Batman: Año Uno

Es 4 de enero. En muchos lugares del mundo son fechas felices. Días de estar con la familia, de dar y recibir regalos. De recuperar la fe. De adornar las calles. De creer en Santa Claus.

Pero no aquí.

Probablemente en algún lugar de esta ciudad, dos drogadictos acosan a una prostituta hasta saciar la abstinencia con su sangre. No muy lejos, quizás algún niño acaba de aprender el arte de robar carteras. Mientras, posiblemente algún punky que no llega a los veinte años de edad le prende fuego a un vagabundo ante la impasible mirada de un agente de policía, que acaba de recibir religiosamente su salario extra de manos de algún mafioso de raíces italianas. Salvar la vida de ese hombre no valía la pena. Quizás intentar salvar la ciudad, tampoco.

Por tierra, por aire. Dos hombres llegan al corazón de la ciudad hoy. El primero desearía verla desde arriba, creerla civilizada, necesita recordarse a sí mismo por qué está aquí y espera que su mujer le diga que no está embarazada. Este no es sitio para criar a un niño. El segundo la mira desde el aire, y se lamenta por no verla más de cerca, de oler a su presa en la distancia apropiada: la que necesita un roedor con alas.

¿Qué es ser un héroe? ¿Por qué debería serlo? Y, más importante… ¿Se puede ser un héroe respetando la ley?

Dentro y fuera de ella. Los dos hombres empiezan a librar su lucha hoy. El primero lleva una placa de policía, y jamás la quebrantaría. El segundo sabe que incluso la ley puede pudrirse si los hombres sucumben a la codicia, sabe que ésta no protege siempre a los inocentes, y que a veces un símbolo en la sombra, una máscara que inspire temor, puede ser la mejor manera de conseguir un mundo mejor.

3 de diciembre. Se aproxima la Navidad, otra vez. Han pasado muchas cosas este año. En algún tejado, el hombre con placa se enciende un cigarro. Se ha ganado bien su ascenso a capitán, y ha aprendido algo: que quizás no todo está perdido, y que en esta ciudad quizás tener un amigo que haga las cosas por su cuenta no es algo tan malo. No serán unas Navidades fáciles, hay miedo en las calles, alguien amenaza con contaminar el agua de la ciudad. Se hace llamar el Joker. Da una calada y sonríe. Su amigo está en camino y sabe que puede confiar en él. James Gordon no cree en Santa Claus, pero sospecha que alguien está a punto de devolverle la fe a la gente de esta desastrosa ciudad. Ha empezado una leyenda en Gotham City.

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Frank Miller nos regaló, allá por el 88, Batman: Año uno. Si este no es uno de los mejores cómics que leerás jamás, que venga el Dr.Manhattan y te desintegre. Una revisión al primer año de Bruce Wayne enfundado en su traje del Señor de la Noche, enfrascada en un aura de cine negro sensacional, de colores pastel apagados, de viñetas grises, de explosiones de acuarela, de persecuciones de coche nocturnas sobre suelos mojados…Si has visto Batman de Tim Burton, no te resultará una estética tan desconocida.

En tus manos tendrás los primeros pasos de Bruce en su localidad natal después de su exilio voluntario, sus divagaciones sobre cómo combatir aquello que le arrebató lo que un niño más ama en el mundo, hasta aterrizar en su archiconocido modus operandi: convertirse en aquello que más teme, proyectar sus miedos y, con ellos, derribar el crimen. Pero el Batman de Miller no está sólo. James Gordon es aquí tan protagonista como el cruzado de la capa. Y se agradece, la verdad. Por varios motivos:  Gordon representa el elemento humano dentro de la podrida Gotham, la prueba de que Batman tiene razón al hacer lo que hace; por otro lado, que Wayne trabaje por su cuenta no significa que tenga que hacerlo sólo, y nos recuerda que él también puede necesitar ser salvado alguna vez. El dibujo corre a cargo de David Mazzuccheli, y la verdad, junto al color de Lewis, recrea a la perfección esa ambientación de género negro de la que hablábamos antes.

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El ritmo narrativo es muy cinematográfico, y no es de extrañar que Nolan se basara en gran medida en esta historia para crear su trilogía del Caballero Oscuro, tras la cancelación de su adaptación directa que iba a ser llevada a cabo por Darren Aronofsky. Especial atención al comisario Gordon, te darás cuenta de que Gary Oldman es su copia exacta, y también a algunas escenas concretas, como por ejemplo cuando vemos a Bruce introduciéndose en lo peor de Gotham, o el final en el tejado. Así que si disfrutaste viendo a Christian Bale en traje negro y aún no has leído ningún cómic de Batman, deberías empezar por este. Eso sí, debo advertirte de algo: una vez entras en Gotham, no podrás salir jamás.

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Por cierto, puedes disfrutar de la versión animada de este cómic. Gran película en mi opinión, absolutamente fiel a la novela gráfica, aunque carece de la introspección narrativa que puede ofrecer el original en papel. El film ha recibido críticas de todos los colores, desde quien dice que es demasiado fiel a la viñeta, que no aporta nada nuevo y no sobrevive al cambio de formato, a quien se muestra satisfecho de tener una adaptación tan clavada al fin. En cualquier caso, es obligatorio verla.

http://www.youtube.com/watch?v=ri3EewmwDoc

David R. Rodríguez

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