Ciclo Willaim Friedkin: The French Connection

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The French Connection pasará a la historia del cine por dos cosas. Una de ellas, y seguramente la más polémica, es por conseguir el Oscar  a la mejor película en el año 1971, ganando a un film tan respetable como La naranja mecánica. En realidad nadie quería ver a la película de Kubrick recoger el primer premio, porque la película había generado un gran debate social acerca de lo que se podía o no podía rodar en una película en relación a la violencia. Evidentemente muchas de las personas de los años setenta no se adentraron en la personalidad e idiosincrasia de la película y la tacharon por hacer una apología de la violencia y considerarla una obra propia de un enfermo. El propio director de French Connection, William Friedkin, admitió que el verdadero ganador de aquel año, había de haber sido el director de la naranja mecánica.

La otra razón por la que la película es interesante y por la que pasará a la historia es por méritos propios y es que sin duda, The French Connection marcó un antes y un después en el cine del género policíaco. Para el recuerdo quedarán las míticas persecuciones que nos ofrece Gene Hackman con su vehículo, yendo a toda velocidad por medio de la ciudad. Y es que en gran parte, la película hizo que cambiar la mentalidad del género, desde entonces y hasta nuestros días, no se contempla una película policíaca en la que no se incluya una persecución en coche (y que en general acabé con más de una explosión de por medio).

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La película también se puede relacionar perfectamente con el personaje principal de Harry el Sucio, otra obra básica del thriller de policías, que dirige Don Siegel e interpreta el mítico Clint Eastwood. Estrenada en el mismo año, la película fue acusada de fascista porque Harry, el personaje principal de la película, decidía tomar de manera bastante salvaje la justicia por su mano, de tal manera que la película parecía incidir en el hecho que los medios policiales muchas veces carecían de una praxis adecuada y en ese sentido la película ofrecía una (interesante, eso sí) apología de la justicia personal. De hecho, en el fotograma final de Harry el Sucio, el personaje tira la placa al río, después de haber asesinado al criminal de la película, como queriendo decir que la ley no funciona contra este tipo de psicópatas.

En the French Connection sucede una cosa parecida con nuestro protagonista principal, interpretado por Gene Hackman. En más de una ocasión discute con sus superiores y no tiene ningún tipo de tapujo en utilizar unos recursos para sacar información que bordean la legalidad. No es casual que las dos películas estrenadas en el mismo año hagan eco en este aspecto iconográfico, y es que los tiempos estaban cambiando en este sentido. No faltaría mucho para que en breves estallaran películas repletas de acción en la que multitud de héroes musculados (como Stallone o el austriaco de nombre impronunciable, Arnold Shwarzennegger, repartían justicia totalmente por su mano).

Todo el mundo que ha visto la película la asocia de manera indisoluble a un color, el blanco. La película rodada en Brooklyn estuvo realizada en pleno invierno y el personal del rodaje estuvo expuesto a unas condiciones bastante duras,  así como los actores. No hace falta más que fijarse en el aire helado que exhalan por la boca cada dos segundos los intérpretes para darse cuenta del frío que debía correr en aquel momento. Pero es que Friedkin, el hombre que pocos años después sorprendería con la maravillosa película de terror  El Exorcista, pretendía dotar de un realismo total a la película. Mucho de los diálogos que se encuentran en la película están sacadas de conversaciones reales de agentes de policía y es que de manera apasionada el director se interesó por documentarse de hechos reales acontecidos en historias parecidas a la que se explica en la película. Y como no, hay que destacar que el guión de la película, escrito por Ernest Tydman y que está basado en un reportaje de Robin Moore, que acabaría convirtiéndose en una novela.

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La ciudad se convierte en un hervidero. Droga, cocaína, violencia por las calles…en este sentido y junto a otras películas de su generación (como la ya citada Harry el sucio) son las que empiezan a mostrar el lado más oscuro de las grandes urbes norteamericanas. No sólo mediante su argumento, sino gracias a la potencia visual de imágenes, que no tiene reparos en mostrar escenas en la que la droga y la violencia están a la orden del día. Como anécdota curiosa en este sentido, Norman Gibbs, actor que participó en esta película y posteriormente en la mítica obra de Coppola el Padrino, fue detenido por posesión de cocaína.

De todas maneras, si hay algo que resaltar en la película, son sus secuencias de acción y persecuciones por la ciudad. Por ejemplo, la mítica secuencia de la estación en la que uno de los criminales se escabulle del policía, fue repetida años después en multitud de películas.  Una de las intenciones básicas fue la obsesión por superar las secuencias de persecución que existían en la película Bullit de Peter Yates, rodada tres años antes.

6/10

Kyrios

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One Response to Ciclo Willaim Friedkin: The French Connection

  1. He leido Ciclo Willaim Friedkin: The French Connection | con mucho interes y me ha parecido ameno ademas de claro en su contenido. No dejeis de cuidar este blog es muy bueno.

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