Análisis Fílmico: More Than a Game

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La historia de Lebron James, reza el título. Meccc!. Error. El primero del documental. Aunque en realidad lo deja bien claro la película, la verdadera culpa la encontramos en el encargado español de subtitular el film, que ha subtitulado (y por cierto de manera muy cantosa) con una frase pegadiza, la historia de Lebron James.

Claro que de historia sobre Lebron tiene ciertamente muy poca o por lo menos sólo es una parte más del documental. Pero era difícil entusiasmar al público español con el reclamo real de la película que no es más que la historia mil veces vista de un equipo aparentemente pequeño que finalmente acaba demostrando lo que vale. Vamos, la historia típica que tanto gusta a la audiencia norteamericana. Pero claro, teniendo a Lebron James en tu equipo, sinceramente es difícil perder.

La película se sitúa en sus inicios bastante antes de la época universitaria, cuando los compañeros de equipo apenas son unos criajos. Y de hecho se centra en cuatro protagonistas, que serán el núcleo duro con el que se formará el equipo (pues después de la escuela seguirán juntos en el instituto, formando más que un equipo, un auténtico compañerismo) y a su vez del documental. Entre ellos Lebron James y el hijo del entrenador, Dru Joyce. En realidad, la historia del actual jugador de los Miami Heat es igual de importante en la trama que la exploración que el documental hace de la relación entre el entrenador y su hijo, una relación que va más allá de lo profesional, pues además son padre e hijo. Exceptuando algún momento en que la religión se mete de por medio de manera singular (como si Dios fuera uno de los que guía al equipo y a los jugadores) la relación entre los dos resulta de lo mejor de la película.

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No es que la historia este mal contado, porque no lo está, pero tampoco nos cuenta nada que no hayamos visto antes, además de abusar del mismo corte pretencioso que otros documentales ya han demostrado, y que tan de boga está en este tipo de películas que tienen el deporte profesional como tema. Y es que al público parece que le encantan estos discursos de cara a la galería, típicos de tiempo muerto o de mitad de partido, en el que el entrenador les da una paliza dialéctica tratando de estimular a los chavales. De hecho, así mismo empieza la película. Sólo faltaba Al Pacino para que esto fuera la secuela de “Un domingo cualquiera”.

Y de hecho, así seguirá durante todo el metraje. Siempre resultando interesante eso sí, aunque para ello haya de sacrificar hasta parte de la verosimilitud. Primero porque el documental traiciona los mismos principios que se proponen a lo largo de la película (el baloncesto es un medio no una finalidad) y segundo porque trata de justificar un relato que está maquillado. Si, jugaban en un equipo pequeño, pero ya en el segundo año en Saint Vincent eran considerados como uno de los grandes, además de contar con el supuesto mejor jugador universitario de la historia y con una fama que los arrastraba a cada pabellón al que visitaban. De hehco, un equipo con gente que no había cumplido ni la mayoría de edad (española) llenaba a más aficionados que en muchas canchas de la ACB.

Entrevistas con los propios jugadores (especialmente los cuatro fantásticos, como así se autodenominaban cuando eran unos chavales)  y unas secuencias de animación bastante particulares (en la que se combina eficientemente el dibujo y la fotografía en movimiento) son los pilares en los que se sustenta la película para contar su historia. Excepto algún momento en que se abusa de manera reiterativa con la utilización de fotografías para hacer unos zooms mareantes y a la par inquietantes, el resto del documental es bastante potable. Enternecedoras resultan por otra parte la mayoría de grabaciones en la que vemos a los jugadores, pues muchas de ellas están sacadas de pequeños fragmentos de vídeo aficionado, es decir, nada de cámaras profesionales o focos de luz cegadores, sino vídeos que cualquier padre graba para su hijo.

Sólo una pregunta. ¿Fueron los miembros del equipo del Saint Vincent de Ohio, los únicos en todo el mapa norteamericano que dieron el máximo para tratar de conseguir el título? Lo dudo. Pero la historia la escriben los triunfadores y los demás equipos perdedores no interesan y sus historias quedarán perdidas para siempre. Porque, ya saben que estas historias no interesan entre el público mayoritario. Y de hecho, que se haya cambiado el título en español para reclamo y conseguir así un espectro más amplio es sintomático.

 

Kyrios

5/10

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