Mundo Mudo: Berlín: Sinfonía de una Ciudad.

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Berlín, sinfonía de una ciudad, es un experimento cinematográfico dirigido por el vanguardista director alemán, Walter Ruttman. Ruttman, pintor de profesión en origen, había dirigido anteriormente una serie de experimentos plásticos más que curiosos. Incluso los había llevado a la gran pantalla, Esta serie de experimentos los conocemos como composiciones con el nombre de Opus (obras). Eran filmes que consistían en filmar diversas formas geométricas en movimiento, mediante esto pretendía crear una vanguardia cinematográfica propia, Ruttman intentó siempre  experimentar con el cine y nunca se dejo llevar por la corriente general de su época. Algunos críticos se han burlado de estas obras conocidas como  Opus por ser experimentos vacuos que no son más que “batallitas de triángulos y cuadrados” y ciertamente verlos ahora pasado tanto tiempo nos puede resultar sorprendente, pero hemos de entender el contexto en que Rutmann desarrolló sus experimentos cinematográficos. El cine hacía relativamente poco que había nacido, pero ciertos sectores vanguardistas creían que este arte había nacido ya viciado, pues sobre él cayeron todas las otras ramas artísticas que influenciaron totalmente al séptimo arte, haciendo de él poco más que una síntesis de otras disciplinas. Así pues, lo que Rutman buscaba precisamente es un lenguaje que hablara por sí solo, sin necesidad de recurrir a otros elementos que no fueran propios de la imagen. De hecho, lo que Rutmann está haciendo en sus Opus, y lo que hará en sinfonía de una ciudad, tiene muchas similitudes con el experimento soviético de Vertov en el “Hombre de la cámara”.

lichtspiel-opus-i Fragmento de un Opus, de Walter Rutmann.

El guión de Berlín: Sinfonía de una ciudad, es de Karl Freund (uno de los artistas más importantes del cine alemán, que acabaría emigrando a Estados Unidos, donde dirigiría películas como “La momia”) y parte de una idea de Carl Mayer. Consiste en el retrato de una ciudad como Berlín. Tiene pues parecidos con la ya citada “El hombre de la cámara”, pero no es exactamente lo mismo. Aquí se dispone de un guión, no se ha improvisado totalmente, se ha buscado algo que contar. Hay una historia encriptada en las imágenes que Rutmann nos propone. Seguramente hoy en día resulten más inaccesibles porque estamos ya totalmente acostumbrados a la palabra (y a diálogos), pero en su época el mensaje sería más evidente.

Además, Aquí hay una estructura temporal que no había en “El hombre de la cámara” Esta estructurada en 5 actos, desde que la ciudad amanece (gran secuencia de llegada de los trenes,  seguramente una de las mejores de la película) hasta que nos muestra como es la noche en Berlín (la noche literal, fotografía de noche, incluso eventos nocturnos como una velada pugilística). Mientras que en el hombre con la cámara había un intento por dignificar una ciudad que se veía delante de un prometedor nuevo panorama (la URSS había iniciado su historia), aquí hay un retrato amargo de una sociedad ya decadente, en la que se ve como a largo plazo resulta insostenible. Entre otros detalles, la película muestra magníficamente un retrato donde se observa perfectamente la lucha de clases(se muestra muy bien la diferencia entre clases bienestantes y humildes), así como la pobreza de algunos sectores de la ciudad, deatlles nimios y más casuales, y otros más trascendentes,  el divertimiento de los burgueses que viven despreocupados a los problemas de la sociedad.

images (2) Fragmento de la película a la izquierda y Walter Rutmann a la derecha.

Berlín es la ciudad protagonista, pero no un retrato de una ciudad a secas,  sino que nos encontramos ante una ciudad que tiene vida porque está llena, precisamente, de ciudadanos. No sólo gente crea una sociedad moderna, también se muestran muy bien las maquinas y la industria incipiente. De hecho la maquinaria también tiene un peso vital en la película y no es casual. Ahora el ser humano está más que acostumbrado a la tecnología, pero la película muestra perfectamente como la industria y la máquina empieza a fundirse en el hombre, haciéndose una extensión más de este. La notamos incluso respirar, formando un engranaje único, que sostiene a la ciudad.

Sabe mostrar muy bien el ritmo desenfrenado de la gran ciudad. A diferencia del hombre con la cámara en que no había guion (o por lo menos así lo planeaba Vertov) ni nada que fuera artificial a la imagen, aquí nos encontramos con algunos detalles lejanos de escenificación, por ejemplo dos planos encadenados con sentido, una mujer que puede mirar la tienda y a continuación se muestra el precio.

Técnicamente es una gran obra, aunque no se apoya en una profunda elaboración del montaje, tiene grandes travellings, planos encadenados bastante acertados. Acostumbra a recurrir más a planos fijos que a movimientos de cámara (aparte de los interesantes travellings inciales).

Kyrios

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