Análisis Fílmico: Oz, un mundo de Fantasía

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Aquel Raimi que dirigía películas con cuatro duros y con más empeño que otra cosa, aquel Raimi que utilizaba mil y un ingenios para sobrellevar un presupuesto paupérrimo y que sorprendió al mundo con su saga de Posesión infernal, ¿Dónde ha quedado? Parece que la industria Hollywoodiense lo ha absorbido y que definitivamente el atisbo de genialidad que nos ofrecía en sus primeras películas, se ha perdido.

Aún está a tiempo de enderezar su carrera, y “Arrastrame al infierno” era el claro ejemplo de que el director aún podía reciclarse usando viejos conceptos del pasado. Pero desde luego, no es Oz, un mundo de fantasía, el camino que el director debería seguir.

Poco se puede rescatar de una película tan fallida de la que el esmero brilla por su ausencia. El sello Disney (la película forma parte de la factoría) ha llevado el film por unos caminos bastante desdeñables. De hecho la película sigue las pautas más infantiles de la producción, pero a la vez trata de realizar algunos guiños al público adulto y la película se estanca en tierra de nadie.

Los guiños existen y son evidentes. El primero es la introducción, fragmento del que podemos decir sin pudor que se trata de lo más reseñable de la película. De hecho puede verse esa primera parte y cerrar los ojos porque después poco tiene que ofrecer la película. Estos primeros compases, realizados en blanco y negro en honor a la primera película de “El mago de Oz” resultan interesantes. Raimi compone un ambiente de feria donde sitúa nuestro protagonista principal, interpretado por James Franco, y en el que se deleita con estos trucos de magia barata, en la que Franco se cubre las espaldas con unos personajes que pese al jugo que tienen no son aprovechados y la película olvidará en breves, al pasar al mundo de color. En este primer fragmento, es el ingenio y la sencillez las características que se imponen en el relato, seguramente por eso, Raimi sea capaz de salir adelante.

Oz-The-Great-and-Powerful-2013-disney-32205343-1064-795 El primer fragmento, en B/n, es lo más destacable de la película.

Pero de la nada, aparece la excusa que hará que nuestro personaje viaje al mundo imaginario de Oz, la pantalla se ensancha y el color coge cuerpo. Teóricamente el espectador ha de sufrir un impacto emocional ante lo que tiene ante sus ojos, pero tal cosa no sucede nunca. Sí, Raimi ha explotado el colorido del mundo creativo que construye, pero pasados los cinco minutos del efecto digital con el que absolutamente toda la película está producida, el mundo se vuelve anodino y tanta color acaba hartando por su artificialidad. Y lo peor de todo, la vegetación parece dominar gran parte del escenario, y sin embargo, nunca la vemos respirar o creer que se trata de una naturaleza que vive, y eso sin duda, es un problema bastante gordo.

Y entonces sucede la acción, y el espectador no entiende que está pasando. No es que Franco ni siquiera se pregunte que demonios hay de lógico y aparente en un mono con alas, sino que el rumbo de la película es indefinido, y cuenta con un guión que desarrolla la trama de una manera irregular. ¿Han visto alguna vez, personajes menos carismáticos que los que acompañan al protagonista? Y ciertamente resulta creer que pueda ocurrir esto en una película de animación, en la que se deja más libertad creativa.1342165858631

Todo parece pautado de antemano y suena ha visto en miles de cintas de animación ya existentes. Nuestro personaje principal se encuentra al mono porque así lo dicta el destino y no por otra casualidad. El ingenio que parecía que teníamos en los primeros compases de la película, desaparece por completo y nos encontramos con frases vacías y situaciones que no llevan a ningún lado (de un castillo a otro, de bruja en bruja, y tiro porque me toca). La puesta en escena no ayuda, y los constantes guiños al efecto tridimensional resultan ridículos en un formato tradicional. Sólo hay algunos pequeños homenajes que Raimi coloca de manera subrepticia que consiguen sacar la sonrisa del espectador, pero sólo de manera momentánea, como se trata de los planos tan desequilibrados que recuerdan la propia saga de “Evil Dead” o algún detalle de adulto que los niños no entenderán (James Franco tiene un papel ciertamente Don Juanesco en la película).

Sin duda el nudo de la película es la faceta más descuidada de la película. Por suerte la película no cae en desgracia total, en un final un poco más inspirado en el que Raimi despliega sus juegos de artificios (y nunca mejor dicho). Con lo que a uno le deja la sensación de que el director realiza la película con objetivo de conseguir dinero más que por otro motivo.

3/10

Kyrios

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