Posesión (1981)

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Hablar de Posesión, de Andrzej Zulawski es hablar de una de las películas de terror más fascinantes que ha dado la historia del cine. Si alguna vez los tópicos se cumplen es en esta ocasión, porque pese a que la película nos cuenta una historia que ya por aquella época había sido explotada por producciones norteamericanas (la posesión de un ente demoníaco en una mujer), se nota que la película toma unos senderos muy poco habituales para retratar la narración, es decir, la etiqueta de terror europeo le viene ni que pintada.

Y es que Zulawski es un auténtico maestro, que puede recordarnos a otros directores que también crean atmósferas pesadas y casi insoportables como David Lynch (recapacitando, mejor quítenle el casi). Porque es muy cierto que Posesión no es una película de usar y tirar, sino que tiene imágenes que se quedarán para siempre en la mente del espectador, para bien o para mal. Que no significa que Zulawski se vaya por la senda del gore (en ese mismo año se estrena Evil Dead, la película de Sam Raimi que sin duda contiene mucha más violencia explícita que Posesión), sino que consigue dosificar sus ingredientes para crear una historia realmente horripilante.

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Ya en su época fue recibida con ambivalencia por los críticos, pese a que fue nominada en Cannes para competir por la palma de oro a la mejor película. Aún así hay que advertir que la película no está hecha para todos los gustos y en muchas ocasiones se desvía hacia una poética casi del mal que puede hacer tirar para atrás a más de uno. Evidentemente, como en la película el bando que sale triunfante es el mal (en realidad habríamos de escribir el MAL en mayúsculas), a más de un iluminado se le ocurrió pensar que la película hacía una apología al satanismo y demás lindezas, cosa totalmente absurda, pero ya sabemos que pasa en el cine cuando un director se atreve a romper el Happy End, y más en una película de estas características.

Y eso que en los primeros minutos nada hacer ver que estamos ante una película de Terror. Sam Neill interpreta a un hombre que vuelve después de largo tiempo trabajando en el extranjero a su casa con su mujer (interpretada por Isabelle Adjani) y su hijo. Pero pronto cambiará totalmente al enterarse que su mujer ya no siente nada por él y que ha estado todo el tiempo viéndose con otro hombre. Ahí la película parece tomar los caminos de un drama en toda regla, aunque el director ya nos presenta algunos elementos que nos hacen sospechar que estamos ante una relación totalmente disfuncional. En gran parte es debido a que Zulawski recrea una magnífica atmósfera para definir su película, mediante una gran gamma de tonos grises y azules que transmiten la desesperación que hay entre Adjani y Neill Después de mostrarnos bastantes escenas más que reiterativas entre los dos, la tensión va igualmente en crescendo, hasta que vemos que las cosas empiezan a sobrepasar los límites de lo real. Una gran metáfora es el escenario donde se ubica la historia, en el muro de Berlín, que podría simbolizar perfectamente los límites que siempre bordea la película, entre lo real y lo fantasioso, o entre la relación tortuosa de Sam Neill e Isabelle Adjani.

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Después de observar como su matrimonio se evapora, el director polaco adopta una actitud más agresiva, adentrándose en el auténtico terror. Un acierto sin duda de la película es el tempo con el que se articula todo el film, que es el culpable que hace que primero choque tanto al espectador la reiteración de las peleas entre los dos protagonistas (algunos acusarán a la película de aburrida) para más tarde seguir con un espectáculo que podríamos calificar como Dantesco, pero en el sentido más literal de la palabra. Aunque para ser exactos la película nunca exhibe demasiado sus fantasías, sino que las deja en el punto de cocción perfecto para que el espectador ponga de su parte para acabar con el rompe cabezas, como sucede exactamente en el final. A más de uno le provocará dolor de cabeza, pero en realidad es bastante fácil de adivinar por dónde van los tiros.

En realidad, aparte de la fascinante historia de terror que hay en la película, también observamos una historia de amor totalmente retorcida, en la que se nos cuenta hasta donde es capaz el ser humano con tal de amar una persona. No hace falta ni decir que Zulawski tiene una imaginación desbordante y parece que hay momentos en los que el director desvaría, pero aún así, el personaje de Sam Neill está tan encaprichado de su esposa, que es capaz de perdonarle los más terribles actos. No hay que extrañarse, que por algo el director en la primera parte de la película ya nos lo señala como un ateo.

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En todo caso, la película tiene dos cosas innegables. Una la increíble interpretación de sus actores. Sam Neill cumple perfectamente el papel de hombre herido, que al enterarse de que puede haber perdido a su mujer para siempre, pierde completamente la cabeza, convirtiéndose en otra persona totalmente diferente. Pero sin duda, la mejor interpretación está en el papel de la poseída, de Isabelle Adjani, que cumple de una manera tan impresionante que las palabras se quedan cortas. Sólo hay que recordar una de las mejores secuencias, en la que precisamente los efectos especiales se reducen al mínimo y es la interpretación de Adjani la que nos pone los pelos de punta. Me refiero claro está, a la secuencia del metro, en la que se supone que es la máxima lucha entre la parte benigna de Adjani y la parte demoníaca. Se produce entonces en esa secuencia una lucha que da como resultado algo muy parecido a una posesión. Con sólo este pretexto el director logra realizar una secuencia que por méritos propios puede equipararse a otras grandes secuencias de la historia del terror. Y eso que sólo vemos a una mujer perdiendo la cabeza, mientras la cámara la capta como si se tratará de una danza ritual que hace Adjani para cumplir con Satán. Pero créanme, Adjani ríe y se mueve de tal manera que a uno se le ponen los pelos de punta.

El otro factor indudable es que Zulawski es un director con unas telarañas en la cabeza que resultan tan fascinantes como terribles. La manera como deriva el argumento hasta un final del mundo apocalíptico sólo puede haberse gestado en la mente de un loco. Pero como dijo el bueno de Leonardo Da Vinci, Todos los genios tienen un punto de locura en su interior.

8/10

Kyrios

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