Ciclo Oscars 2013 (II): Django Desencadenado

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Planos detalle, violencia a doquier, cameos de lo más inverosímiles y revisionismo de épocas anteriores. Eso es lo que siempre ofrece Tarantino, un director polémico. Para unos es odiado, para otros es su ídolo número uno. Lo que sí es cierto es que el bueno de Quentin es uno de los pocos directores que empezaron su carrera en los años 90 y se mantienen aún en la élite. Hollywood se carga muchos talentos, pero el estadounidense sabe qué quiere y cómo lo quiere. Y en el caso de Django Unchained ha vuelto a demostrar que él es un director con su propia impronta.

El primer detalle que se observa de entrada es su enorme parecido con Malditos bastardos. Cómo no parecerse, al fin y al cabo, si forman parte de la llamada “Trilogía de la Venganza”. En todo caso, lo que ha hecho Tarantino con Django Desencadenado es un estropicio. El suyo sí, pero qué estropicio. Se ha cargado todo el Django original de los años 60 y ha introducido con mucha testiculina su ADN y el spaghetti western que tanto adora el director.

El resultado de todo ello ha sido una obra poco habitual para Tarantino. Su violencia es la más estética de toda la película, con planos de una factura exquisita. Los primeros asesinatos parecen compases de una obra maestra. Incluso el inicio es un deleite, con una presentación de gala en la que un presunto dentista alemán hace gala de toda su habilidad. Él y Django serán el dúo que dé magia a la película con misticismos alemanes incluidos.

Otro apartado de auténtico resultado son los personajes. Quitando a Jamie Foxx, quien hace un papel decente como Django pero nada más, el resto lo hace de maravilla. A resaltar dos auténticos actores de reparto. Tanto Waltz como Leonardo DiCaprio están a un gran nivel en la película, sobretodo este último. A cada minuto que está se come la pantalla. Pero además se une el habitual de Tarantino de Samuel L. Jackson como Stephen, y lo borda haciendo de auténtico malasangre en la película.

El guión está bien apurado, la dirección y la fotografía también, y durante hora y media asistimos a un auténtico recital de Tarantino. El problema, sin embargo, ha sido las licencias tarantinescas. Son un lo tomas o lo dejas, pero los cameos extra, las escenas con mala bava y el transcurso hasta bien entrado el final es su principal error. Sin ese tiempo extra, o sin dar tantos rodeos, estaríamos hablando de la mejor película presentada en los Oscars. Pero Tarantino es como es, y hay que tomarlo como tal. Incluso la música, donde va desde la banda sonora más clásica al rap de Rick Ross. Todo en Django lleva el sello del bueno de Quentin, aunque cabe decir que ha sido más preciosista y más con una fotografía más bella de lo habitual.

En general es una muy buena película, pero las licencias de Tarantino la han privado de un nivel muy alto (excepto en una secuencia donde el humor sarcástico es de una factura impecable). Quien quiera ver un peliculón consistente y sea capaz de perdonar el metraje extra puede disfrutar maravillas de Django Desencadenado. Queda por ver ahora, como siempre, si el norteamericano apuesta por completar la “Trilogía de la Venganza” o deja sin completar, como otras veces, proyectos que han sido muy similares en su pasado.

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