Análisis fílmico: Big Fish

images (2)

Las leyendas suelen tener una porción de información real y bastante de historia. De hecho, es por esa última condición por la que perdura en el tiempo, pasando de padres a hijos y de estos a sus nietos. Para ponerlo en situación, ese hecho, esa aventura que viven los cuentos, no sería muy diferente a la de un gran pez que surca el océano cultural.

Eso, en pocas palabras, es el fondo que trata Tim Burton en “Big Fish”, quizás la mejor cinta que ha llevado a cabo el director de Burbank. No es para menos. Ya ha pasado una década desde su creación y la historia, pese a sus pequeñas triquiñuelas, conserva esa magia que tienen las cintas del director.

La historia de Big Fish gira alrededor de Edward Bloom, un hombre hecho a sí mismo con una cantidad de anécdotas fuera de lo común. Lo más extraño de todo, sin embargo, es cómo este hombre consigue convertir sus historias en epopeyas, como si de un viaje a Ítaca se tratara. Su hijo, sin embargo, no cree a su padre, y le intenta hacer bajar de la nube. El exceso de celo del chico contra las fantasías del padre son el motor de la cinta. Y vaya, porque ese conflicto le da una riqueza enorme a la historia.

Adaptando una novela de Daniel Wallace a su estilo, el director de Burbank consiguió la película más atípica y también la mejor de todo su repertorio. Se nota sobretodo en el aura que desprende la cinta. Hay un enorme infantilismo para niños grandes típico de Burton, pero también una madurez muy parecida a Ed Wood. Y es que Big Fish es sutil y potente en la corriente emocional. Es más, la conjunción de ambos elementos (el infantilismo y la sutileza) consiguen una mezcla única.

bigfish02 (1)

Otro de los aspectos más cuidados del largometraje es su estética. La fotografía está cuidada al máximo detalle, destacando sobretodo la luz y el color. Siguen los ambientes góticos y sombríos en algunos pasajes, pero abundan los espacios a todo color en secuencias clave. Los efectos también ayudan a profundizar también las sensaciones emocionales que produce la película. Y es que si tienen tanta potencia las secuencias de Spectre o del amor de Edward Bloom son, justamente, para aumentar esa dosis emocional. Quizás es por eso que puede ser una pequeña trampa, pero otros ni lo notarán.

Los momentos de gran potencia visual también sirven para separar ese marco que divide lo real de las historias de Ed. Mientras que en las anécdotas del protagonista todo es color, luminosidad y fantasía, en la historia real todo es más sutil. Eso se hace en parte como división y en parte para que sea la interacción entre los personajes sea el plato fuerte de esas secuencias. Y eso se agradece, porque la sutileza de los diálogos, el conflicto entre padre e hijo y las secuencias emocionales más fuertes vienen aquí. Tim Burton aboga poco por lo fantasioso, y la jugada le sale redonda porque son esas escenas las que dan potencia y credibilidad a la historia.

En cuanto a los personajes, cabe decir que la familia es la que a mejor nivel está. Helena Bonham-Carter tiene dos papeles dentro de la misma película, y en ambos toma papeles en los dos polos de la historia. McGregor por su parte cumple sobradamente en el papel de un Edward Bloom joven y lleno de ingenuidad y de alegría al mismo tiempo, mientras que hay un enorme elenco de secundarios que contribuyen a la magia de la película.

Pero hay un “pero” que a mí me rechina: a veces se pasa de fantasiosa. Si bien es cierto que Burton domina ese territorio, la película respira un tono naif que no es del gusto de todo el mundo. Eso se nota a partir de que Edward Bloom conoce a la que será la mujer de su vida, cuando la película adquiere tonos de romanticismo cuasi barato. Sí, es un guiño a las fans de las locuras de Burton, pero rechina porque se ven secuencias o reacciones muy artificiales a lo que una relación de amor real. Sin embargo, y como ya sabéis, esto trata de leyendas, así que…

Pese a esos puntos, cabe reconocer que Tim Burton consiguió con Big Fish crear una película muy seria y que combina lo mejor de su filmografía. Esa sutileza, esa potencia emocional y esa estética que tenía el nativo de Burbank explotaron hace una década para darnos esa maravilla. Con el paso de los años, pero, tan sólo ha conservado esa última faceta. Decepcionante es que no haya podido variar, aunque siempre nos quedará a los que amamos lo mejor de su carrera qué habría sido si hubiera tomado un rumbo interesante como director.

Postdata: Cómo mentía el tráiler cuando decía “de la imaginación de Tim Burton”, y cómo decía la verdad al mismo tiempo.

This entry was posted in Análisis Fílmico, Cine and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s