objetivo para la película no era ni mucho menos realizar una película parecida a las obras de Quentin.

El director de mitos como “El exorcista” nos propone una atrevida propuesta. Tanto, que dejará a muchos con un sabor agrio y amargo. No le interesa tanto a Friedkin la historia como los personajes, muy individualizados todos y con un carácter muy singular.

Padre e hijo deciden urdir un plan para matar a su madre y exmujer (la misma mujer, que por otra parte apenas aparece en una escena en la película y ya cadáver), a la que no tienen mucho apego. Para ello decidirán contar con un asesino a sueldo llamado Joe e interpretado por Matthew McConaughey. A partir de ahí los hechos se desarrollarán de una manera parecida a otras obras que nos pueden recordar películas como “Un plan Sencillo” de Sam Raimi o “Aflicción” de Paul Schrader. Las notas de bajo (la música discordante y llena de cuerdas que tocan a un ritmo descompasado que los demás instrumentos nos señalan muy bien ese tono de ruptura del film) que nos introducen la película nos definen muy bien la esencia de la película, estamos ante una revisión de las clásicas películas del cine negro, pasadas esta vez por dos filtros, el de nuestro tiempo y la mirada personal y propia de Friedkin. El director deja las idealizaciones atrás para presentarnos una trama y unos personajes que apenas saben cómo cometer el crimen, precisamente porque distan mucho de parecerse a los gánsteres tradicionales y podríamos decir perfectamente que son más unos pringados que otra cosa. Así a veces la película da la sensación de que la historia evoluciona a bandazos, precisamente porque no todo el plan que se teje va como la seda, al contrario, hay más chapuzas que otra cosa. Historia casi anecdótica y minimalista por otra parte, o por lo menos el enfoque que Friedkin hace de ella.

KFC-in-Killer-Joe Fotograma de la secuencia final, una de las escenas más duras y seguramente de las mejores que Friedkin haya rodado en toda su carrera.

Lo más interesante son los personajes, cada uno de los cinco personajes protagonistas demuestra un gran trabajo en su construcción. Friedkin ha individualizado perfectamente sus rasgos para que abandonen cualquier función arquetípica y nos sorprendan, ya sea por su estupidez (como el padre), por su ingenio y sangre fría (como Joe) o por su virginal aura (como Doti). Cada uno de ellos contribuye y aporta su propio granito de arena para hacer que la función parezca totalmente rocambolesca. Además las relaciones que acabarán estableciendo entre los personajes resultan también igual de interesantes.

tumblr_m7dd5gtPSX1qzoziho2_1280 Doti, el personaje más enigmático de toda la película.

La violencia es un tema que Friedkin ha tratado de manera brillante para su obra. La violencia de hecho es la que inicia el relato y la que acabará con él. Toda la obra está impregnada de un aura salvaje en la que todo se consume por su energía. Lo curioso de la película es que Friedkin no la crítica explícitamente, sino que simplemente la presenta para que sea el público el que la interprete a su manera. Violencia y dinero son los dos poderes que más habitan en la película y en la mayoría de los casos están relacionados de manera íntima. Killer Joe nos relata un mundo, no muy alejado de ciertos suburbios, en el que lo único que existe son estos dos poderes. Pese a ello el personaje de Doti precisamente le sirve al director para añadir un contrapunto muy interesante, aportando no sólo momentos ciertamente cómicos, sino también absurdos y patéticos.

Friedkin no muestra ningún tipo de tapujos en mostrarnos este mundo decadente. De hecho tiene una secuencia magnífica en la que evita la censura de una manera brillante. Y es que al igual que en otros períodos en el que el arte ha tenido que salvar distancias y recurrir parábolas para poder aparecer (En España se me ocurre ahora mismo la obra de “El tragaluz” De Buero Vallejo, una sátira al franquismo pero totalmente encubierta). La secuencia propiamente dicha, que se une al clímax final y que forma una de las escenas personalmente diría que más emblemáticas del 2011, en la que Joe obliga a la mujer del personaje de Emile Horsch a  una felación fingida mediante un muslo del KFC (toma ya). Una secuencia que tiene una carga bestial y un alto impacto que no dejará a nadie indiferente y que precisamente nos explica el porqué ha suscitado tantas ambivalencias en el país de la doble moral.

Hay que destacar la excepcional interpretación de Matthew McConaughey. Sí, aunque parezca mentira hay que decir que el actor ha conseguido realizar una más que correcta interpretación. Borda de manera excepcional el papel de un asesino a sueldo (que también actúa de policía), con un perfil que bordea el instinto más agresivo y la panificación criminal más fría con un carácter en cierta medida hasta infantil, en su relación con Doti.

 

 

6/10

Kyrios

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