Análisis Fílmico: Posesión Infernal (Evil Dead)

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Fede Ávarez es el protegido de Raimi que se ha encargado de dirigir el remake de Evil Dead, la película de terror que encumbró al norteamericano. El uruguayo, Fede Álvarez, captó los ojos de todos los cinéfilos cuando el 2009 dirigió un corto (“¡Ataque de pánico!) en el que demostró que era capaz de hacer unos brillantes efectos especiales, pese a contar con un presupuesto irrisorio. De hecho, el argumento de aquel cortometraje no era de la mayor importancia (Montevideo, la capital uruguaya, era atacada por unos invasores que hacían cundir el caos por la ciudad) pero permitía al director demostrar todas sus capacidades.

Y Raimi y sobre todo, los productores norteamericanos vieron en él un filón más que aprovechable y el Remake de Evil Dead ha sido la prueba de fuego para el director, que ha cumplido con nota en su debut.

Ciertamente la película es una interesante adaptación de la película de Raimi a nuestros tiempos. El director ha mantenido la esencia y el alma de la película, pero introduciendo algunas pequeñas pátinas que hacen que la película no sea una simple copia de la mítica película. Lo que se mantienen, son los iconos de la franquicia. La cabaña destartalada no podía faltar y sin duda es uno de los símbolos inequívocos de la trilogía (o más bien dicho, de las dos primeras películas) y también es el escenario en el que el director desarrolla toda la acción de la película. También se mantiene la misma invocación y estilo de ejecución de la película, que seguirá unos patrones muy parecidos a los de la primera película. Será el Necronomicon, el libro maldito, el culpable de liberar un demonio que poseerá a los jóvenes y se encargará de traer la hemoglobina a la trama. Un capítulo aparte lo podríamos dedicar a las apariciones del Necronomicon en el cine, un libro ficticio inventado por el genio del terror, H.P Lovecraft (el cual mencionaba en diversas de sus obras cortas) y que muchos tomaron por real.

foto-lou-taylor-pucci-en-posesion-infernal-2013-491 Leyendo el Necronomicon

Pero  Álvarez adapta la película a nuestro tiempo. Sí en la película primera de Evil Dead no había una vena cómica tan potenciada como en la segunda en el remake del director el gore y la comicidad van muy unidos de la mano, aunque es cierto que a los momentos cómicos de la segunda parte no llega en ningún momento, pero claro, es difícil por no decir imposible cuando no cuentas con Bruce Campbell en tu reparto.

La película es seria, pese a que nunca se toma en serio a si misma siempre. No es casual que los personajes confundan la posesión demoníaca de la protagonista, con los síntomas de un síndrome de abstinencia causado por las drogas. Sin duda una broma de humor negro de un gusto muy especifico. Hay muchas más de estas bromas colocadas en la película, que al igual que la original parece por momentos reírse de todo este tipo de films. Las frases de los endemoniados en la que utilizan toda una jerga grotesca (y que recuerdan lejanamente a la película de “El Exorcista” de William Friedkin) demuestran la mala baba con la que se ha realizado la película. Es cierto que no está hecha, ni mucho menos para todos los públicos, y esto es muy importante remarcarlo. El gore es uno de los elementos fundamentales de la película y domina prácticamente todo el metraje. Pero Fede aprende y sabe que se puede utilizar el gore de muchas maneras y una de ellas es explotando la vis más cómico de todo lo horrendo que resulta todo.

images Alerta estómagos sensibles. El gore es un eje básico de la película

Aún así, los que más disfrutarán con la película son los seguidores que ya tengan un código en el que han integrado la trilogía de Raimi y otras películas del estilo. Sólo hace falta ver el momento final de la sierra y el brazo, un claro homenaje a una de las escenas más míticas de la trilogía.

Desgraciadamente Álvarez no es Raimi, y aún le falta depurar el estilo para que la película se convierta en una obra de culto. Hay algún homenaje en la puesta en escena que nos puede recordar a la película primigenia, pero la inventiva de Raimi (las secuencias en que el espíritu se acercaba de manera vertiginosa en plano subjetiva estaban rodadas por unas cámaras colocadas encima de unos raíles, como si fueran trenes) está a un nivel superior. En líneas generales la puesta en escena es más bien plana y siguiendo unas patrones muy vistos. Si hay que destacar unas escenas serían las finales, en la que el rojo se apodera de la pantalla y el director es capaz de crear mediante una explosión de litros de tomatina y una brillante (más bien oscura) fotografía, un ambiente  realmente terrorífico.

6/10

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