Ciclo Joe Dante: Matinee

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Matinee quizá no sea la película más famosa en la trayectoria de Joe Dante, pero si es cierto que se trata de una de las mejores obras de su carrera. Realizada en el 1993, después de que el director ya hubiera rodado las dos películas de la saga Gremlins (las obras que le encumbraron a la fama), Matinee se trata de uno de los homenajes más brillantes que dedica el cine de los años ochenta a los años sesenta.

La película se encuadra dentro de un contexto histórico muy concreto y del que el director se sirve para hacer avanzar la historia. Más en concreto, en los inicios de los años sesenta, cuando el joven presidente Kennedy gobernaba el país y se produjo la crisis de los misiles con Cuba. Uno de los momentos más cruciales de la humanidad y es que el mundo estuvo cerca de volar en pedazos, cuando los soviéticos dieron cobertura militar al régimen comunista de Cuba.

Evidentemente el clima de aquellos momentos era de tensión máxima y todos sabían que la bomba atómica podía caer en cualquier momento. Es desde este punto donde Dante empieza su historia. Nada más empezar observamos el primer guiño al cine, un homenaje más que descarado sobre Hitchcock. Y es que el protagonista de la película, John Goodman, se trata de un director especializado en películas de miedo que ha decidido abordar la película de terror definitivo. El caso es que Dante nos lo presenta en blanco y negro y con un porte hecho de tal manera que Goodman parece sacado ni más ni menos que de aquella mítica serie, Alfred Hitchcock presenta, mientras el actor mira a la cámara y realiza los típicos discursos que el director británico realizaba para su serie de televisión.

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El homenaje al cine es pues el pilar básico de la película. Pero además Dante lo realiza con un mimo y un tacto muy concisos. Se respira cine en cada fotograma de la película. Una secuencia clave del film es cuando el personaje de John Goodman acompaña al personaje adolescente por los entresijos del cine y le cuenta las maravillas del cine, mientras suena su voz en off, la cámara adopta el plano subjetivo y nos introducimos en los entresijos de la sala de cine. Goodman relata: El sonido de las entradas al ser cortadas por la mitad, el olor a palomitas, el entrar a la sala abriendo las puertas de par en par..

No sólo se queda en sus personajes. La propia película que el director está realizando para el estreno se trata de otro homenaje al cine, esta vez a la ciencia ficción de los años cincuenta, aquella en la que por contexto histórico la mayoría de historias tenían una relación básica con la mutación nuclear. En la película que Goodman está rodando se observan estas características, pues nos cuenta la historia de una persona que ha sido mutada con una hormiga y que empieza a cambiar su forma adaptando la del insecto. Dante nos presenta fotogramas mismos de la película, en la que el espectador puede comprobar cómo el director realiza una interesante sátira sobre aquellas películas, ridiculizando sus efectos especiales, la figura del genio científico, o la endeblez de sus tramas, pero no de una manera únicamente destructiva, sino que en el fondo hay un cariño por aquel género de ciencia ficción que floreció en aquellos años cincuenta y sesenta, cuando en líneas generales se trataban de películas hechas para un público muy reducido y no tenían un prestigio como el que podrían llegar a tener ahora algunas de las cintas de ciencia ficción (aunque hay que decir que en este aspecto seguimos bastante retrasados).

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También en el propio cine podemos advertir un cartel que indica que la televisión por cable ya estaba empezando a ganar terreno al cine físico, así que la película también se reivindica como un estandarte en la lucha de la sala física contra la televisión, que ya por aquellos años sesenta estaba empezando a hacer estragos a las salas de cine. Ahora bien, si en aquellos años sesenta hubo una generación de cineastas (en su mayoría franceses) que intentaron luchar con sus propias armas a la televisión, Joe Dante propone la alternativa del espectáculo para combatir a la televisión. Por este motivo el personaje de Goodman altera la sala de cine (incluyendo efectos eléctricos o que la sala tiemble) para que el espectáculo sea uno de los factores básicos en el placer del cine.

Y es que matinee es una película de los años ochenta. Pero en el mejor sentido de la palabra. La película tiene aquel toque tan nostálgico que tenían películas como la de Cuenta Conmigo (1985) del infravalorado Rob Reiner, en la que los personajes principales son básicamente jóvenes adolescentes, casi niños, que demuestran una inocencia mágica. Matinee es de aquellas películas que trata perfectamente a sus personajes. Los mima hasta el extremo, porque siente una auténtica pasión por ellos.

En realidad se puede enfocar perfectamente la pasión que ambas generaciones sienten por el cine, cuando vemos la personalidad de sus protagonistas. John Goodman podría tratarse perfectamente de un Joe Dante ya maduro, mientras que el personaje adolescente interpretado por Simon Fenton podría ser el mismo Dante de adolescente (recordemos que la película está ambientada en los años sesenta). De tal manera que mediante este desdoblamiento el director consigue mostrar las diferentes generaciones de amantes del cine, que se aúnan para sentir su particular pasión por el cine.

7/10

Kyrios

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