Análisis Fílmico: Siete hombres al amanecer

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Operation Daybreak, traducida poéticamente al español como Siete hombres al amanecer está basada en una historia real sucedida durante la segunda guerra mundial. Además retrata una historia bastante insólita, porque se trata de la única operación apoyada por los gobiernos aliados con el objetivo de acabar con una de las figuras nazis más temidas, el jefe de la RSHA (el encargado de seguridad del Reich), además de ser una de cabezas visibles en la construcción de la solución final, Reinhard Heynrich. El atentado, conocido con el sobrenombre de operación antropoide, en la que mediante la colaboración de la aviación británica, la RAF, un grupo de checos llevó a cabo sus pretensiones, asesinando al líder nazi. Esta película retrata su historia. No ha sido la única que ha traído a la gran pantalla esta operación y debemos recordar la mítica película de Fritz Lang, Los verdugos también mueren (1942), en la que se seguía la misma historia, aunque en aquella el guionista fuera ni más ni menos que el gran dramaturgo Bertol Brecht.

Siete hombres al amanecer es la típica película que uno ha visto ya antes de que esta empiece. No hay nada nuevo pese a que el director británico Lewis Gilbert (famoso por rodar la exitosa película de Alfie así como alguna película de la saga Bond) trate de alzar la película a la gloria. La película no se acerca al nivel de otras obras que siguen un esquema similar, como podría ser El desafío de las águilas (1968) o Ha llegado el águila (1976). La ambientación es prueba de ello. Todo parece escogido con un gusto indudable, tanto por las majestuosas mansiones nazis recargadas de oro y plata que se registran así como las juventudes Hitlerianas cantando Noche de paz en su lengua natal. Todo da el pego y apenas hay elementos que desentonen pero falta una carencia de imaginación.

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Si aquellas optaban por una historia ficticia pero que contaba con múltiples alicientes (como unos grandes artesanos detrás de las cámaras como John Sturges o Brian G. Hutton y un reparto más que brillante, con Michael Caine y Clint Eastwood a la cabeza, Siete hombres al amanecer se queda demasiado corta. Es cierto que no todos los actores desentonan en la película, como Timothy Bottons, pero alguna que otra interpretación se ve demasiado forzada, especialmente a medida que avanza la película. Además el tono serio de la película, casi misericordioso no acaba de pegar del todo bien con ciertas secuencias en las que la música se convierte en un elemento más negativo que positivo. Y es que aquí no contamos con la brillante música de Ron Goodwin que realizó para El desafío de las águilas, sino que la banda sonora, compuesta David Hentschel intenta tirar más por las vías atmosféricas que no las melódicas, pero la jugada acaba saliendo mal, en gran parte no por culpa suya sino porque el director, Lewis Gilbert se encarga de abusar del clímax musical para repetir una y otra vez la misma sintonía, que unida al tono excesivamente rígido de la película, lo único que hace es causar cierta sensación de desazón.

La película está partida en dos mitades, el antes y el después de la operación. La parte previa es más farragosa y se ve con más reparo. En ella el director no ha sabido desenvolverse bien, porque más que a una libertad creativa recurre a unos pasos demasiado vistos y la preparación del plan de asesinato (o mejor dicho, de los varios) se realiza como una simple rutina. Es a partir del asesinato y cuando todo se vuelve impredecible cuando la película gana enteros de manera definitiva. La búsqueda de los nazis hacia los causantes del atentando se convierte en una caza al ratón que deriva hacia un espectáculo que si bien la convierte en una película más cercana al género de acción o bélico que a otra cosa, consigue su objetivo. Y eso que las acciones de acción no están especialmente rodadas con una magnífica gracia (el director aparte de alguna fantasmada como permitir que una patrulla entera sea destrozada por tres hombres se limita a grabar con planos y contraplanos típicos) pero la acción de la cripta si logra transportarnos a la sensación de claustrofobia que debieron vivir aquellos hombres en e final de sus vidas, culminando con una secuencia final bastante lograda).

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Por otra parte la película se sitúa en una posición intermedia entre el cine clásico y las últimas corrientes. Si algunos encuadres beben aún de una planificación clásica en la que el equilibrio es predominante (en especial las escenas de interiores) cuando la cámara se sitúa fuera en la ciudad es cuando consigue liberarse de la monotonía y conseguir unas cotas de calidad más altas. La cámara define el encuadre entrando y saliendo de la escena siguiendo un modelo metódico que se repite en más de una ocasión.

4/10

Kyrios

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