El diablo Sobre Ruedas

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La historia del diablo sobre ruedas está basada en un suceso real, que le aconteció al propio guionista el día en que murió asesinado el presidente Kennedy. El guionista en cuestión es ni más ni menos que Richard Matheson, uno de los mejores escritores (no sólo guionista, sino también novelista) que ha dado las últimas décadas, especialmente en el género del fantástico. Recordemos que Matheson ha escrito Soy leyenda, una obra de literatura cuya calidad nada tiene que ver con las adaptaciones cinematográficas que ha recibido y que no están a la altura. También ha escrito otras novelas que han sido adaptadas para la gran pantalla, como el Increíble hombre menguante realizada en 1957 por el director Jack Arnold o Más allá de los sueños, en la que aparacía Robin Williams. Desgraciadamente este mismo año, 2013, Matheson nos dejaba. Esperemos que allá donde este siga escribiendo maravillosas historias como lo hacía cuando vivía.

El caso es que el 22 de noviembre de 1963, Richard Matheson circulaba por la autopista cuando un camión de grandes proporciones (la única información de la que consiguió el guionista sobre su perseguidor) intento sesgar la vida del escritor. Después de dos horas de escarceos en los que casi muere Matheson consiguió perder de vista al camión, sin que nunca más supiera quien había dentro de él y porque había intentado acabar con el escritor.

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El director del diablo sobre Ruedas era ni más ni menos que un judío de apenas 23 años llamado Steven Spielberg y se encontraba ante su primera película que sobrepasaba la hora de duración. La obra estaba pensada para convertirse en un telefilm, pero el éxito que consiguió con la película hizo que fuera estrenada en algunos cine fuera de los Estados Unidos, por lo que la productora decidió llamar al director para que completara parte del metraje (en su versión original la película sólo duraba unos 73 minutos, pero el director consiguió alargarla hasta la hora y media). Se estrenó en Madrid, donde el propio director fue a la sala de estreno, entre multitud de periodistas y fotógrafos.

Steven Spielberg realiza para el Diablo sobre ruedas una de sus mejores direcciones. No es tontería decir que la película, pese a la inexperiencia del director cuando la rodó, es muy superior a muchas de las películas recientes que el director estrena últimamente. Seguramente porque detrás del diablo sobre ruedas encontramos a un talento innato que sobre todo tenía unas ganas terribles de decir aquí estoy y demostrarles a todos los productores de lo que era capaz cuando le daban cierto margen. Y eso que el rodaje original de la película (ya he comentado que después del éxito tuvieron que alargarla) se hizo en un tiempo irrisorio, en apenas 13 días. ¿Quién sería capaz de dar más con tan poco?.

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En realidad, la película tiene muchas similitudes con otro exitazo de taquilla que realizaría el director años más tarde, en el 1975 con Tiburón, una película que marcó un antes y un después en la historia del cine. Ambas comparten en realidad una estructura muy similar, pero sobre todo un denominador común, casi el mismo protagonista.

En el diablo sobre ruedas no encontramos nada más que un thriller repleto de tensión de hora y media de duración. Ya está, no hay nada más que eso. No hay explicaciones sobre porqués o alguna ayuda que sirva como clave para que el espectador interprete algo más de lo que ve en pantalla. En realidad, el diablo sobre ruedas, así como tiburón, es una revisión actualizada del mito de David y Goliath en nuestros tiempos.

Como en tiburón, el director dota de un halo de misterio a nuestro contrincante (porque evidentemente uno siempre se pone al lado del personaje protagonista de carne y hueso). No es casualidad que nunca podamos interpretar la naturaleza del conductor del camión, y Spielberg nunca da una pista sobre quien podía ser. Si es cierto en que hay una escena en que el personaje principal intenta adivinar en un restaurante de carretera quién podría ser el criminal, pero el director de manera muy inteligente nos sigue manteniendo la tensión en nuestras venas, no revelando la verdadera naturaleza del psicópata. Sabemos sólo que es de carne y hueso porque creemos que la película no admite otra interpretación, pero sino, sin duda creeríamos que se trata del mismo diablo quien conduce el camión, como el título en español, que libremente adapta un título poético que nada tiene que ver con el nombre original de la película (Duel).

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Spielberg también cuenta con unas grandes dotes artísticas para dotar a la película de la tensión necesaria. Para el recuerdo quedarán los largos travellings sin cortes que nos muestran la rivalidad entre los dos vehículos. Nunca hasta la fecha se habían rodado unas persecuciones como las que el director nos muestra en la película. Especialmente los laterales en los que se muestran los adelantamientos en la primera parte de la película, donde el juego macabro que tendrá a continuación no ha hecho más que empezar. Si hay que poner una pega a la obra es debido a la producción, que después de alargar innecesariamente la película hizo que la tensión del film se diluyera con escenas repetitivas que lo único que hacen es estorbar el metraje original en que no hay ni un solo grano de paja.

7/10

Kyrios

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