El último Tren de Gun Hill

EL ULTIMO TREN DE GUN HILL - Last train from Gun Hill - 1953
Empieza la película y se abren los títulos de crédito. Letras rojas sobre un fondo ocre mientras suena una música rugiente, totalmente impetuosa, que preconiza el carácter fúnebre de uno de los westerns más míticos de finales de los años cincuenta y que demuestra el contenido abrasivo de la película. ¿La música? No podía ser de otro que del gran compositor Dimitri Tiomkin, uno de los mejores músicos especializados en películas, creador de grandes bandas sonoras célebres, como el mítico tema musical de Duelo de Titanes, una película que comparte gran parte del reparto de la película. Como no podía ser de otra manera, la música del compositor de origen ucraniano y nacionalizado Estadounidense ofrece una interesante partitura, que más bien se aleja de los cánones más clásicos (en ningún momento intenta crear un auténtico hilo musical o una melodía cercana a un leimotiv). En realidad la música del film está bastante a tono con el de la película, una música violenta que acompaña unas imágenes que definen a una película que a diferencia de muchas otras del género, no destila un especial sentido del humor, sino que tiene un corte bastante más fúnebre.Como no podía ser de otra manera, una de las básicas de la película y motor indispensable en el desarrollo del film es el tema de la venganza. Y es que en la secuencia de apertura de la película, una joven india es violada, por un muchacho interpretado por Earl Holliman. La mujer se desvela en cuestión de minutos como la mujer del sheriff de la ciudad, interpretado por Kirk Douglas, que irá buscando venganza y marchará tras la pista de los asesinos, aunque para ello tenga que llegar al pueblo donde vive el padre del personaje de Holliman, interpretado ni más ni menos que por Anthony Quinn. Ahí el guión revela uno de los engranajes más inteligentes de la película, en el momento en el que el guión define la personalidad del personaje de Antonhy Quinn. Cualquiera otra película del montón nos habría señalado como el personaje del padre se cierra en banda ante las acusaciones de Kirk Douglas, pero de manera muy inteligente la película nos muestra la duda que se cierne sobre él. Más adelante incluso suelta una frase que es bastante aclarativa en este aspecto, cuando a su propio hijo le dice que si él estuviera en la piel de Dogulas, no se lo habría pensado dos veces en apretar el gatillo.

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En definitiva, la película ofrece un triangulo bastante inteligente en el que el debate moral queda abierto. El espectador en este aspecto no tiene más que fijarse en el aspecto que presenta la cara de Anthony Quinn, cuando se entera de que el culpable de la muerte de la esposa de Kirk Douglas ha sido su hijo.

Por otra parte también se incide de manera inteligente en el tema del caciquismo, otro de los motores fundamentales en el género del Western. En este caso, el personaje de Anthony Quinn tiene a la mayoría de la población en donde habita comiendo prácticamente de la palma de su mano, y se nos muestra de manera bastante efectiva el temor de los ciudadanos a salirse de las normas impuestas por su jefe. En este sentido la película recoge influencias de otro clásico del western, como es Sólo ante el peligro, y es que en muchos momentos las situaciones por las que pasa el personaje de Kirk Douglas nos pueden recordar a aquella mítica película interpretada por Gary Cooper, precisamente cuando nadie se presta en ayuda de la justicia y tiene que ser el mismo Sheriff el que tenga que llevar todo el peso sólo.

La película ofrece una dirección notable, y es que está rodada ni más ni menos que por John Sturges, un hombre que ha marcado de manera bastante importante el cine de western , con obras como en la ya citada Duelo de Titanes en el 1957, o Desafío en la ciudad muerta del 1958. La puesta en escena de El último tren de Gun Hill revela una consistencia bastante bien mesurada, con unos toques oscuros que dan a la película una atmósfera bastante tenebrista en comparación con otras películas de la época. En este sentido si consigue desviarse un poco de la norma general de los géneros (siempre teniendo en cuenta que el último tren de Gun hill es una película hecha con unas intenciones comerciales bastante claras por parte de la Paramount, la productora) mostrando muchas de la secuencias (entre ellas, el final que resulta totalmente clave) en un entorno nocturno.

Para la memoria colectiva quedarán secuencias más que brillantes, como la violación que abre la película, en la que John Sturges nos presenta una planificación interesante de la puesta en escena. En dicha escena, el director mueve la cámara de manera bastante inteligente, con un juego de travellings (la persecución en caballo) y de fuera de campos que nos presenta la escena sin que el espectador la llegue a ver del todo en ningún momento, sino que simplemente se sugiere. También los cruces de miradas de la secuencia nocturna en la que se provoca el fatídico desenlace son bastante interesantes.

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De actores de la talla de Kirk Douglas y Anthony Quinn, poco hay que decir, aparte de que cumplen a la perfección con los papeles correspondientes. El guión escrito por James Poe es también una de las claves del éxito, y en ella encontramos elementos interesantes, aunque en algunos aspectos la película bebe de otras películas del género. Eso sí, tiene un toque bastante antirracista que se agradece, y es que no todos los Westerns caen en el tópico de merienda de indios.

 

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