Cartas desde el Vietnam

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Cartas desde el Vietnam es uno de los retratos más dolorosos que se hayan registrado sobre el Vietnam. De hecho es tan impresionante, como seguramente desconocido. La fórmula de su éxito es muy sencilla, la película no opta por convertirse en un documental al uso, sino que precisamente, trata de ser el eco de aquellas personas que fueron participantes directas de la contienda, es decir, de los soldados de los Estados Unidos. ¿Cómo se recrea la película? El director  utiliza los millares de cartas que los soldados enviaban a sus allegados para servirse de letras que nacen muertas y darles una voz propia. Y a fe que cuenta con las mejores voces, porque no fueron pocos los grandes actores de Hollywood que se prestaron para interpretar una voz en la película. Robert De Niro, Tom Berenger, Martin Sheen, Michael J. Fox, Robert Downey Jr, Williem Dafoe…

Una de las bazas es que todo lo que el espectador está viendo es real. No hay fuegos de artificio ni frases teatralizadas. Todas las líneas expresadas, por crudas que parezcan, forman parte de una terrible realidad que trascurrió. Escalofriante el relato en el que un soldado cuenta como es llamado para identificar un hombre muerto en mitad de una refriegua y es incapaz de identificarlo, para cuando más tarde encuentran su placa de identificación y este se da cuenta de que era un amigo suyo, derrumbarse y ponerse a llorar. Así de duros son los relatos que nos cuenta la película. Y así de necesarios, porque el olvido en que gente anónima como los propios participantes es totalmente injustificado.

Pero aquí los auténticos protagonistas son estas voces propias que ofrecen unas visiones totalmente desoladoras. Mediantre esas cartas, el director recurre a material visual sacado de documentales para corroborar las palabras de los soldados. Así si una de las cartas habla sobre la fuerza salvaje de la naturaleza del Vietnam, el director nos muestra imágenes de soldados tratando de atravesar la maleza que obstaculiza completamente el paso. A las imágenes el director acompaña la utilización de una magnífica banda sonora que recopila temas míticos musicales relacionados con la guerra del Vietnam. Si se habla sobre sobre los espectáculos que celebridades como Bob Hope realizaban para tratar de animar a los soldados se acompaña con imágenes. Así es la tónica general.

Y los testimonios son tan desoladores como variopintos. Evidentemente, uno de los más repetidos por tratarse de soldados totalmente normales es la frase de ¿Qué demonios estamos haciendo aquí? Y es que el Vietnam fue una auténtica tragedia para todos aquellos hombres de a pie que se vieron involucrados en una auténtica salvajada. Testimonios directos en los que el director incluye fragmentos de soldados entrevistados justo en el momento de una refriega (- Crees en la guerra? Sí, bueno..no sé, dicen que estamos aquí por algo, pero yo ya no me acuerdo).

Como el testimonio de la enfermera nos cuenta, muchos de ellos no superaban la veintena y era un panorama más que desolador observar como gente tan joven perdía la vida en un lugar tan alejado de sus casas.

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Es cierto que el director nos muestra cronológicamente el conflicto, Iniciándose la película con la afortunada canción de Fortunate Song de los Creedence Clearwater Revival, que nos habla sobre uno de los temas más polémicos del Vietnam, y es que los hombres que dieron su vida en la guerra no eran precisamente hijos afortunados. Sabidos es por todos que la mayoría de los que se reclutaron para la guerra procedían de niveles de clase social baja y en especial los afroamericanos, que pese a tratarse de una población mucho menor en comparación con los blancos americano, fueron enviados a millares a morir en el Vietnam. Pero el director sólo se sirve de esta cronología para darnos un pequeño marco en el que se puedan situar los testimonios que se van ofreciendo y que van creando de fragmento en fragmento un relato más que interesante sobre cómo vivía diariamente un soldado norteamericano en Vietnam. Así por ejemplo se comenta como resultó el asesinato de Luther King o Bobby Kennedy para las tropas, como también se mezclan imágenes de Nixon y el Johnson.

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Incluso la navidad es contada. Una época llena de esperanza y sin embargo muchos de ellos debieron de celebrar la festividad totalmente alejados de sus casas y seres más queridos (personas a las que constantemente van dedicadas las cartas, ya sean padres o madres, hermanos o mujeres). Sin duda una de las secuencias más emotivas es cuando se nos cuenta el evento en el que miles de Marines se pusieron a cantar al unisonó una típica canción navideña, noche de Paz.

Y es que al documental no le hace ni falta en entrar en política para dejar por los suelos la intervención norteamericana en el Vietnam. Los hechos (y los soldados) hablan por sí solos. Pero si hay una parte más que emotiva es la llegada a casa final. Mientras, de fondo, suena Born In The Usa, de Bruce Springsteen. Canción que paradójicamente (y desgraciadamente, porque no decirlo) se ha convertido en algo a lo contrario a lo que es en origen, una patada en toda regla a las ideologías más rancias del establishment norteamericano.

8/10

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