Análisis Fílmico: La dama de Las Camelias

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Es un Mantra bastante repetido el dicho de que George Cukor era especialmente un director de mujeres. La verdad es que Cukor tenía bastantes más dotes que esta, pero es cierto que en su carrera observamos el director prefiere conceder grandes papeles a las mujeres protagonistas y evidentemente, en “La Dama de las Camelias” no podía suceder de otra manera. La película gozó de un gran prestigio en su época y sirvió como plataforma para que su estrella principal, Greta Garbo siguiera en el estrellato, siendo nominada a los Oscars por su interpretación. También es cierto que Cukor tiene en su haber grandes adaptaciones literarias, y de hecho, realiza La dama de las camelias por el éxito que obtuvo en su adaptación de David Copperfield de Charles Dickens.

Evidentemente el filón estaba abierto para Hollywood, que siempre ha visto con buenos ojos estás adaptaciones cinematográficas.

Y es que en parte, la película adapta la mítica novela de Alejandro dumas, de nombre homónimo a la película (aunque en inglés se conoce como “Camille”). Ya desde el inicio de la película se puede observar la influencia literaria que embarga toda la película (y que incluso en determinados momentos asfixia) y que se respira en cada fotograma de la obra. El público pedía este tipo de films de género (pues la novela está ambientada en una determinada época histórica) porque quería ver estas historias que derrochaban glamour añejo y dramatismo desmesurado. Y es que, en cierto sentido, la película es un baile de máscaras. Para más Inri tenemos una de las primeras secuencias iniciales, en la que nuestra Margarita interpretada por la genial Greta Garbo se presenta en la ópera (el lugar por excelencia donde la gente aparenta precisamente lo que no es) a una compañera a la que cinco minutos antes ha hablado mal de ella, para acto seguido interpretar otra cara cuando la ve, o también la confusión entre el que se convertirá en amante de nuestra protagonista, confundido en un primer momento, por un barón de mayor importancia.

El espectador de la época también sació sus ansias de ver desfiles sempiternos de moda de la época, vestidos y demás parafernalias con las que el espectador medio conseguía evadirse de su propia realidad. Es seguramente por este motivo que este género de películas parece no desfallecer nunca.

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Cukor por suerte sabe como sobrellevar tanto dramatismo, creando una interesante película en la que el sentimentalismo tiene un papel importante pero no se impone como una lacra negativa.

Pero desde luego, el punto más positivo de la película está en la interpretación de Greta Garbo, que roza la perfección, interpretando un papel que requiere muchos matices diversos. Porque es cierto que Gautier ama, pero de una manera particular. Y Garbo es capaz de dominar todos estos registros, demostrando la superficialidad burguesa en los primeros compases, el desenfreno amoroso cuando se escapa con su amante al bosque e incluso la doble propia mentira (porque si el actor es un comediante que engaña, Garbo engaña doblemente en el film cuando el padre del amante la convence para que deje a su hijo, pese a lo enamorada que ella está). De hecho la propia película se convierte de inmediato en una de sus favoritas y muchos críticos la consideran como una de sus mejores interpretaciones.

Robert Taylor también hace una digna interpetación, aunque está claro que la sombra de Garbo es alargada y muchas veces las miradas que teóricamente van destinadas a él se van para la actriz de origen europeo.

La música también es un elemento clave para la película y Cukor introduce algún elemento interesante, como una de las famosas composiciones Gymnopedies del músico Francés Erik Satie, cuando este aún no las había compuesto, pero precisamente Cukor se sirve de ellas para intensificar el efecto dramático de la escena, así como también se servirá de otras composiciones totalmente situadas en las antípodas estéticas de las obras de Satie para demostrar la ligereza de las fiestas burguesas, como muchas polcas y obras ligeras de piano.

Desgraciadamente, a veces el dramatismo se impone de manera paroxística en la película y llega a exasperar al espectador. La dama de la camelias sobrepasa el umbral del romántico para llegar al nivel desesperante por momentos.

7/10

Kyrios

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