Ciclo Bernardo Bertolucci: La cosecha estéril

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Con tan sólo 22 años Bernardo Bertolucci dirigió su primera película. Es cierto que el guión es del afamado Pasolini, pero Bertolucci hace que la película sea totalmente suya y eso siendo apenas un chaval. Desde luego, tiene mérito.

Podríamos decir perfectamente que la película es una ópera prima en la que se anticipan los grandes elementos que posteriormente se repetirían en el cine del director italiano. Y es que muchos otros habrían hecho un simple film policiaco con el material que Pasolini entrega al director. Y sin embargo, con tan sólo veintidós años, el director se opone a seguir la tradición e impone su personalidad. Porque desde luego, nos equivocaríamos si calificáramos la película como un simple thriller, sino que el director realiza un retrato sobre la pobreza y el drama social (básico  en Bertolucci), mediante una estructura narrativa bastante original.

De hecho todo empieza con una magnífica escena, magistralmente rodada, y seguramente la mejor secuencia de la película, en la que observamos como la cámara nos destapa de manera silenciosa y poética (en cierta manera nos recuerda al principio de “Blue Velvet”, una aparente tranquilidad quebrada por un hecho violento) el crimen sobre el que girará toda la película. Sí, se ha cometido un crimen y habrá una investigación sobre él, en la que diversos flashbacks de los personajes que pulularon por la escena del crimen, un parque, evocarán su recuerdo ante la policía para tratar de establecer lo ocurrido.

images (11) El soldado, uno de los testimonios que servirán para investigar el crimen.

Pero ya hay una diferencia de iconografía muy clara. Y es que pese a que oímos la voz del investigador en diversos momentos (básicamente, cuando interroga al personaje en cuestión para que este nos presente su historia) nunca lo vemos de manera directa, ni su rostro ni su cuerpo. ¿Por qué? Fácil. La película sólo se sirve de esta historia para crear un relato con diversas voces en la que el verdadero protagonismo no es la investigación criminal (pese a que tiene su peso) sino que es el contexto social el que más predomina en la película.

Pero además la utilización de la técnica narrativa demuestra que Bertolucci tenía las ideas muy claras pese a su juventud. Porque no sólo deja que los protagonistas nos introduzcan sus flashbacks y punto, sino que muchas veces trata de moldear las historias. En especial cuando se recrea una y otra vez, la escena en la que supuestamente se comete el asesinato sobre la mujer, y cada uno de los personajes nos relata lo que vio. Ahí muchas veces escuchamos la voz en off del investigador mientras interrumpe la historia del testimonio o interroga directamente sobre lo que el personaje recuerda, influyendo en lo que estamos observando. Todo queda además registrado por una puesta en escena muy efectiva, en la que el director emplea zooms que definen el campo de visión (y que se contraen, se estiran y nos muestran todo el parque). Estas recreaciones también son bastante interesantes y el cinéfilo puede paladearlas gustosamente mientras se deleita con la técnica empleada por Bertolucci.

La cosecha estéril es una gran explosión de violencia. No es casual que en las discusiones a voz viva que tienen los diversos protagonistas, Bertolucci se sirva muchas veces de unos primerísimos primeros planos que exageran el rostro y la violencia gestual de los protagonistas. Por una parte tenemos la violencia verbal entre los personajes (quizá el segundo testimonio es el más agresivo en este aspecto) y también, obviamente la física, que no sólo desencadena el relato, sino que se hace muy partícipe en el ambiente italiano. Quizá no sea tan esteticista como otras películas posteriores, pero La cosecha estéril es puro Bertolucci.

Cosecha Esteril

Pero evidentemente, al tratarse de una ópera prima realizada siendo tan joven, también vemos errores bastante vistosos. De hecho el montaje es bastante desastroso  y se nota que  a veces el ímpetu le puede al director,  y muchas veces vemos escenas que tienen una conexión dudosa entre sí, así como planos que a veces encadenados que  a veces no tienen una coherencia fílmica lo suficientemente madura como para cohesionar la escena.

Todos los personajes pasaron por aquel parque y ninguno hizo nada. No se trata exactamente del efecto Kitty Genovese, pero el director nos señala con el dedo (después de haber construido una historia en la que las diversas piezas del puzles definen el desolador mundo en el que viven) y nos hace cómplices de una sociedad podrida donde nadie hace nada por el otro.

 

6/10

Kyrios

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