Ciclo James Wan: Dead Silence

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Dead Silence es una de las películas de terror que se han revalorizado después de que el director de la misma película, James Wan, realizará la afamada The Conjuring (2013), estrenada hace relativamente poco. De hecho, pese a que Dead Silence no llega nunca a los niveles de su reciente película es cierto que resulta muy interesante verla, porque supone un paso intermedio entre el James Wan que realizó Saw (2004) y el de Insidious (2010). En Saw observamos como el director resolvía la película con audacia y giros de guión ante un presupuesto bastante limitado, en una propuesta que tenía como eje principal el subgénero de tortura mucho más desarrollado que una propuesta típica de terror. La violencia y la sangre eran parte indispensables de la película que ha acabado degenerando en una serie de secuelas de calidad ciertamente más que cuestionable. El caso es que también la violencia era el eje motor de la fallida Sentencia de Muerte (2007), mientras que Dead Silence es un paso intermedio entre este tipo de cine mucho más vacío y efectista, que las últimas películas del director.

El elemento sobrenatural y no un argumento corriente como en la opera prima del director, es el motor de la película. En este caso todo viene de un muñeco típico de ventriloquia, con una maldición inscrita en él. En realidad un argumento que parece sacado de una película ochentera y es que esta será una de las constantes de la película, el homenaje o la impregnación de muchas otras películas de género, que acaban configurando la película.Dead Silence no es redonda ni mucho menos, pero en manos de otro seguramente la película habría acabado por convertirse en un espectáculo ridículo, mientras que Wan consigue que el dichoso muñeco nunca cometa un paso en falso y sepa moverse entre los elogiables caminos de la sutileza, con apenas ojos que se giran y el propio aspecto físico del muñeco, que resulta de por sí y terrorífico.

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Pero la trama ciertamente tiene bastantes agujeros. Ni tampoco James Wan era por aquel entonces un director lo sufiencientemente maduro como para poder  sustentar la película por sí sólo. La película nunca alza el vuelo por diversos motivos, entre ellos que el director no consigue crear un argumento sostenible para conseguir aterrorizarnos, sino que todo parece ya muy masticado y sin gracia. Además tal y como se desarrollan los eventos en la película todo parece marcado de antemano por un Deus Ex-Machina. Por ejemplo, la cámara acompaña a nuestro protagonista principal durante todo el film, pero sus motivaciones quedan bastante diluidas, incluyendo la visita al pueblo que será el desencadenante de todo, y que apenas queda esbozado en un prólogo que aunque resulta efectivo, sabe a muy poca cosa. Es además un personaje sin gracia y sin motivación, y para haber perdido su esposa en apenas unos minutos parece sentirlo realmente poco. Hay algo que falla y es que tampoco la puesta en escena demuestra nada comparable con The Conjuring o Insidious. El director recurre demasiadas veces a los clichés (y a diferencia de la autoconsciencia de The Conjuring, esta lo hace sin demasiada gracia), especialmente en el desarrollo de la trama. Los referentes no se han podido combinar en un agradable cóctel, sino que la mezcla ha quedado demasiado agria. Ya en los títulos de créditos observamos una música que se acerca en demasía a la mítica del de William Friedkin. Por no hablar de ciertos diseños visuales de la película (como el plano que nos indica la entrada al pueblo, alguna visión terrorífica o incluso flashbacks) que se sustentan en el arte visual del cómic, pero que quedan casi como una simple broma y que parecen acercar la calidad de la película a un episodio ligero de la serie Masters of Horror que a otra cosa.

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Donde si vemos elementos destacables es en ciertos aspectos que se volverían a repetir en películas como Insidious y que el director conseguiría pulir con más esmero en posteriores citas. En especial los momentos en los que recurre a la aparición de Mary Shaw (el ente maligno de la película) o las alucinaciones que se asemejan mucho a pesadillas oníricas, donde Wan revela esa capacidad que tiene para crear unas atmósferas inquietantes. El director se asemeja bastante al estilo pictórico de Georges de La Tour, uno de los pintores franceses más destacables del conocido “realismo Francés” especialmente cuando elabora unos personajes que con una gran caracterización nos recuerdan a figuras de cera y que palidecen ante nuestra visión, dando la auténtica sensación de que no pertenecen a este mundo terrenal.

dead_silence_6 Acercándonos a Insidious.

También, como constante en la carrera de Wan se opta mucho más por una gama de colores fríos que el espectador acostumbra asociar siempre al género de terror, así que no es difícil ver como los azules y oscuros son los predominantes en el film, con predilección como no podía ser de otra manera por las escenas nocturnas.

Y pese a que Wan también intenta experimentar algunos trucos con el recurso (dejando en silencio ciertos elementos mientras hace sonar otros cuando hay las apariciones de Mary Shaw y el muñeco) en gran medida resultan fallidos. Hay que decir que Dead Silence es un entretenido espectáculo, pero nada más que eso.

5/10

Kyrios

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