Análisis Fílmico: La Llave del Mal

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Aviso a navegantes, no hay que confundir el Hoodoo con el Vudú. Cuando los europeos trajeron el esclavismo del continente africano al nuevo mundo, los esclavos negros trajeron consigo todo su bagaje cultural. Cada tribu tenía unas costumbres rituales propias y por la zona del Sur de Estados Unidos, más o menos por Nueva Orleans, así como en algunas zonas de Jamaica y Haití, el Hoodoo se impuso en gran manera, mestizándose además con otras influencias religiosas. Pero hay que tener en cuenta que a diferencia del vudú, que es una religión, el Hoodoo es una serie de ritos que sirven al experto y conocedor de ellos para servirse de una serie de efectos mágicos que le ponen en ventaja con los no iniciados. Es decir, no tiene un grado de sistematización (el paso previo a cualquier religión son estos ritos mistéricos que sólo conocen unos iniciados) como en más medida lo es el vudú, sino que es un compendio de fórmulas mágicas, mucho más libre, abierto y no jerarquizado. Sus influencias adoptan tanto ritos del África, como Indígenas indios o referencias cristianas, así es fácil observar veneración en torno a Moisés, personaje que el Hoodoo ha adoptado como personaje trascendental o la cruz.

Y es que la película, La llave del mal (cuyo título original es The Skeleton Key) expolia todo este mundo, que en cierta parte resulta novedoso para el espectador, para crear una película que pese a contar con algún que otro elemento interesante, en líneas generales se puede decir que aporta poco al género.

Es muy disfrutable, ciertamente, y aquí hago un inciso. Una de las primeras cosas que el espectador ha de hacer después de ver la película es reflexionar sobre  si la película ha tratado de engañarlo o no, viendo el desenlace final que se suma a la moda de dejar al espectador con cara de tonto. Y se puede decir que no es el caso, porque pese a que evidentemente, no todas las piezas del puzle encajen, no se puede decir que la película ha jugado sus cartas al factor sorpresa, sino que la película se sostiene y nos deja guiños bastante evidentes durante todo el trayecto.

En parte es una grata sorpresa porque la película se construye a fuego lento. La tradición sureña es en este caso el escenario en el que se desarrolla la película. Una de las cosas más curiosas del argumento es que a mitad de la película destapa sus cartas de manera que el espectador ya sabe a lo que se va enfrentar o por lo menos puede intuir lo que acontece en la casa de los espíritus. El guión no tiene prisas en despedazar a nadie porque ni mucho menos se trata de un slasher, sino que en cierta manera la película vuelve a las cintas de terror más bien clásicas, pero mezclada con elementos del cine moderno (como evidentemente son los sustos, de un corte mucho más actual).

Pero las fórmulas que se aplican para que la película siga adelante son realmente poco inspiradoras. Los momentos de susto se reducen a una esquema previsto desde antes de ver la película. In crescendos musicales, giros de cámara bruscos, sueños pesadillescos que combinan la realidad con elementos simbólicos que se dejan ex profeso para atormentar tanto a la protagonista principal como al espectador, jugar con el raccord de espacio (ahora veo espíritus ahora no), sin que por otra parte, veamos alguna inspiración notable detrás de las cámaras. De hecho para los momentos más especiales el film falla bruscamente, logrando incluso comicidad no pretendida, el final o los flashbacks que remiten al pasado de la casa resultan insulso y poco verosímiles, por la manera en que son conducidos.

Lo más destacable sea quizá la elección del lugar donde transcurre la acción, así como haber sido capaces de crear una leyenda en torno a la casa que hace que sea todo mucho más digerible. La tradición y tópicos sureños son elementos de los que se sirve el director, Ian Softley, para poder darle un toque más de exotismo a la película e intentar embarullar la trama para que no se destape el pastel tan rápidamente.

kate-hudson-e-john-hurt-in-the-skeleton-key-20922 John Hurt realiza una gran interpretación, seguramente la mejor de la película.

Como reparto hay que destacar al enorme John Hurt, que pese a interpretar un hombre que ha sufrido una supuesta embolia y ha perdido la capacidad de hablar, realiza una interpretación más que notable. De hecho hay cierta secuencia en la bañera en la que con sólo el uso de su expresión es capaz de impresionar más que cualquier espíritu o fantasma que pulule por la película. Kate Hudson, se desliga de sus papeles de actriz romántica, para interpretar correctamente a la protagonista principal, pero Gena Rowlands, haciendo quizá el papel más rico de matices de todos es realmente la que hace sombra a la protagonista.

5/10

Kyrios

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