Ciclo François Truffaut: La novia vestía de negro

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Sí, la Novia vestía de Negro es otra de las decenas de película que Tarantino ha utilizado como algo más que referencias para sus propias películas. Y la verdad es leyendo el argumento a uno le queda más que claro. “Una novia tratará de de vengarse de los asesinos que eliminaron a su marido el día mismo en el que se casaba con su esposo”. Sí, está claro,  hablamos de “Kill Bill”. Nuestra novia, que ya no viste de blanco sino de negro, se encargará durante toda la película de desquitarse dichos asesinos.

La novia vestía de negro es una película bastante curiosa (e irregular) en la trayectoria de François Truffaut. Seguramente por eso en su época fue bastante vapuleada por algunos críticos, (también hay que decir que otros la subieron a hombros y el éxito del público fue considerable) que la tacharon como una Boutade cinematográfica del director francés. Ciertamente si la comparamos con otras obras suyas nos daremos cuenta de que es una “Rara avis” en el cine de Truffaut, quizá más por su estrambótico argumento que no por la manera en cómo se trata el tema, que si nos puede recordar maneras que ya hemos visto en su cine. Pero para analizar La novia vestía de negro hay que tener muy claro que seguramente es una de las películas que el director menos se tomó en serio.

Todo empezó con la novela de William Irish. Truffaut acababa de rodar “Farenheit 451” fuera de su país natal y pese a que el director no le gustó como quedo el resultado final, decidió embarcarse en el género del cine negro. Leída la obra de Welsh (recordemos que una de las pasiones que más sentía Truffaut era su amor por la literatura, tanto por sus adaptaciones como por los guiños que encontramos en varias de sus películas) decide adaptarla para la gran pantalla. Quizá el director decidió rodar la novia vestía de negro como un capricho de niño, pues fue durante aquella etapa de juventud cuando devoró la novela ansiosamente.

También como en “Farenheit 451” el director vuelve a contar con Bernard Hermann, el mítico compositor que tantas veces colaboró con Alfred Hitchcock, hombre al que Truffaut admiraba profundamente. Así pues, muchos son los que han intentado ver las relaciones de Hitchcock en la novia vestía de negro, y seguramente por el profundo suspense que domina la película podríamos entablar relaciones, pero la película denota una personalidad muy profunda detrás de las cámaras, y decir que se trata de un Hithcock hecho por Truffaut sería un disparate enorme.

La película no es de las mejores obras de Truffaut, pero tampoco se merece el desprecio que sufrió por gran parte de la crítica. Se inicia con un interesante prólogo en el que el director trata muy bien de ir ocultando las motivaciones de la novia por asesinar a los personajes, ya que estas se irán desvelando a medida que avance el metraje. Jeanne Moreau es la encargada para interpretar el papel, y hay que decir que elabora una gran interpretación. También es verdad que físicamente da la talla de mujer vengativa. Su físico es bello pero en su cara se refleja el hecho de que hay algo en esta mujer que resulta bastante intrigante. Las cicatrices interiores que se forjaron en el fatídico día de su boda son mostradas exteriormente en muchos fragmentos de la película, y ciertamente que fuera ella la encargada de ser la protagonista principal fue uno de los mejores aciertos de la película.

La película tiene también bastante de capricho. El director realiza una puesta en escena que resulta atrevida (esto no es novedad en el cine de Truffaut) exagerando la forma en algunos momentos. De hecho hay algunos planos encadenados hechos de manera ex profeso para tratar de confundir al espectador. La cámara como siempre en las películas del francés se mueve de manera totalmente libre, especialmente en las secuencias de exterior (la visita de Jeanne Moreau a la casa de la única de sus víctimas con su hijo sería un gran ejemplo). Una de las mejores secuencias de la película es el momento en que el director recrea mediante dos flashbacks seguidos el día de la boda. En el primero observamos el punto de vista de los que cometieron el crimen (y nos damos cuenta de que en realidad sólo hubo un verdadero culpable) mientras que en el segundo vemos la misma secuencia desde el punto de vista de la novia. Truffaut silencia los personajes que gesticulan en lo que parece una secuencia más sarcástica que trágica mientras la voz en off se encarga de relatar de memoria.

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Las cinco víctimas de la película resultan además una crítica que el director francés realiza sobre los diversos tipos de hombres. Cada uno de ellos ejemplifica las personalidades prototípicas de los hombres (el seductor, el personaje tímido, el padre de familia que oculta un secreto en su interior…) pero llevadas a tal extremo que resultan nocivas, tanto para ellos como especialmente para los que les rodean.

Interesante y significativa (por simbólica) es la escena en la que Jeanne Moreau se enfunda el traje de Diana. Recordemos que la Diosa cazadora era una de las divinidades más temidas por los hombres (recordemos su episodio con Acteón), ya que Diana siempre se ha considerado como una de las mujeres más indomesticables del panteón griego.

 

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