Análisis Fílmico: Los Últimos días

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Los Hermanos Pastor consiguieron ganar un concurso de cortos promocionales, lo que les permitió cumplir su sueño y rodar su primera película en los Estados Unidos, filmando Carriers (Infectados) en el año 2009. Los dos hermanos lo tienen bastante claro, lo suyo es el cine de género. La ciencia ficción. Si bien infectados resultaba una película irregular que se infiltraba en el género de los infectados/zombies, denotaba que había unas ganas abrasivas de hacer cine. Los Últimos días es una consolidación comercial en cierto sentido dentro de su trayectoria, pero a la película le sigue faltando una pizca de valentía.

Y es que seguramente el sello de producción ha atado bastante bien a los dos hermanos. La película es seguramente lo más limitada que se ha visto dentro del cine del género apocalíptico, es decir, no toma absolutamente ningún riesgo, sino que parece rodada con el piloto automático. Entonces surgen las preguntas, sí, la producción española ha cumplido y se puede competir en cierta manera con el cine del otro lado del charco, pero ¿de qué sirve tener una película de tales características sino ofrece nada nuevo o singular que pueda atraer al espectador? Está claro que no han dejado ninguna libertad creativa a los directores con tal de que no hicieran una película que se fuera del cine comercial y del espectro más amplio de público posible. De tal manera que el tono para todos los públicos es básicamente el que predomina en la película, así como una trama azucarada y bastante absurda que no aporta demasiado al género, por no hablar de los planos intercalados de la ciudad condal, que parecen metidos de manera impostada como una bonita (pese a la tragedia que rodea la película) postal cinematográfica.Teaser-trailer-de-Los-ultimos-dias_noticia_main_landscape

Por extraño que parezca, el fenómeno curioso que nos presenta la película y que es el causante de que los seres humanos se hayan visto obligados a recluirse en sus propios edificios no es nuevo. De hecho el gran artista Luis Buñuel en El ángel exterminador (1962) realizó una obra maestra que tenía un argumento similar. Sin embargo, mientras en la película de Buñuel el director se servía de tan bizarro argumento para construir una metáfora muy ácida sobre las costumbres burguesas, la película de los hermanos Pastor hace de su argumento una simple anécdota. En su defensa hay que decir que por lo menos no tratan de realizar explicaciones científicas absurdas de turno (difícilmente una enfermedad como la que muestra la película podría ser defendible en términos teóricos) pero la película queda bastante coja en este aspecto. Simplemente es una excusa más para que los directores puedan mostrar el tremendo caos en el que se ve sumido Barcelona.

Así que en líneas generales la película cumple, pese a que tiene que tirar de tópicos para completar su metraje. La relación entre Quim Gutiérrez y José Coronado que se resume entre hombre joven repleto de vida y hombre adulto que en un primer momento está marcado por las cicatrices de la vida y se endulzará a través del tiempo está bastante vista de antemano. José Coronado cumple en la mayor parte de su papel, pese al rancio y redentor final que han colocado a su personaje, mientras que Quim Gutiérrez no da el callo casi en ningún momento.

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La narrativa está construida mediante diversos flashbacks que tratarán de reconstruir lo sucedido en relación al personaje principal de Quim Gutiérrez y son los que permiten a Marta Etrura, su mujer en la ficción, aparecer en el film. Posteriormente estos flashbacks acabarán desapareciendo, en los momentos finales de la película en los que la película se sitúa totalmente en el presente. La estructura narrativa ni molesta ni tampoco consigue ningún objetivo en el espectador. Por mucho que a veces los hermanos Pastor traten de encajar las piezas entre las diferentes secuencias (el personaje de Gutiérrez evoca un flashback después de observar una ubicación que le es cercana).

La trama se toma además algunas licencias que dejan al espectador con cierta cara de pasmado, por no decir de bobalicón. No es muy lógico que los animales campen a sus anchas en Barcelona (por mucha explicación de zoológicos abandonados que se le busque) así como ciertas secuencias en el supermercado que parecen recurrir más a los clichés del género que a una auténtica justificación.

Los últimos días se debe ver como una película que sirva de auténtico trampolín en la carrera de los hermanos Pastor (recordemos que esta es sólo su segunda película) para garantizar su independencia delante de las productoras.

4/10

Kyrios

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