Cruce de caminos

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Con Blue Valentine  Derek Cianfrance confirmó que podía realizar muy buenas obras. Hoy llega The Place Beyond the Pines (Cruce de Caminos en España), y cabe decir que el director estadounidense se puede confirmar como un director de cine muy sólido. De hecho, la película tiene un aura especial y una calidad inusitada, como si todo se hubiera exprimido al máximo. El resultado ha sido, sin más, un cóctel de la más alta gama.

Derek Cianfrance vuelve a tomar el camino de una película realista. En este caso, sin embargo, aquí se recrudece la atmosfera y la historia más que en su anterior trabajo Blue Valentine. La historia se divide en tres arcos para un total de 2 horas y media. Se nota a veces lo excesivo del metraje, pero también ayuda a distinguir y mostrar todos los matices. Además, el argumento está lleno de contrastes y reflexiona abiertamente sobre el crimen, un tema un poco trillado pero no expuesto muchas veces de esta manera.

La primera parte nos presenta a un Ryan Gosling enorme. Tanto, que recuerda, ni que sea un poco, al James Dean de Rebelde con Causa. Gosling es un motorista enorme que se come la pantalla antes, durante y después de conocer que una camarera con la que tuvo una aventura (Eva Mendes), ha tenido un hijo suyo. Sin embargo, no todo es tan sencillo. Pese a que el protagonista decide aceptar la responsabilidad de ser padre, la vida de la familia ya está construida. Queda pues, para el motorista, buscar el dinero necesario para que su familia esté cómoda, y es ahí cuando se le abre una puerta: atracando bancos.

En esta primera parte hay dos factores fundamentales: el enorme papel que hacen Eva Mendes y Ryan Gosling y una fotografía impactante. No se habla mucho, pero se sigue el canon de “una imagen vale más que mil palabras”. Y tanto: aquí cada imagen goza de una potencia enorme, lo que impacta al espectador. Si a ello le unimos las secuencias finales y el descenso a los infiernos del protagonista, el resultado no puede ser otro más que el excelente.

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Tras una primera parte convulsa, violenta y llena de sentimientos pasamos al segundo arco, con Bradley Cooper en su papel principal. El policía es un héroe local con una historia que ha sido sesgada, y eso lastrará al protagonista del arco hasta el final de la historia. De hecho, aquí viene la parte potente en cuanto al mensaje de Cianfrance. ¿Puede uno resarcirse de sus crímenes? ¿Cuál es el camino correcto que tomar? El espectador llega a identificarse (menos que Gosling, pero bastante aún así) con la figura del policía, quien vive en un entorno corrupto y decadente dentro de su cuerpo. Los conflictos que arrastra, como con el otro personaje, serán el motor de la historia, donde Cooper se bate en duelo interpretativo con un tremendo Ray Liotta. La fotografía en algunos compases es muy buena, pero aquí es el guión quien cobra protagonismo y hace lucir a la película. Sin embargo, quedan algunos interrogantes que resolver, y eso lo consigue el tercer arco.

Aquí, 15 años después, se conocen los hijos de los dos protagonistas. Es la parte que se nos hace más larga, pero se debe más a que Cianfrance nos lo quiere contar todo con calma que a una mala calidad. Esta parte combina una buena fotografía con una historia potente que ayuda a atar cabos. Y es que el final, pese a hacerse largo, deja con buen sabor de boca al público. De hecho, es fresco y original, algo por lo que Hollywood debería suspirar más. En la historia los dos hijos se conocen, crecen y se pelean hasta llegar a una secuencia final donde el hijo de Gosling descubre toda la verdad detrás de los hechos.

El resultado final va bajando conforme pasan los minutos. Algo que, sin embargo, no resiente demasiado a la película. Cianfrance se confirma como un gran director, aunando una gran fotografía, lo mejor de cada actor y una historia a veces un poco inflada, pero que cuida muy bien los detalles y es accesible tanto para cinéfilos como para el sector más comercial. A todos esos factores se une una música adecuada y muy emotiva en algunos sectores de la cinta. Se echa de menos haber quitado unos quince minutos de metraje, quizás su única pega para una película, como mínimo, que dará que hablar.

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