Análisis Fílmico: El Pacto (The pact)

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El cine de terror calificado como indie está en más pleno auge que nunca. Son muchas las películas que se estrenan cada año, en festivales como Sitges. En este mismo festival participó El pacto (The pact) que se releva como la primera película de Nicolas McCarthy, que no sólo dirige, sino que también escribe el guión.

De hecho la película es una idea estirada de un corto que el mismo director dirigió con anterioridad, y eso ciertamente se nota. El pacto es una de esas películas que se inspira en nuevos modelos de terror que han surgido hace poco y que pretenden asustar al espectador de una manera mucho más inteligente a la que viene siendo habitual. Es fácil ver en la película claras referencias a “Insidious”, película que ha revitalizado el género, no sólo por referencias temáticas (Médiums, tratamiento de la casa, incluso hay un momento en que el personaje apunta con la cámara fotográfica, que es realmente parecido a la película citada), sino especialmente por algunas formas de generar terror, que siguen la película de Wan.

Que la película está basada en un corto se nota, pero desgraciadamente para mal. De hecho uno de sus puntos más débiles es precisamente el guión de la película. McCarthy es mejor director que escritor, eso queda claro. Si en gran parte “Insidious” conseguía asustarnos era porque ofrecía un relato que era bastante consistente y que resultaba creíble en su propia construcción. Sin embargo, de la película del Pacto no podemos decir lo mismo. No sólo es que el desarrollo de los primeros veinte minutos resulte desastroso (lo peor de la película, un inicio totalmente soporífero que abandona totalmente al espectador, que se siente perdido por no ver ni comprender nada) sino que no hay consistencia detrás de la historia. Ni McCarthy se cree realmente el espectáculo que está ofreciendo, simplemente nos muestra el conjunto como un pretexto para poder asustar al espectador. Por eso mismo se realiza un potaje curioso, en el que se mezcla diversos temas que no tienen gran conexión entre sí. Espíritus, asesinos en serie, casas encantadas, hasta una Ouija. Sin duda un todo vale que resulta pernicioso. La protagonista misma de la película se mueve sin tener una idea fija, sino que simplemente obedece a golpes de guión (las soluciones vienen casi dadas de la mano) y a instinto propio. Por no hablar del giro final, pero eso sería harina de otro costal.

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A pesar de este remix de temas, la película goza de un crescendo interesante que la eleva por encima de otras películas del género. A pesar de ser una ópera prima, el director ha demostrado estar a la altura de las circunstancias. Por otra parte, para ser una película primeriza, demuestra todos los tópicos de esta, pues destaca también por una prepotencia característica en estas primeras películas, en la que el director novel intenta alzarse con algo espectacular.

De todas maneras McCarty ha conseguido estar a la altura. El crescendo de la película es total y absoluto y pese a gozar de unos malos minutos iniciales, la película asciende de manera vertiginosa hasta un interesante clímax final. Para ello, como ya he dicho, el director recurre a técnicas que nos pueden sonar de otras películas, como el juego de sombras que vemos, claramente inspirado en la película de James Wan. Como también nos lo recuerda con la aparición de cierta figura, que evoca el momento final de “Insidious” en que aparecían unas figuras que apenas se movían y que parecían de cera. Los movimientos de cámara buscando cada recoveco del pasillo son fundamentales, más que el sobresalto típico (que por supuesto, también los hay), McCarthy busca crear un tema recurrente (en parte la casa, pero también hay más espacios y de hecho el director nos expresa inconscientemente que ningún lugar es seguro, que sólo estando en movimiento se puede estar a salvo, algo que se hace muy cercano al espectador, que ve que su realidad cercana puede ser también peligrosa) que se eleve por encima de lo natural. Todo resulta metafísico, hasta cada detalle de los escenarios.

Y el silencio. El silencio es un elemento clave en la película. El film a diferencia de muchos otros que se incluyen en el género no opta por ruidos llamativos ni grandes momentos estridentes, sino que todo se condensa en una fuerza interior (sólo hay dos o tres momentos en que los personajes realmente chillan) así como una atmósfera pesada creada por la repetición de unos característicos sonidos graves.

El bajo presupuesto se nota evidentemente, pero tampoco resulta perjudicial a la vista. Si es cierto que entre la fotografía que resulta bastante plana y lo penoso de los primeros minutos nos pueda dar la sensación de domingo viendo Antena 3, pero por suerte a medida que avanza la película dejamos este detalle a un lado. Otro detalle es la inclusión del actor Casper Von Dien en el reparto, un actor mítico de Serie B que desde luego ha realizado papeles execrables, pero que puede dar gracias al Pacto, porque en cierta medida sale dignificado.

5/10

Kyrios

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