Análisis Fílmico: Naves misteriosas

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Naves Misteriosas es el claro ejemplo de película cargada con buenas intenciones, es decir, con un fondo elogiable, pero que se pierde por una forma que no acompaña a la película en ningún momento.

La película se ambienta en un futuro en que la humanidad ha perdido todo el contacto con la naturaleza. La acción se ubica exclusivamente en un único espacio, una solitaria nave donde transcurre toda la trama. En parte porque era mucho más barato rodar una película en interiores. Y sí, uno de los problemas de la película es que cuenta con un presupuesto bajísimo, y eso se nota en los temas de producción. Tampoco es ni mucho menos el factor más negativo de la película, pero se nota que se contaba con un presupuesto acotado. La nave de cartón piedra y sus secuencias especiales denotan que pese a estar rodada en años posteriores de la gran cumbre que supuso 2001 en el ámbito de los efectos especiales, aún quedaban muchas cosas por resolver en las películas de género. Queda resultón ver algunos uniformes, que parecen más trajes de lana que auténticos ornamentos de astronautas, y en líneas generales la creatividad está más bien reducida. Creando un mundo de máquinas y cachivaches bastante simplista.

Naves-misteriosas-02 En primer término, prácticamente el único personaje humano de la película, se trata de Cowell intepretado por Bruce Dern

Es verdad que pese a que muchas de las maquetas no funcionan debieron de resultar bastante influyentes y es que pueden observarse perfectamente como un antecedente de las utilizadas en la famosa trilogía de Star Wars. Por lo menos el plano de apertura de la película nos recuerda al mismo que abría la obra de George Lucas.

Vayamos por lo bueno. El mensaje. Naves misteriosas se ubica en un contexto muy determinado, si bien la época Hippie ya había eclosionado (pese a que la estética del personaje nos recuerda directamente a una estética muy parecida) y parecía desarrollarse hacia otros caminos, se abrieron muchos debates y muchos de ellos acertaron de lleno en los problemas. La sociedad contemporánea está aniquilando cualquier contacto directo con la naturaleza. Sólo hemos de fijarnos en las grandes urbes contemporáneas. Durante milenios la humanidad ha vivido en paz con la fauna y la flora, pero ahora está relación está rota, y la película se hace eco de ello.

Nuestro personaje ecologista, es Cowell, que vive como un auténtico monje en pleno contacto con el microcosmos natural que ha creado en la nave. Durante diversos monólogos con el resto de la tripulación, se nos muestra su exacerbada visión pese a que nadie quiere creerle. Incluso se compara la comida natural con la sintética. Así la ciencia ficción trasciende el puro entretenimiento y sirve para contarnos una historia que parece más presente que nunca. Ya en los setenta se atrevía la película a contarnos  un mundo donde un niño podría vivir toda su vida sin tener contacto con la naturaleza, desconociendo la forma de una simple hoja.

Screen-Shot-2012-08-16-at-4.04.16-PM Maquetas de la película, se observa la nave junto a la representación del microcosmos natural.

También supone una visión muy radical en contraposición a como otros directores han tratado la ciencia ficción. Si muchas veces el género de  la ciencia ficción se ha servido para contar historias de serie B o tramas que contaban con seres que trataban de aterrar al espectador antes que contar una historia seria, se antepone un tipo de cine que está totalmente en contra de este, desarrollando dramas intimistas. De hecho el personaje de Cowell será el único protagonista principal durante toda la película.

También se nos muestran sus sombras, pues pese a todo se ve obligado a cometer un asesinato para salvar las plantaciones de la nave. Su conciencia manchada se tratará de limpiar mediante la humanización de los robots, con los que tratará de convivir en el final del metraje. La máquina, al igual que en “2001: Odisea en el espacio” (pese  a las diferencias, claro) se convierte en un objeto con alma, quizá con más alma que los seres humanos que pululan. Así Cowell reprograma a los robots y los utiliza como nuevos compañeros de trabajo en el campo, cuando ninguno de sus compañeros humanos habían colaborado en el trabajo agrícola. Y todo eso sabiendo que el destino de la nave no es el más agraciado posible. De hecho la película se podrí resumir con una perfecta frase de Martin Luther King que reza: “Si supiera que mañana acabará el mundo, hoy plantaría un árbol”,

Sin embargo, y pese a las buenas intenciones del relato, y lo acertado de su mensaje, al tratarse de algo tan lógico se sirve de monólogos demasiado simplistas que lo único que hacen es mostrar la poca chicha argumental de la obra. La puesta en escena es igualmente plana y apenas hay alguna escena interesante recreada.

5/10

 

Kyrios

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