Análisis Fílmico: Spring Breakers

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Hay gente que no ha sabido con lo que iba a encontrarse. También  Hay que decir que ciertamente Spring Breakers no es una película convencional. Cualquier espectador medio queda en shock nada más ver su despampanante prólogo, en el que las escenas subidas de tono son las que imperan, y además las que lo harán en todo su metraje. No  nos vamos a andar con rodeos, hay más ubres que en un certamen de ganadería bovina. Pero es que antes de ver la película hay que poner en situación, entrar en el contexto en el que se ha producido Spring Breakers, porque sino posiblemente no entendamos nada.

El problema es que en pleno Siglo XXI aún hay gente que necesita que le den cualquier imagen masticada. No hay tiempo para la lírica, y mucho menos para las metáforas. Spring Breakers es una destrucción de todos los clichés posibles que otras películas como por ejemplo Project X (2012) nos enseñaba. Que es una parodia de la fiesta continua a la que millares de jóvenes aspiran lo ve cualquier que tenga medio cerebelo, pero claro, vivimos en el país que vivimos y eso sería pedir demasiado. Otra cosa es que uno acepte o no el juego que propone Harmony Korine, el director de la película, pero eso es otro tema muy distinto. Guste o no, Spring Breakers es una película de autor.

Sí, porque la película la dirige Harmony Korine, así que tener un poco de información antes de enfrentarse con Spring Breakers no estaría nada mal. La gente que no es capaz de ver la sátira detrás de la película es porque seguramente tampoco conoce al director, una personalidad que siempre ha dirigido proyectos que no entran precisamente en los estándares comerciales de lo que podríamos entender como producción típica de Hollywood. Precisamente, la elección de las actrices no es más que una burla que realiza Korine, no sólo hacia el sistema, sino hacia los propios espectadores (la directora debe vanagloriarse de los inocentes padres atraídos por sus hijos que se creían que esta era otra película más para ver a sus idolatradas estrellas juveniles componer otra película absurda más). Korine, recordemos, es el director de películas como Gummo (1997) o Julien Donken- Boy (1999) obras con un poderoso magnetismo que se alejan totalmente de lo que uno podría esperar como cine convencional.

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La película parodia precisamente uno de los conceptos que cada dos por tres aparecen por la cartelera y que ha inundado de manera abrasiva las mentes de la juventud contemporánea, la fiesta perpetúa. La sociedad actual, urbana, reprime constantemente los instintos con el manido que se ha de hacer, que hemos de hacer (Selena Gómez es por eso la primera joven en marcharse) con lo que cada vez más el ser humano se encierra en sí mismo y no libera sus tensiones. Tampoco recuerda en el calendario las fiestas que antes tenían las sociedades antiguas para rememorar estos actos de liberación, con lo que entre el deber y el ocio, se ha forjado una nueva fiesta que aparece repetidamente en las películas Hollywoodienses, especialmente las dirigidas a un público más joven. Desde American pie y cualquiera de la saga, o Resacón.Las respuestas son múltiples. El ser humano busca la gran fiesta, la mitifica (como admiten las protagonistas de nuestra película hacia el final del metraje) y la sueña. En la película es el único motor que hace que nuestras protagonistas vayan por  unos caminos tan peligrosos. Korine plasma todo esto en un cóctel bestial en que las imágenes pueden impactar a los espectadores más recatados. Sí, sexo y drogas, aunque poco rock’n roll. Más bien la selección de la música del director está pensada para las grandes listas de éxitos de hoy, en las que el rock poco pinta ya.

El problema de la película, es que la parodia y el análisis únicamente se dirige en este sentido, y no hay una profundización. Lo que vemos es lo que hay, y lo que en un planteamiento podría resultar atractivo, se acaba convirtiendo en unas ganas irremediables de cometer asesinatos contra nuestras protagonistas. Sí, los diálogos son estúpidos a propósito, ¿pero dónde está la gracia? Todo funciona acorde con el planteamiento, con lo que el espectador tiene que tragarse unas actuaciones más que ridículas (y es que las princesas Disney desde luego no valen absolutamente nada como interpretes) . La película parodia lo imbécil pero acaba convirtiéndose en lo que pretende criticar u analizar. Más o menos como sucedía en la película Idiocracia, de Mike Judge. Ambas se pasan de listo para lo poco que ofrecen. Si no la has visto pero te imaginas de que va, aciertas. Eso es lo que hay en la película. Nada más.images (22)

Se nota en la propia dirección de la directora, que nos ofrece un auténtico festival de imágenes que se acercan al más puro estilo videoclip actual. La MTV pero en cine. Sí, la propuesta es cool, pero el resultado desigual. Y así es toda la película, poco hay más que rascar entre millares de imágenes eróticas, distorsiones propias de un novel del cine, diálogos que le ponen a uno de mala uva y personajes totalmente estúpidos.

Por supuesto uno ha de respetar la opinión de otro que valore Spring Breakers, siempre que haya entendido el sentido de la película y valore la propuesta de Harmony Korine. No es mi caso porque hacer Spring Breakers no es que fuera fácil, es que estaba tirado.

4/10

Kyrios

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