Breaking Bad: preview

Se acerca lo nuevo (y lo último) de la gran Breaking Bad. Me vais a perdonar si me estremezco al pensar que este viaje llega a su destino. Como el cáncer de Walter White, cada capítulo será saboreado como una victoria, un día más en la vida, sabiendo que la muerte, el fin, estará más próximo cada vez. Perdonadme también si cuando la serie termine, me guste o no el final, destrozo un dispensador de toallitas de papel con mi puño, o si me quedo en   simismado mirando a alguna de las moscas que se cuelan en mi comedor en estos días de alburquerquiano verano. Después del último episodio la vida tendrá un poco menos de sentido, sabiendo que no volveré a oír la profunda voz rota de Heisenberg confundiéndose con la de su alter-ego palurdo, ése que comparte iniciales con el poeta Walt Whitman.

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Me costó subirme al tren de BB, la aparente lentitud de la primera temporada y parte de la segunda parecían no corresponder a mi ansiedad. Tengo un amigo que me dijo que esta serie es como cuando te duele un poco la encía y sin embargo no puedes dejar de empeorarlo con la lengua, hurgando en la aflicción, aún a sabiendas de que no es lo que debes hacer. Es una serie rara, surrealista, dolorosa a los ojos en muchos momentos, pero adictiva como el cristal azul. Su consistencia interna, su lógica en sí misma, la hacen extrañamente creíble, cercana.

No sabría decir muy bien dónde radica la fuente de su magia, dónde se esconde la fórmula química que hace que me guste tanto. Su estética, sus disparatados personajes, su trama, su guión ocurrente, su moderno montaje, sus salidas de tono, su ritmo cambiante, su bien escogida banda sonora, su…No lo sé. No es la mejor en nada, pero casi lo es en todo. Es la hija no reconocida de Robert Rodríguez, la serie que Matt Groenning hubiera creado si se hubiera atrevido a abandonar Springfield y madurar un poco. La historia de cómo alguien que es la fusión entre el padre de Malcolm y del profesor Frink se convierte en el Lex Luthor de los años 60, un científico loco y envidioso que quiere ser el número uno cueste lo que cueste. Como Luthor, con el paso del tiempo Walter White perderá el pelo, pero no la cabeza, aunque siempre parezca bordear el límite. No obstante, la diferencia entre Alburquerque y Metrópolis es fácilmente identificable: Heisenberg no se enfrenta a Superman, no hay nadie que sea mejor que él. De hecho, el peor enemigo de Heisenberg es el propio Walter White.

“I’m the one who Knocks”

No hay buenos ni malos. El protagonista es el criminal, pero no lo es tanto si le conocemos y entendemos sus motivaciones, como a un Ned Flanders desbocado,  y su cuñado, el sensacional Hank, es un buen poli pero un poco capullo, la versión espabilada del teniente Wiggum fusionada con Homer. Skyler, la mujer de Walt, debería darnos pena por verse en semejante situación y, sin embargo, no son pocos los que dejaron de ver en ella a una Marge para empezar a ver a una de sus odiosas hermanas. Gus Fring aparentaba ser la mejor persona del planeta hasta que amenazó con matar a una neonata como Maggie, el abogado criminalista es verdaderamente un criminal (la versión triunfante de Lionel Hutz…por cierto tiene bemoles que se apellide Goodman) y Jesse Pinkman, que tan bien nos cae a todos y tan buen corazón ha demostrado en muchas ocasiones (cuando no delata a su hermano por fumarse un peta, o por cómo reacciona cada vez que un inocente sale herido por las actividades laborales en las que está inmerso, por ejemplo) intuyo que podría acabar siendo el más cabrón de todos, un Bart adulto. Pero para afrontar el final de la serie, la clave para mí reside en entender a los personajes, en especial, evidentemente, a Walter. ¿Por qué es él quien llama a la puerta?

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Él es quien llama porque en el pasado se la cerraron en sus narices (¿O se la cerró él mismo?). Su antigua novia de la facultad y su antiguo amigo ahora son pareja y comandan la billonaria empresa que nació de una investigación supuestamente exitosa gracias a Walt. No sé hasta qué punto el cáncer tiene que ver en todo esto, si es la clave o mera excusa. Algo me dice que la segunda. Walt no se convierte en Heisenberg por tener cáncer. Ni siquiera creo que realmente quiera proveer a su familia. Walt deja salir a Heisenberg para golpear la puerta y llevarse aquello que cree que es suyo por derecho, usando como excusa un pulmón enfermo y un hijo en muletas que se pasa la vida comiendo pancakes y llamando zorra a su madre. Además, tal como él mismo reconoce, sus “salidas al campo” son terapéuticas. No fue sólo el anillo lo que convirtió en Gollum a Sméagol…pero sí la causa final de su muerte. Veremos si el cáncer de pulmón tiene el mismo papel en la vida de Mr.White.

“Say my name”

El ego de Heisenberg contra la prudencia y la familiaridad de Walter….¿O es al revés? Ahora que se acerca la conclusión, es el momento de pensar qué cabos sueltos necesitan ser atados. La trama principal es obvia, queremos saber si Walter será pillado o no, si sobrevivirá o no. Pero más allá de eso, a mí lo que me llama la atención es cómo terminarán todas y cada una de las relaciones que existen entre los personajes. ¿Cómo se desarrollarán a partir de ahora las cosas entre Hank y Walt? ¿Cómo actuará Skyler delante de su familia, y qué lazos mantendrá con su corrupto marido ahora que presumiblemente será descubierto? ¿De qué lado caerá la balanza de la justicia de Saul Goodman? ¿Y Jesse, será fiel a Mr.White hasta el final? ¿Vencerá Walt o el cáncer? ¿Walt o Heisenberg? ¿Qué nombre será alzado por encima del resto? Demasiadas dudas, y muy pocos episodios…

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Sólo una cosa me huele mal: la posible moralina barata de “ahora que dejas de ser malo te pillan, eso te pasa porque nunca deberías haberte desviado del buen camino”. Sinceramente, sería épico ver a Heisenberg morir en una escena al más puro estilo Scarface, pero creo que me complacería más que saliera victorioso, que quedase vivo y pudiera disfrutar de su fortuna, aunque fuera bajo otra identidad. Quizás la partida de póker que juega con Hank en la primera temporada, y en la que Walter gana a su cuñado de la DEA, haciendo un all-in y tirándose un farol en su última mano, sea un gran presagio de lo que está por acontecer.

Ya veremos si el final de la serie presume de precisión quirúrgica como la metanfetamina de Walt, o si por el contrario se estrella contra nuestras ilusiones como dos aviones en el cielo de Alburquerque. Si fuera esto último, os aseguro que denunciaré al tal Vince Guilligan por no cerrar bien la que para mí es la mejor serie que quizás he visto jamás. Y que se prepare, porque tengo muy claro quién sería mi abogado…Better call Saul!!

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David R. Rodríguez

Os dejo trailer/resumen:

http://www.youtube.com/watch?v=2ZXpxRFCFv0

 

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